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LA VERDAD DEL NAUFRAGIO DEL ‘SEWOL’

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JUAN ZAMORA 11/05/2014

Blog: "El barógrafo"

Las investigaciones puestas en marcha por las autoridades surcoreanas para explicar el naufragio del ferry SEWOL nos están deparando una sucesión de noticias sorprendentes, que podíamos sospechar, pero de las que no teníamos certeza. Convendría analizarlas y tenerlas en cuenta cuando suceda el próximo accidente marítimo importante.

  • La criminalización de los marinos, a quienes cargan con el siniestro para tapar otras responsabilidades, exige de la OMI y la OIT algo más que una recomendación bienintencionada. Al capitán y tripulación del SEWOL se le atribuyó en los primeros días un comportamiento desalmado, abandonar a los pasajeros a su suerte, de modo que fueron todos detenidos e imputados por la implacable justicia, siempre diligente en estos casos (ver noticia relacionada). Pero ahora sabemos que la declaración del capitán arguyendo que no podía salvar a los pasajeros con los medios de a bordo y que debían esperar la llegada de los servicios de salvamento, era perfectamente razonable. El SEWOL carecía de botes salvavidas, pues como buque de cabotaje, que no salía de aguas coreanas, sólo debía cumplir las normas domésticas al respecto, y no el convenio SOLAS. Y la normativa coreana le permitía navegar sólo con balsas inflables con el argumento de que al navegar siempre cerca de costa, en caso de emergencia el buque sería auxiliado por los guardacostas. He leído la noticia de que los mecanismos de disparo automático de las balsas estaban averiados o fuera de servicio (de hecho, ninguna balsa se abrió de forma automática cuando debían haberlo hecho). Pero aunque así no fuera, cualquier marino que haya realizado un cursillo de supervivencia en condiciones sabe que embarcar en esas balsas, con buen tiempo, de día y agua templada, no resulta tarea fácil. Hacerlo sin experiencia previa, con el agua helada, de noche y una corriente de varios nudos, es imposible. Como declaró el capitán, hubiera constituido un crimen ordenar a los pasajeros lanzarse al agua helada para que subieran a las balsas, en caso de que hubieran estado disponibles.
  • Los guardacostas llegaron demasiado tarde al costado del SEWOL. No debían haberse demorado más de media hora desde que recibieron la llamada de socorro, pero tardaron más de hora y media. Hemos de suponer que también los servicios de salvamento están siendo escrutados para conocer las causas de su tardanza.  Tal vez haya sido un problema de escasez de personal, quizás las embarcaciones no estaban en condiciones o fallaron las comunicaciones. Fallaron, en todo caso, y perecieron 302 personas, la mayoría adolescentes de un colegio privado para familias adineradas, cuyas muertes, insisto, todo el mundo atribuyó a los abyectos marinos.
  • Hace unos días detuvieron al armador del SEWOL y a dos de los directivos. Para que se produjera tan sensacional noticia (al fin en la cárcel alguien más que el capitán del buque accidentado), hubo de descubrirse documentación irrefutable que demuestra que el buque había realizado cientos de viajes con el triple de carga de la permitida. ¿Cómo es posible, nos preguntamos, si al parecer las marcas de francobordo eran visibles? La historia es la siguiente. El armador pidió a los astilleros, durante una reparación, que ampliaran la capacidad de carga del buque a fin de aumentar los beneficios (que ya eran considerables). El astillero pidió informe a la sociedad de clasificación y ésta autorizó el incremento de carga con la condición de que cuando se cargara el máximo permitido (algo menos de 1.000 toneladas), había que meter 2.000 toneladas de lastre en el doble fondo a fin de mantener el centro de gravedad del buque en una posición que asegurara la estabilidad transversal. El documento emitido por la clasificadora sólo era conocido por el armador, pues las autoridades encargadas del control de la legalidad habían decidido ahorrarse ese trámite. Menos trabajo, menos problemas. El buque no salía de puerto con las marcas de francobordo bajo el agua porque el exceso de carga lo compensaban quitando lastre. Grave riesgo para la seguridad del buque, pero eso no importaba al armador, sólo atento a su provecho personal. El capitán y los oficiales del buque tragaban porque de no ser así, perderían el empleo y otros más complacientes ocuparían sus puestos. La administración pública, como ya he dicho, silbando de perfil, palmeando la espalda del sagaz empresario, cada día más rico y poderoso. La historia interminable y conocida. Al final, la gallina de los huevos de oro reventó y se llevó con ella 302 vidas. Han tardado un mes en detener al causante real de tanto sufrimiento. Como en otros casos, pensaron que deteniendo al capitán cerraban el expediente.
  • Sabido es que dimitió el primer ministro ante la insoportable vergüenza que se le acumulaba en la cara y en el estómago a medida que iba conociendo la verdad del siniestro. Hace unos días dimitió también el presidente de la sociedad de clasificación. Y seguramente habrá habido otras dimisiones y ceses de menor importancia. Detenidos e imputados, insisto, sólo el capitán, 15 tripulantes (todos los que han  sobrevivido), y ahora el armador y dos directivos de la naviera. La presidenta de Corea del Sur no se cansa del chaparrón que le cae un día tras otro, visitando familiares de las víctimas (gente con influencia suficiente) y prometiendo arreglar la situación. Se proponen –según las informaciones que han salido publicadas- crear un servicio de inspectores marítimos funcionarios; se proponen recuperar para la administración pública funciones y competencias que habían dejado al albur de la codicia; se proponen reformar el servicio de guardacostas, ineficaz cuando se le necesitó; se proponen cambios normativos que puedan evitar el triunfo de la avaricia sobre el sentido común y los derechos de los ciudadanos. Etcétera.

Y ante toda esa realidad desvelada por las investigaciones oficiales, ¿por qué mantienen en prisión al capitán del buque y a quince tripulantes imputados? ¿Tal vez porque no fueron héroes y se jugaron el puesto de trabajo, su vida, denunciando las prácticas inseguras que les imponía la empresa?

Como en el caso del PRESTIGE que vivimos en España, no soy partidario de que metan en la cárcel a cuantos tienen alguna responsabilidad de un desastre. Sólo pido que no criminalicen a los marinos, que respeten a los profesionales del mar, y que de resultas de la investigación rigurosa del suceso, pidan cuentas a quienes se hayan beneficiado de las condiciones que provocaron la tragedia, sean armadores o funcionarios, políticos o ciudadanos, civiles o militares.

Del SEWOL, la opinión pública de todo el mundo sólo recordará la mentira de que el capitán y la tripulación abandonaron a los pasajeros a su suerte. De la verdad del siniestro probablemente ni se habrán enterado.

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