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LA FILTRACIÓN

  • Tribuna

JUAN ZAMORA 29/03/2015

Blog: "El barógrafo"

El periódico The New York Times publicaba el pasado día 26, jueves, la noticia clave para desvelar el que hasta ese momento parecia inexplicable accidente del vuelo GWI9525, el Airbus 320 que con 150 personas a bordo se estrelló contra los Alpes franceses. Informaba el periódico neoyorquino que en el momento del impacto, en la cabina de mando sólo estaba el copiloto y que el comandante del avión no había podido entrar a pesar de haber aporreado la puerta con insistencia.

 

Mientras todos los periódicos del mundo, incluida la prensa francesa, española y alemana, ofrecían a sus lectores una amplio repertorio de conjeturas sobre las causas de la tragedia, algunas extravagantes y todas inciertas,The New York Times insertaba la información crucial del suceso. Alguien había filtrado al diario norteamericano lo que se infería de un primer análisis del audio de la caja negra del avión.

Quien había facilitado la información había escogido un medio de comunicación riguroso, independiente y fiable. Siempre es así, se pasa información a aquellos medios cuya política garantiza un tratamiento informativo alejado del sensacionalismo y la servidumbre.

Para contrarestar la filtración, las autoridades judiciales franceses, encargadas del caso por razón del lugar del siniestro, optaron por lo más inteligente: dar una conferencia de prensa y explicar lo que hasta ese momento sabían. De esa manera, el fiscal de Marsella, Brice Robin, confirmó la veracidad de lo publicado por The New York Times.

No consta que la Administración francesa se volviera histérica con la filtración ni que organizara una caza de brujas para hallar a quien había facilitado la noticia. Simplemente, explicaron cuanto sabían. Todos los parabienes y elogios recibidos por la rapidez y el valor del fiscal Robin, que han sido numerosos y merecidos, eran en realidad aplausos y alabanzas al periódico The New York Times, pues fue la información que publicaron en las primeras horas del día 26 la espoleta que activó la reacción de las autoridades francesas.

¿Qué hubiera pasado en España en un caso similar? Fácil es imaginar el temblor nervioso de las autoridades, sus esfuerzos para hallar al desleal y sus amenazas al medio de comunicación que ha osado desvelar las investigaciones en marcha. Tampoco cuesta imaginar que la Administración de Justicia habría decretado de inmediato el secreto del sumario a fin de que sólo los medios de comunicación enfeudados con éste o con aquél poder recibieran puntual información de las pesquisas.

Felicitemos a The New York Times y a quien le hizo llegar la información, pues la transparencia constituye el mejor aliado de la verdad y de la democracia.

 

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