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LA NECESIDAD DE EXAMINAR EL SERVICIO DE PRACTICAJE

  • Seguridad marítima
  • Administración marítima

JUAN ZAMORA 29/01/2014

Blog: "El barógrafo"

Hace unos días, Manuel Manero escribía sobre la varada del carguero CITADEL en la margen izquierda del río Guadalquivir, en ruta hacia Sevilla y aseguraba que la niebla fue la causa más probable de que el buque se saliera del canal y su proa fuera a empotrarse en el fango y el lodo de la orilla. EL CITADEL navegaba con práctico a bordo.

Sobre este accidente, tal vez la Comisión de Investigación de Accidente e Incidentes Marítimos (CIAIM), con sede en Madrid, decida redactar un informe sobre sus causas. O tal vez, delegue en la autoridad marítima local ese trabajo. En cualquier caso, este accidente, unido a otros muchos que se producen en las maniobras de los buques en aguas portuarias, deberían conducirnos a reflexionar seriamente sobre el servicio de practicaje. Un servicio obligatorio, con la consideración legal de servicio portuario, sobre el que se tiende un tupido velo cada vez que un buque causa daños a un muelle o pantalán, a una grua o a una embarcación en tránsito mientras maniobraba en aguas portuarias con práctico a bordo.

En nuestro país, las autoridades portuarias y marítimas arremeten por sistema contra los capitanes y las navieras del buque que ha sufrido el accidente. Ambos, capitán y buque, son examinados con lupa para ver de encontrar algún fallo o falta que, aunque tenga una escasa relación con el accidente, permita cargar sobre ellos toda la responsabilidad. 

En todos los casos, el práctico, cuya intervención ha sido con frecuencia la causa del incidente o del accidente, hace mutis por el foro con la complicidad de las autoridades.

No se investiga si estaba bebido cuando se hizo cargo de la maniobra, ni se examina su grado de fatiga (aún sabiendo que en algunos puertos los prácticos hacen guardias de 24 horas, inadmisibles), ni se indaga sobre los fármacos que pueda tomar y que alteren su grado de atención o concentración ni, por supuesto, se cuestiona su capacitación y pericia. Nada. Se corre un piadoso y culpable manto de silencio y de paso se culpa al capitán por error en la maniobra, da igual que el capitán sea ruso y que la maniobra se estuviera realizando con la ayuda de dos remolcadores, lo que ponía al práctico como único responsable real de la misma.

No me extenderé sobre consideraciones legales, según las cuales el capitán no puede quedar exento de responsabilidad en un accidente de su buque con práctico a bordo ya que el mando no pierde nunca su capacidad de gobernar la nave y por tanto debería controlar las órdenes que el práctico emite para maniobrar. 

Insisto, el accidente del CITADEL puede ser una buena ocasión para escrutar a fondo el servicio de practicaje, cómo se seleccionan los prácticos, como organizan su trabajo en cada puerto, qué autoridad ha de controlar el cumplimiento cabal de sus obligaciones, y de todo ello proponer ajustes, mejoras o reformas que, de verdad, conviertan el servicio de practicaje en España en un eslabón de la seguridad. Sevilla, como oportunidad.

 

 

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