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LA FINANCIACIÓN DE SASEMAR Y LA SILENTE SOCIEDAD CIVIL

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JUAN ZAMORA 12/02/2014

Blog: "El barógrafo"

Desde que se anunció la reforma legal que ha de permitir la financiación de los servicios de salvamento y seguridad marítima de España a través del incremento de una tasa que han de cobrar las autoridades portuarias a los buques y embarcaciones que utilicen sus instalaciones, no ha habido día que no se anunciara una nueva queja o una nueva protesta contra la decisión del Gobierno. En NAUCHERglobal hemos recogido fielmente esos movimientos.

Todos han arremetido contra la medida, desde Anave a las Autoridades Portuarias, los puertos de recreo y deportivos y las numerosas asociaciones que representan intereses relacionados con la náutica de recreo (constructores, navegantes, escuelas, gestores, etc.). Aunque la tasa no representa en términos reales una cantidad significativa, las protestas han manejado un tono excesivo y desmesurado. 

Nadie ha manifestado estar en contra de los servicios que presta Sasemar, más faltarÌa. Y nadie ha dicho ni una palabra sobre los costes, tal vez ajustables sin mucho esfuerzo, que soporta Sasemar. La protesta se queda en la simple pataleta: ya pagamos demasiados impuestos, la crisis nos está debilitando, no están los tiempos como para soportar nuevos gastos...

Me he pronunciado en otras ocasiones contra los excesos de Sasemar, fruto del pánico de los sucesivos Gobiernos ante la posibilidad de otro PRESTIGE, ignorando que no necesitamos tantos remolcadores, salvamares, helicópteros y bases logísticas, sino una reforma profunda de la Administración marítima que racionalice medios, normas y procedimientos. Los polÌticos en cuanto pueden se tiran a lo fácil, el gasto público y el café para todos, aunque sea endeudando el futuro.

Muchos observadores se preguntaban desde hace tiempo cuando iba a saltar la liebre del gasto de Sasemar, un coste que nuestro país, en la actual situación, no se debería permitir. De las diferentes alternativas que tenía el Gobierno para arreglar lo de Sasemar, incluyendo su desguace y privatización, ha optado, en mi opinión, por la menos mala.

Los poderes económicos asociados al mundo marítimo han dado una vez más un ejemplo de su comportamiento ausente y elusivo. Callan cuando crece el problema, callan cuando es momento de debatir, se esconden para no importunar a los Gobiernos y autoridades de turno. Y sólo reaccionan cuando les salpica a ellos, aunque sea poca cosa. 

No tenemos cultura de compromiso con los problemas generales. Por eso hemos tolerado una Administración marítima tan defectuosa. Callados y a resguardo. Ya lo advertía, con lucidez, el gran escritor alemán Bertold Brecht: cuando vinieron a por mí ya era tarde.

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