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LA CONDENA DEL CAPITÁN DEL 'COSTA CONCORDIA', EXCESIVA E INJUSTA

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 15/02/2015

Vaya por delante que la actitud del capitán Francesco Schettino al mando del COSTA CONCORDIA tiene varios episodios muy poco profesionales. Admitamos también que sus declaraciones en los días siguientes al siniestro y las que finalmente reconoció frente al tribunal que le ha juzgado revelan un personaje temeroso, inseguro y embustero. Con todo, la sentencia a 16 años de prisión se me antoja injusta por desmedida.

La ausencia de dolo -intención manifiesta de causar el daño- resulta indiscutible. Schettino pudo equivocarse, pero no quería hundir el crucero ni mucho menos causar víctimas mortales. ¿Fue negligente en la maniobra de aproximación a la isla del Giglio, que acabó embarrancando la nave en el bajo Le Escole? Probablemente. ¿Esa negligencia causó la muerte de 32 pasajeros? Evidentemente no. La sentencia enfatiza el tiempo que tardó el capitán en ordenar el abandono del buque como causa próxima de los fallecimientos. Esa tardanza también es imputable a los responsables de la naviera, en contacto telefónico con Schettino desde el primer momento. Todo parece indicar, como apuntaba Luis Jar en su bien documentado trabajo sobre el suceso, que el capitán tardó más de una hora en conocer el alcance real de los daños que sufría el buque. Ese es el tiempo que el tribunal le reprocha la pasividad.

Las víctimas hay que anotarlas en el debe de una evacuación deficiente de los pasajeros. La responsabilidad de Schettino en esos fallos resulta muy dudosa, pues nadie discute que el abandono de un crucero con 3.200 pasajeros, ancianos y niños entre ellos, que hablan lenguas muy diferentes, algunos con serias deficiencias de movilidad, etcétera, no se puede completar con éxito en ningún caso, aunque al mando del buque haya un héroe y la tripulación sea un ejemplo de profesionalidad. 

Francesco Schettino tuvo miedo y abandonó el naufragio antes de que hubieran sido evacuados todos los pasajeros y tripulantes. No defenderé esa cobardía, pero me permito discutir si esa emoción, tan humana, puede constituir base suficiente para una condena penal. 

Creo que los profesionales del mar están pagando un precio excesivo por errores y problemas de la industria marítima que no se les deberían imputar a ellos. Tras cada accidente descubrimos un cúmulo de problemas y prácticas empresariales y administrativas de las que los marinos son las primeras y principales víctimas. Sin embargo son ellos los que han de soportar y penar por esos problemas. Así fue con Mangouras, con el capitán del SEWOL y más recientemente con el capitán del NORDIC ATLANTIC. En parte, también con Schettino.

Si a un conductor borracho que mata a tres ciclistas que circulaban tranquilamente por la ciudad, a las 7 de la mañana, le condenan a dos años de cárcel por homicidio imprudente,  ¿Por qué al capitán de un navío que ha sufrido un accidente le castigan con 16 años? ¿Acaso son los capitanes responsables de los errores y problemas no resueltos que aquejan a la construcción naval y a la marina mercante?  

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