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LA ESPO CRITICA LA INTERVENCIÓN EUROPEA EN LA POLÍTICA COMERCIAL DE LOS PUERTOS

  • Administración marítima
  • Puertos

NAUCHERglobal, Daniel Molero 01/10/2013

Decepción por parte de la Asociación Europea de Puertos (ESPO) ante las medidas que pretende imponer Bruselas sobre la intervención en la política comercial de los puertos. El mensaje de la organización es claro: "Los puertos necesitan una política que les capacite para afrontar los retos del futuro, no una que les agobie".

La Organización Europea de Puertos reconoce que la propuesta de la Comisión aborda algunas condiciones importantes que garantizarían que el manejo de las mercancías siga una proporcionalidad y una igualdad de condiciones. Entre los puntos destacados está el hacer frente a la transparencia en la financiación en los puertos (algunas instalaciones españolas tendrán problemas en este punto), mediante el reconocimiento de la libre prestación de servicios portuarios, y considerando el establecimiento de las tarifas y los requisitos mínimos de los servicios portuarios como importantes herramientas de gestión de los puertos.

No obstante, la decepción viene de la mano de la intervención en la libertad comercial de las Autoridades Portuarias que, según Bruselas, deberían variar las tarifas de acuerdo a la estrategia económica común en la gestión de los puertos.

Bruselas, según la ESPO, prescribiría cómo puertos y autoridades portuarias deben hacer frente a sus clientes, e impondría una carga administrativa adicional a los puertos que no están compitiendo en la escena europea mediante la creación de un organismo de vigilancia independiente.

Para la organización europea, la diversidad del sector portuario comunitario hace imposible encuadrar todos los puertos y sus órganos de gestión dentro de un marco legal estricto, sin ceder en su especificidad y en el papel especial que están jugando dentro de su economía nacional y regional.

Así, las diferencias en el tamaño, la situación geográfica, la gobernanza, las tareas, o la situación financiera, entre otras, hace que sea complicado el desarrollo de un conjunto de reglas que vaya más allá de los principios rectores.

La ESPO también teme que los potentes puertos del Norte de Europa (u otros cuidados por los Gobiernos estatales, como pueda ser el de Valencia, en el caso de España) pierdan protagonismo mediante la restricción -vigilada- de su libertad comercial.

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