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LA CAMPAÑA DEL GOBIERNO PARA DIFAMAR A LOS ESTIBADORES

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 04/03/2017

Desde Puertos del Estado están atizando con violencia la campaña de difamación contra los estibadores españoles. A la cantinela de los sueldazos, los privilegios y los comportamientos mafiosos de los estibadores, unas mentiras que intoxican gravemente a la sociedad, ahora añaden dos nuevas patrañas: los estibadores son responsables de los ciento y pico millones de euros perdidos por el sistema portuario español desde que el ministro de la Serna se plegó a las intrigas de "Los tres de Fomento"; y la resistencia de los estibadores a ser masacrados no va contra el gobierno, sino contra una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo.

Aunque ni ellos sean conscientes, el legado de Joseph Goebbels, ministro de Hitler, está bien presente en muchos opinadores de los medios de comunicación que, al menos en este caso, sirven al gobierno. Una mentira cien veces repetida se convierte en una verdad, proclamó Goebbels. ¿Cómo es posible que hayan instalado en la opinión pública el infundio de que los estibadores son unos privilegiados, cuando realizan un trabajo duro, de enorme responsabilidad, en condiciones muy exigentes? Privilegiados son, por ejemplo, los consejeros de los bancos y de los servicios cautivos (agua, electricidad, gas, etc.), que se otorgan unos sueldos millonarios de cuya indecencia no osan hablar, por un trabajo invisible y en muchos casos inexistente. ¿Mafiosos los estibadores porque en algunos casos intentan colocar a sus hijos en un oficio que con mucho valor histórico han conseguido mantener con salarios dignos? ¿Cómo calificar entonces a la casta política capaz de colocar a un semianalfabeto irresponsable como delegado del gobierno en Galicia, como director de la Guardia Civil y ahora como perceptor de unos doscientos mil euros anuales por un trabajo fantasma en el consejo de administración de una empresa pública? Pero ese individuo goza del favor del señor Rajoy y por tanto es intocable. Los estibadores no. Los estibadores luchan por su trabajo, por un sueldo justo, que en los tiempos que corren parece mucho, y por tanto constituyen un mal ejemplo. Hay que hundirlos al precio que sea.

La campaña de difamación roza el delito cuando los grandes medios (hay excepciones, claro), pretenden cargar sobre los estibadores el error de la Serna, el ministro imprevisto, y se atreven a escribir que la huelga va contra la sentencia del tribunal europeo. Qué estupidez. Los estibadores han dicho y repetido que la sentencia hay que cumplirla, naturalmente, pero que ésta nada dice sobre precarizar sus empleos, jibarizarles el sueldo y condenar a la miseria a un sector laboral. La sentencia debería haberse cumplido hace años sin necesidad de destruir las condiciones de trabajo de los estibadores, que ganan menos de lo que merecen y mucho menos de lo que les correspondería a la vista de los beneficios de las empresas estibadoras. Pero al gobierno le ha salido una estrategia, quizás de rebote, no se alarmen, que pone al país entre la espada y la pared. Hay urgencia por destruir la estiba. ¿Y los años que el gobierno ha contemplado la sentencia sin mover un dedo, como esperando la ocasión de poner a tiro el sector de la estiba sin importarle los costes de la operación? ¿Cómo se puede mentir tanto? Los opinadores gubernamentales deben pensar que los españoles pagan sin rechistar y se entretienen lapidando los supuestos privilegios de los estibadores mientras callan y votan a quienes, de verdad, envenenan las finanzas y la moral de la sociedad. Lean, sin ir más lejos, a Carlos Cuesta en El Mundo del viernes 3 de marzo.

Deberíamos tener muy presente lo que escribió Bertold Brecht: fueron a por ellos, pero yo callé porque yo no era; luego fueron a por el vecino, pero también me mantuve en silencio porque yo todavía podía vivir; cuando vinieron a por mí, era tarde. No vale estar callado cuando el gobierno y sus voceros intoxican y arruinan al país con sus mentiras en contra de unos trabajadores que luchan con firmeza por mantener un puesto de trabajo estable ganado honradamente.

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