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INTROMISIÓN DE BRUSELAS EN EL MODELO PORTUARIO ESPAÑOL DE ESTIBA

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DANIEL MOLERO 21/06/2013

Blog: "Viento de Tramontana"

La Comisión Europea ha decidido remitir a los tribunales comunitarios la información sobre el modelo de estiba de los puertos españoles similar, por otro lado, al que existe en Bélgica y sobre el que el comisario de Transportes de la CE, Siim Kallas, no ha dicho esta boca es mía.

Las normas relativas a la contratación de mano de obra portuaria en España están, desde hace décadas, tipificadas de un modo simple y, con sus ventajas y sus inconvenientes, de un modo efectivo que ha hecho crecer a los puertos españoles en los últimos años -excluyendo la crisis- a ritmos importantes, generalmente superiores al de otros países del entorno comunitario.

El funcionamiento es sencillo: una empresa estibadora, por norma general, no cuenta con trabajadores propios en la carga y descarga de buques. Éstos son subcontratados en las sociedades de estiba -ahora privadas-, de las cuales forman parte las propias empresas, con un porcentaje calculado en función de su capacidad operativa en cada puerto en concreto.

La principal ventaja de este modelo es que, cuando una empresa no tiene trabajo (un buque para cargar o descargar), no tiene por qué garantizar el trabajo de unos trabajadores portuarios que, a través de la organización de la que forman parte, mantienen un porcentaje de su salario, mediante los diversos acuerdos entre ellos.

El lado negativo, por así decir, es que las empresas de manipulación de mercancías no pueden recurrir al mercado para contratar a su personal. Así, las compañías de carga y descarga pueden contratar personal libremente sólo cuando la fuerza de trabajo propuesto por estas sociedades, de las que forman parte los estibadores, no es adecuada o no es suficiente.

No obstante, las sociedades de estiba se preocupan -habitualmente- por tener suficiente personal, plenamente formado para las labores a realizar, por lo que -salvo excepciones- no hay mayores problemas.

El quid de la cuestión estriba en que esta situación no se da en los grandes puertos holandeses o alemanes. Como la cancillera Merkel tiene mando en plaza, se ha propuesto armonizar un sistema común para todos los puertos, imponiendo su modelo de trabajo portuario. El envío de la información a los tribunales se basa en que la Comisión considera que se produce una alteración forzada de las estructuras de las empresas existentes, del empleo, de las políticas de contratación y, finalmente, de las estrategias de negocio.

En España, mientras tanto, parece que desde el organismo público Puertos del Estado y desde la patronal de empresas estibadoras Anesco se están lavando las manos, pese a las buenas formas de un José Llorca temeroso de una revuelta y una paralización de los puertos por parte de los estibadores.

Para el presidente de los puertos españoles, Bruselas no habría dado el paso de acudir a los tribunales de saber que no va a ganar la contienda, por lo que ayer mismo se apresuró a establecer un diálogo con los representantes del principal sindicato de los estibadores españoles, Coordinadora, a los que les reclamó nuevas vías de comunicación para adecuarse a la legislación comunitaria.

Según Llorca, "esperar a una sentencia implicaría que en el momento de producirse, si es condenatoria, las empresas deberían asumir en España los pasivos laborales de las sociedades de estiba -se trata de más de 7.000 trabajadores a los que deberían respetar sueldos, antigüedad, convenios...- mientras que cualquier empresa nacional o extranjera nueva podría venir e instalarse en España sin estar sometida a estos criterios", ahorrándose el importe que supondría para las ya instaladas.

Sería hora que desde la patronal Anesco, que últimamente mantiene la cabeza bajo tierra, como los avestruces cuando intuyen problemas, pusieran sus condiciones y su poderío sobre la mesa y acudieran a Bruselas, amparados en sus socios comunitarios, para explicar a Siim Kallas que no se debe tocar lo que funciona, porque puede resultar mucho peor el remedio que la (supuesta) enfermedad.

Seamos serios. Con su más y sus menos (el retraso de la renovación del Acuerdo Marco de la estiba entre patronal y sindicatos resulta incomprensible, y ya aburre), el sistema español poco tiene que envidiar al francés, al italiano o al alemán. De hecho, muy pocos son los que niegan que funciona incluso mejor. No obstante, siguen queriendo modificarlo.

Lo mejor que podría hacer el comisario Siim Kallas sería jubilarse (en su Estonia natal la edad de jubilación está en los 63 año y él en octubre cumplirá 65), llevarse con él a su equipo, y dejar de marear a los países periféricos para satisfacer los dictados del centro dominante de Europa.

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