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GLORIA A LOS HOMBRES BUENOS

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JUAN ZAMORA 01/10/2016

Blog: "El barógrafo"

Cuenta Arturo Pérez Reverte en su fascinante libro “Hombres buenos” (Penguin Random House, Barcelona, 2015) que la Real Academia de la Lengua Española (RAE), comisionó a dos hombres para que viajaran a París a comprar lo que en la segunda mitad del siglo XVIII aparecía a los ojos del mundo como la obra intelectual más ambiciosa jamás acometida, La Enciclopedia, recopilación sistemática y exhaustiva de todos los saberes científicos acumulados por la Humanidad, “el triunfo de la razón y el progreso sobre las fuerzas oscuras del mundo entonces conocido”.

La Inquisición, que seguía campando por España como en los tiempos feroces de la baja Edad Media, había prohibido la venta y circulación de la obra, de modo que la docta Academia se vio en la tesitura de enviar a Paris “a dos hombres buenos” para que trajeran a España un ejemplar del dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, par une societé de gens de lettres.  

Hace unos días publicamos en NAUCHERglobal la noticia de la jubilación de Adolf Romagosa, presidente de Port 2000, la empresa pública encargada de gestionar los espacios portuarios integrados en el tejido urbano de la ciudad de Barcelona, un cargo de enorme influencia y responsabilidad. Adolf Romagosa es un hombre bueno que no ha perdido de vista ni un solo día que trabajaba para los ciudadanos; sin olvidar jamás que sus decisiones sólo tenían un objetivo, mejorar el puerto/ciudad. Toda su capacidad, que es amplia y profunda, ha estado dedicada a encajar las propuestas y decisiones del puerto y del Ayuntamiento en una conclusión armónica que sirviera a los barceloneses. Tal vez no acertara siempre -como asevera un conocido libro, la perfección no es un atributo humano- pero su gestión ha estado bañada en todo momento de rectitud y transparencia.

En el último año, con un equipo municipal aquejado del síndrome bipolar, hoy ordeno en bien de la ciudad, mañana decido en función de mis prejuicios y seguidores de twitter, Adolf Romagosa ha demostrado una paciencia, talento y tolerancia -eso que conocemos como cintura política- descomunal. A él debemos que el puerto y el ayuntamiento de la ciudad de Barcelona sigan teniendo relaciones civilizadas, tensas -la banda Colau todavía no ha aprendido a controlar sus fobias y sigue anclada en la soberbia de la palabrería elaborada con cuatro duros de marxismo, pura ignorancia-, pero dentro de los cauces admisibles.

Naturalmente, Adolf Romagosa es un personaje inexistente para los medios. Trabaja bien, con discreción y humildad. Un mal amigo de la prensa que vive de los escándalos.

Y AHORA JOAN COLLDECARRERA

El Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Barcelona decidió en su última reunión nombrar a Joan Colldecarrera como nuevo gerente de Port 2000. Daniel Molero, director de NAUCHERglobal, calificó de sabia la decisión. Un calificativo, sabia decisión, que probablemente suscribiría toda la comunidad portuaria de Barcelona. Joan Colldecarrera es también un hombre bueno, con una excepcional cintura política, bien probada en muchos y variados empleos, una persona que escucha y no olvida que todos los días son días de aprender. Una personalidad magnánima, con inteligencia y cultura de sobras para poder superar, tiempo al tiempo, la gran altura del listón directivo que le ha dejado su antecesor.

Fija el diccionario vigente de la RAE que gloria significa reputación, fama y honor que resulta de las buenas acciones y grandes calidades. De ahí el título: Gloria a los hombres buenos.

 

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