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LA POLÍTICA IRRUMPE Y ENSUCIA LA BUENA GESTIÓN DE LA EMERGENCIA DEL 'CHESHIRE'

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Blog: jzamora@naucher.com

NAUCHERglobal, Juan Zamora 31/08/2017

Ayer por la tarde saltó una noticia sorprendente. El Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Seguridad y Emergencias, activó el Plan Especial de Protección Civil por Contaminación Marina (PECMAR) “ante el rápido avance del Cheshire hacia las costas de Gran Canaria en las últimas 24 horas”. La nota oficial recoge también una áspera declaración de la consejera de Política Territorial, Sostenibilidad y Seguridad, Nieves Lady Barreto, que justifica tan pasmosa decisión en el desconocimiento de la emergencia: “No nos han suministrado información de cuál es el estado en el que se encuentra el propio barco, de la carga de fertilizante ni del combustible ni sabemos qué itinerario va a seguir ni si va a atracar en puerto”.

Ante esa situación y para obligar a que le informen del curso de la emergencia, el Gobierno de Canarias decide activar el PECMAR, “de manera preventiva”. Es decir, el Gobierno de Canarias, enrabietado y molesto por lo que considera un desaire inadmisible del Gobierno central pone en marcha un instrumento previsto para situaciones que nada tienen que ver con la emergencia del CHESHIRE, en estos momentos ya resuelta de manera satisfactoria.

El CHESHIRE es ahora un granelero que necesita reparar las averías que le ha ocasionado un proceso de autodescomposición de la carga. Las temperaturas de las bodegas, según certifican los técnicos de Resolve Maritime Group y de la empresa química que fabricó el fertilizante, apenas llegan a los 24 grados centígrados; ya no salen gases ni humo de las bodegas.  

¿Cómo es posible que el Gobierno de Canarias no haya estado informado directamente de todas las decisiones que las autoridades marítimas han ido tomando para gestionar la emergencia? La respuesta de tan sencilla resulta aterradora. La Dirección General de la Marina Mercante y la Capitanía Marítima de Las Palmas tienen órdenes de informar al Ministerio, a la inefable señora Librero, y a la Delegación del Gobierno de España de la marcha del accidente. Y son éstos quienes, de política/o a política/o, tienen la obligación de pasar esa información, completa o recortada, con o sin añadidos, a las instituciones autonómicas. Pero la señora Librero está a lo suyo, lo que sea; y el delegado del Gobierno del señor Rajoy en Canarias está cabreado con el Gobierno autónomo o al menos con la consejera competente en protección civil. Resultado: el Gobierno canario, desairado e indignado, activa un mecanismo que alarma sin motivo a la opinión pública. Y el partido Podemos, como decíamos ayer, se sube al carro con una nota pública de escándalo.

Esta historia es una muestra concreta y sencilla de la mediocridad de algunos políticos, personas elegidas por el partido gobernante en función de su afinidad y su sumisión. También es un buen ejemplo del desbarajuste en que se mueve el Estado autonómico, con gallitos y mandones idiotas en despachos incomunicados. Y, sobre todo, es un modelo, clásico podríamos decir, de cómo la gestión de una emergencia llevada con profesionalidad y acierto, que ha recibido la felicitación de los británicos que representan la bandera del CHESHIRE, se ve empañada y enmerdada por las rencillas y la estupidez de algunos políticos (y, por supuesto, de algunas políticas). En el sector marítimo tenemos una larga y ancha experiencia al respecto.

 

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