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LA TRISTE HISTORIA DEL BUQUE ‘C STAR’, CALIFICADO DE FACHA, ABANDONADO POR EL ARMADOR

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 17/10/2017

Ya hace doce días que el C STAR, ese barco dizque facha, fletado por una organización xenófoba (que siente odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros, según el DRAE), pudo atracar en el puerto de Barcelona merced a una valiente resolución del director general de Marina Mercante, Rafael Rodríguez Valero, que por razones de seguridad marítima solicitó a la Autoridad Portuaria que permitiera el atraque del buque. Recordemos que todas las autoridades, empezando por el ministro del interior, Juan Ignacio Zoido, habían prohibido la entrada del buque en puertos españoles.

El C STAR pudo entrar en puerto porque presentaba una situación lamentable, sin víveres ni agua; con el combustible agotado. Los ocho tripulantes que permanecen a bordo se consideran abandonados por el armador. Durante estos días, la tripulación sobrevive gracias a los desvelos del Comité de Bienestar de la Gente de Mar del puerto de Barcelona, un organismo dirigido por el capitán de la marina mercante Ricard Rodríguez Martos, que practica día tras día la solidaridad activa.

Antes de que el director general de Marina Mercante decidiera ordenar la entrada del buque en puerto, la actuación del C STAR parecía digna de toda sospecha. Decidió venir a Cataluña, un lugar de Europa que vive una situación crítica, y se negó reiteradamente a dirigirse a otro puerto alegando su capitán que tenía órdenes del armador de no moverse de Palamós, primero, y después de Barcelona. Aunque nadie es capaz de concretar los motivos del pequeño buque para mantener esa actitud, y desde luego nadie sabe con qué intenciones, lo cierto es que sobre el C STAR habían recaído serias sospechas de que su presencia en Cataluña escondía propósitos oscuros, que algunos, proclives a las teorías conspiratorias, llevaban hacia una supuesta maniobra de la ultraderecha europea para aumentar o avivar los conflictos que viven los ciudadanos catalanes.

La dura realidad es que la dotación del buque, ocho marinos de Sri Lanka, viven una situación de abandono, con el armador desaparecido y manteniéndose a bordo gracias a los víveres y la ayuda del Comité de Bienestar y de las administraciones públicas. Quienes pensaron que el buque representaba algún peligro, de magnitud suficiente para que todas las autoridades le prohibieran la entrada en un puerto español, contemplan ahora un casco oxidado y ocho marinos olvidados. Una historia conocida y triste.

 

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