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LA COMPETENCIA DE LOS SERVICIOS PORTUARIOS REQUIERE IGUALDAD DE CONDICIONES

  • Puertos
  • Entorno marítimo

NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 20/11/2014

Escribía el director de NAUCHERglobal el pasado 17 de noviembre sobre la polÍtica de Puertos del Estado, dispuesta a conseguir la liberalización de los servicios portuarios, es decir, que penetre la competencia en los puertos a fin de abaratar los precios y tarifas de los servicios de estiba, practicaje, amarre y remolcadores. Cambiar una situación que dura muchos años y que ha creado una red de intereses y una determinada cultura de empresa constituye siempre una tarea ardua y llena de escollos. Si a ello sumamos la dificultad objetiva de abrir a la competencia servicios fundamentales para la seguridad, alcanzar el objetivo roza la simple imposibilidad.

Salvo excepciones, a las empresas titulares hoy de esos servicios no les asusta la competencia. Digamos que prácticos y remolcadores, por ejemplo, no temen la libre concurrencia siempre que la competencia juegue con la misma pelota y en el mismo terreno de juego. Si ha de instalarse en un puerto una segunda empresa o corporación de prácticos, y éstos han de observar el mismo proceso de selección de los profesionales, cumplir los compromisos de formación continua, mantener las lanchas en perfecto estado y tripuladas por personal titulado y experto, y cumplir las misiones que las autoridades asignan a los prácticos con la eficacia y diligencia con que se realizan en la actualidad, no habrá ningún problema ni mayores resistencias.

Ahora bien, si la empresa de remolcadores que ha de competir con la existente en la actualidad trae barcos matriculados en Malta y tripulados con personal cogido a lazo y pagado con salarios un setenta o un ochenta por ciento menores que los salarios que perciben los trabajadores actuales del servicio de remolque, la liberalización habrá fracasado y lo único que habremos conseguido es degradar el servicio y el puerto de forma dramática y ominosa.

Lo expuesto vale para todos los servicios. La competencia que resulta eficaz es aquella donde los contendientes han de observar las mismas obligaciones y con el mismo nivel de exigencia.

Cumplido ese elemental requisito y valorada previamente la conveniencia de abrir el servicio a dos o más competidores, extremo que requiere de mucha reflexión y prudencia en el caso del servicio de practicaje, habrán de controlar las autoridades portuarias como se desenvuelve ese nuevo marco de competencia. La experiencia del servicio de amarradores del puerto de Barcelona, con la saludable irrupción de Mooring en un sector monopolizado por una vieja empresa, puede acabar mal por la ferocidad suicida de la vieja empresa dispuesta a liquidar como sea al competidor. 

No es de recibo que las autoridades contemplen el espectáculo como si no fuera con ellos. Introducir la competencia, como legítimo y razonable objetivo político, ha de implicar necesariamente la voluntad de los organismos públicos de cuidar ese marco de competencia e impedir tanto la lucha a muerte, con bajadas de tarifas por debajo de costes, como los acuerdos secretos entre empresas teóricamente competidoras. 

Dejar que las empresas que compiten o han de competir jueguen con armas distintas o se despedacen, degradando el servicio o desestabilizando a las empresas, no supondría ningún avance en la dirección correcta. Al contraria, haría peores y menos competitivos a nuestros puertos. Ello sin contar con el drama social de trabajadores que pueden encontrarse en la calle y con un futuro incierto.

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