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LA ULTIMA CENA EN EL 'COSTA CONCORDIA'

EDUARD BOADA 12/01/2013

Blog: "Viento relativo"

El mago estaba actuando en el comedor, cuándo los platos empezaron a moverse. Por un momento, Alba, la niña que compartía mesa con sus abuelos y otros pasajeros de Tarragona, creyó en la fuerza de la magia, cuál protagonista de la película estrella de Roberto Benigni. “No hay nada más fantástico que la realidad”, dijo Dostoyevsky, y en este caso fue así. Los platos no tardaron en caer, las mesas acabaron por sucumbir a la fuerza de la gravedad y la magia se esfumó. Durante un lapso de una hora se pensó en un fallo del generador. Era el 13 de enero de 2012 y el COSTA CONCORDIA acababa de encallar frente a la tranquila isla de Giglio. A partir de aquí su historia es de dominio público. Las víctimas de su naufragio fueron 32, de 4229 personas.

Los tarraconenses Jordi y Maria Clara estaban en aquella mesa. Fue su última cena a bordo del COSTA CONCORDIA. No tuvieron daños físicos, pero si una impresionante historia que contar. Al igual que otros pasajeros, se negaron a aceptar los once mil euros de indemnización que les ofrecía la naviera, participando en la demanda colectiva de la mano del buffete de abogados Fuster-Fabra, que en su día representó a afectados por el atentado del 11-M. No es fácil cuantificar a nivel económico el precio de los daños causados por la incertidumbre de salir o no con vida, pero el abogado norteamericano John Arthur Eaves Jr. compara los once mil euros de compensación que han recibido ya más de tres mil afectados con un puñado de cacahuetes. Otro grupo de personas que no se conformaron con estos once mil euros de la naviera, han acabado cobrando veintidós mil euros, que hay quién podrá complementar con tres mil por daños psicológicos. Y otros continúan la lucha legal, que está topando con el escollo del grupo Carnival, propietaria de la naviera Costa Crociere, que ha pasado a la acción acusando a los propios pasajeros de negligencia, según un documento que Carnival depositó en un tribunal californiano, al que hace referencia John Arthur Eaves Jr. en declaraciones a Metro.

Pero aquí no acaba todo, muchas personas están a la espera de conseguir que se abra la caja de seguridad de su camarote. Hasta ahora la naviera proponía que si se abría la caja y no había objetos de valor la reclamación quedaba zanjada. Se está a la espera de que la compañía confirme que los efectos que se encuentren dentro de las cajas serán devueltos, y que de faltar serán abonados previa presentación de la factura. Eso si, el importe correspondiente al pasaje fue abonado de forma muy rápida; todo, menos  el dinero que pagaron por el seguro de viaje. 

Si tenemos en cuenta que la campana del COSTA CONCORDIA fue robada, burlando la vigilancia del barco, no seria de extrañar que hayan corrido igual suerte algunas de las pertenencias que el pasaje dejó en sus camarotes antes de salir a cenar y a disfrutar de alguno de los espectáculos que se le ofrecía a bordo del crucero. 

Mientras tanto, los familiares de los dos desaparecidos, aún no pueden llorar plenamente esta pérdida y completar un duelo siempre necesario. A pesar de todo, los sobrevivientes que lo deseen podrán asistir a los actos previstos este domingo día 13 de  enero. La carta de Costa Crociere invitando a los afectados a participar en los actos civiles y religiosos coincidiendo con el primer aniversario, no se ha hecho esperar. El desplazamiento –eso si– va a cuenta del interesado. Este día se devolverá a su lugar original la roca arrancada del casco del COSTA CONCORDIA con los nombres de las víctimas. Coincidiendo con la hora del choque, a las diez menos cuarto, habrá un minuto de silencio que será roto con el sonido de las sirenas de las embarcaciones del puerto y acompañado por el lanzamiento de globos luminosos por parte de los participantes, poniendo fin a la que habrá sido una intensa jornada conmemorativa en el municipio de Isola del Giglio, pero no a una historia, la del COSTA CONCORDIA.

 

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