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ESPAÑA ACOGERÁ EL SALVAMENTO DEL 'MODERN EXPRESS'

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 01/02/2016

Al mediodía del pasado martes 26 de enero, el Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) de La Coruña recibía una Llamada Selectiva Digital (DSC, Digital Selective Calling, una alerta de socorro automática, parte fundamental del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima, SMSSM, en español; en inglés GMDSS), procedente del buque MODERN EXPRESS, situado a unas 148 millas al norte de cabo Ortegal, con una escora de más de 30 grados causada por un corrimiento de la carga provocado por las malas condiciones de la zona: vientos del sudoeste fuerza 8 y mar muy gruesa y arbolada.

La posición del buque siniestrado, con 22 tripulantes a bordo, otorgaba la coordinación de las operaciones de salvamento al MRCC (Maritime Rescue Coordination Centre), de Falmouth, Gran Bretaña, que solicitó ayuda al Salvamento Marítimo español. Lourdes Oña, jefa del Centro Nacional de Coordinación de Salvamento (CNCS, Madrid), activó dos helicópteros de Sasemar y uno de la Xunta de Galicia. Con esos medios, la misma tarde del 26 de enero fue rescatada la dotación del buque y llevada a Celeiro y La Coruña donde recibieron la atención precisa, tanto de las autoridades españolas como del seguro P&I del buque (mutualidad de armadores aseguradora de determinados riesgos, por ejemplo el de salvamento y daños por contaminación).

Desde que se recibió la primera noticia, los responsables de la Dirección General de Marina Mercante (DGMM) siguieron la evolución del siniestro día y noche. Una vez salvadas las personas, obligación principal de cualquier plan de salvamento, toda la atención se puso en el buque, un carguero dedicado al transporte de coches (car carrier), de 164 metros de eslora y 28,1 metros de manga, 10.817 toneladas de peso muerto, construido en 2001, con bandera de Panamá y navieros sudcoreanos, dedicado en los últimos años a navegar entre puertos europeos y de África occidental.

La carga que transportaba el MODERN EXPRESS, de viaje entre Port Gentil (Gabón) y Le Havre, en Francia, está compuesta por diversos vehículos y madera, una carga que no suscita demasiada preocupación desde el punto de vista medioambiental.

Los armadores del MODERN EXPRESS contrataron para el salvamento del buque a la sociedad holandesa Smit Salvage, la misma que contrató en su día el armador del PRESTIGE, tal vez la mejor empresa de salvamento del mundo. El buque seguía a flote, tremendamente escorado a estribor y derivando hacia el sudeste a velocidades diversas, entre 2 y 5 nudos. Esa deriva lo acercaba a las costas francesas, de modo que penetró en aguas de responsabilidad gala. El MRCC Falmouth cedió la coordinación del salvamento a los franceses del CROSS (Centre Régional Opérationnel de Surveillance et de Sauvetage) Etel.

Tanto Sasemar como las autoridades marítimas francesas ya habían enviado a la zona diversos remolcadores: el ABEILLE BOURBON y el RIA DE VIGO, que al igual que el equipo de salvamento de Smit Salvage nada pudieron hacer por el pésimo tiempo reinante en la zona. Los franceses enviaron además a un buque de la Armada, la fragata PRIMAUGUET, utilizada por Smit como base de operaciones.

Durante seis días, el MODERN EXPRESS ha seguido derivando hacia el ESE (estesudeste), de forma que en estos momentos, tarde del lunes 1 de febrero de 2016, se halla a unas 35 millas al oeste de las Landas, en la costa atlántica francesa al sur de Burdeos, y a 62 millas al norte de Cabo Machichaco, en Bermeo, Vizcaya.

A la vista de la situación del buque, a flote, con la escora estabilizada y escaso peligro ecológico (no más de 450 toneladas entre combustible y aceites), el pasado viernes, Smit Salvage se dirigiö a las autoridades marítimas españolas y francesas solicitando un puerto o lugar de refugio donde remolcar el MODERN EXPRESS, una petición lógica para salvar el buque y evitar su naufragio o, peor todavía, su embarrancamiento en la costa.

Por parte francesa razonaron que el puerto de refugio que ellos podían ofrecer exigía al buque ser remolcado muchas millas hacia el norte, contra corriente y donde el estado de la mar es más desfavorable. O sea, que en Francia no podía ser. No es la primera vez que la Prefectura francesa, militares ellos, rehuyen cualquier responsabilidad. Recordemos el caso del MSC NAPOLI.

Por parte española, el director general de Marina Mercante pidió a las Capitanías Marítimas de Gijón y Bilbao la evaluación de las condiciones bajo las que podría darse acogida al buque. En ambas Capitanías, de acuerdo con lo previsto en la ley (Real Decreto 210/2004, de 6 de febrero, una de las normas consecuencia del desastre del PRESTIGE), se constituyeron sendos comités técnicos con participación de expertos de la Administración marítima, prácticos y profesionales de las empresas de remolcadores y amarradores, que concluyeron que era perfectamente posible dar refugio al MODERN EXPRESS con determinadas condiciones.

Rafael Rodríguez Valero, director general de Marina Mercante, la autoridad marítima española, a la luz de esos informes decidió finalmente en la tarde de hoy comunicar a Smit Salvage que dirija el buque hacia el puerto de Bilbao en la condiciones que le serán oportunamente comunicadas.

Asímismo, la DGMM ha acordado exigir al P&I del buque una garantía de 21.590.600 euros para cubrir los riesgos de la operación.

Aunque la historia no ha terminado (falta meter el buque en el abra de Bilbao, adrizarlo y repararlo), el proceder de la Administración marítima española, especialmente la DGMM, pero también Sasemar, merece el aplauso de la sociedad española. En los foros internacionales estamos recuperando el prestigio que en 2002 tiramos por la borda con la desastrosa gestión del siniestro del PRESTIGE y el encarcelamiento del capitán Apostolos Mangouras. Aunque el Supremo en este caso siga primando las “razones de Estado” (pongan las comills que ustedes quieran), sobre los derechos humanos (la condena de Mangouras ha levantado las críticas de todo el mundo marítimo, incapaz de comprender lo que pasa en la Administración judicial española), la excelente gestión por parte de España de un accidente de dimensiones internacionales palía en parte la amargura que el mundo marítimo ha sentido por la injustificable sentencia.

 

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