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LA LOCURA ALREDEDOR DEL ACCIDENTE DEL 'OLEG NAYDENOV'

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JUAN ZAMORA 21/04/2015

Blog: "El barógrafo"

La gestión del accidente del factoría ruso OLEG NAYDENOV ha levantado una cierta polémica. Discuten algunos el acierto de sacar el buque de puerto para evitar los múltiples riesgos de dejarlo amarrado y en llamas. La opción de dejar el buque donde estaba se barajó obviamente por los técnicos y las autoridades que analizaron con rigor los riesgos que comportaba cada una de las opciones posibles. Se decantaron por el mal menor. Y acertaron. Y ejecutaron las decisiones con determinación y profesionalidad, mal que les pese a quienes siempre apuestan por el caos.

Dejar el buque quemándose en puerto comportaba un serio peligro para los buques atracados y para los trabajadores. Llevarlo a otro muelle era una opción que apenas suponía mejora alguna. La decisión de apagar el incendio en mar abierto cuenta con numerosos precedentes de éxito y resultaba, por tanto, la mejor opción. Si el buque no se hubiera hundido, habría sido remolcado de vuelta y no hubiera habido más problema.

Pero se hundió y con ello produjo un daño ecológico de escasa entidad que los técnicos de la Capìtanía Marítima de Las Palmas y de la Dirección General de la Marina Mercante obviamente ya habían previsto.

El accidente marítimo debía acabar aquí. La investigación del origen del incendio, de su propagación y virulencia; y los pleitos con los seguros por la responsabilidad civil y los costes asociados a las operaciones de lucha contraincendios y remolque vendrían a continuación. Otra historia.

Repito, el naufragio del OLEG NAYDENOV y su impacto en la opinión pública deberían haber acabado con la noticia del hundimiento del buque a consecuencia de la pérdida de flotabilidad y estabilidad provocada por el incendio y las labores para apagarlo. Como mucho, una pequeña nota dando cuenta de la disposición en la zona de un remolcador de salvamento para controlar una eventual mancha de hidrocarburo por la rotura de los tanques de combustible del pecio.

Pero la mano que mece la opinión pública agitó sus tentáculos y comenzó a llegar gente, los ecologistas activaron las alarmas habituales, no por falaces menos efectivas, los políticos se agitaron nerviosos, muchos recordaron el fantasma del PRESTIGE y sintieron un sudor frió y montaron comités y comisiones y muchas reuniones para ver de hallar algo de calor (que no de luz). Hicieron venir a uno, dos y tres barcos que todavía no han recogido ni un litro de fuel. De modo que llamaron a un cuarto buque y ordenaron alistar en Algeciras a un quinto, el CLARA CAMPOAMOR. Ya puestos, en medio de la locura, el secretario de Estado cueste lo que cueste contrata un submarino de bolsillo, un ROV para ver de cerca el pecio. Traer el juguete cuesta del orden de 70 u 80.000 euros por día de trabajo, a los que hay que sumar el coste del viaje desde Noruega, entre 200 y 250.000 euros. Un despilfarro de locura.

Para completar el circo, alguien muestra a las cámaras una tortuga marina sucia de petróleo y, al parecer, afectada de conjuntivitis por culpa de los que han hundido el barco, aunque no está clara la relación pues consta que en estado natural, sin petróleo en el caparazón, hay tortugas con problemas oculares. Anyway. La función ha de continuar. Más comités. Más reuniones. Más dinero tirado a la basura. La contaminación provocada por los barcos y aviones reunidos de forma innecesaria ya supera con creces la contaminación provocada por el naufragio del buque factoría ruso.

Los técnicos y profesionales que gestionaron con rigor y sabiduría el accidente asisten perplejos e impotentes al espectáculo. Los políticos han tomado el mando y son ellos quienes tienen la llave de la caja, ellos quienes alimentan el circo con el aplauso de quienes tocan las campanas para que el ruido les haga sentir importantes. Ecologistas de alarma y tente tieso.

Ya digo, una locura. Menos mal que en este caso no han logrado meter en la cárcel a ningún tripulante del barco accidentado. En eso, proclamemoslo bien alto, hemos mejorado.

 

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