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ENTREVISTA A RICARD RODRIGUEZ-MARTOS, DIRECTOR DEL GALARDONADO STELLA MARIS DE BARCELONA

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NAUCHERglobal, Anna Lozano 21/07/2016

Ricard Rodríguez-Martos es una institución en el mundo marítimo de Barcelona. Diácono, capitán de la marina mercante, profesor de la Facultad de Náutica hasta hace poco tiempo, delegado diocesano del Apostolado del Mar y director del Stella Maris en Barcelona, organismo recientemente galardonado con el premio Seafarers’ Centre of the Year 2016, otorgado por la ISWAN (International Seafarers Welfare and Assistance Network), Rodriguez Martos es una referencia ineludible cuando se habla de asistencia y ayuda a los marinos en puerto.

Pregunta. ¿Cómo unió usted sus vocaciones religiosa y marítima?

Respuesta. Desde niño he tenido dos inclinaciones, la pasión por el mar y la necesidad de responder a una llamada que sentía de Dios. Hasta mi adolescencia, esta dualidad en mi alma me llevo a tener una gran lucha interior. En mi mente lograr ambas vocaciones era incompatible. Fue entonces cuando me decanté por el mundo marítimo, iniciando la carrera náutica hasta la obtención del título de capitán de la marina mercante. Como marino, ya navegando, conocí a la que hoy en día es mi querida esposa. El hecho de dedicar mi vida a la mar y a la familia, no logró alejar de mi la llamada del Señor. Me sentía llamado a dedicarme a los demás de un modo diferente, a darle una respuesta especial a la petición que Dios me hacía.

A finales de los años 70, ya establecido en tierra, supe de la instauración del diaconado permanente para hombres casados, promovido por el Concilio Vaticano II. En el año 1981 se ordenó el primero.

Entonces decidí, previa consulta con mi esposa, prepararme para ordenarme diácono. Durante 5 años estudié teología, al tiempo que me introducía en la labor pastoral. Entonces se presentó la oportunidad de ingresar en el Apostolado del Mar, ministerio que aúna la mar y Dios. Fue entonces cuando vi claro dónde estaba mi sitio.

P.¿Cómo es la vida de un diácono?

R. La vida de un diácono de unos cuarenta o cincuenta años es complicada. Tiene que compaginar su ministerio con la vida familiar y el trabajo civil, del que tiene que vivir, salvo casos aislados. Eso se traduce en una merma del tiempo que debería dedicar a su familia. Si un hombre casado decide ser diácono, todos sus familiares se ven afectados por esta decisión.

El diaconado es un periodo por el que deben pasar también los que van  a ser ordenados de sacerdote, pero éstos deben hacer voto de celibato. En el caso de los hombres casados, para ser admitidos al diaconado es requisito que la esposa de su conformidad, pues la obligación del matrimonio precede a la del diaconado. Yo no tuve problema porque mi mujer me apoyó, y sigue apoyándome, en todo momento.

P. ¿Qué es el Stella Maris y cómo surgió?

R. Stella Maris es el nombre que suelen llevar los centros del Apostolado del Mar católicos. Estos centros como respuesta a las duras circunstancias que vivían antaño los marinos. Hará unos cien años, éstos andaban de puerto en puerto desprotegidos, muy lejos de sus hogares.

Sobre el mil setecientos, en Reino Unido ya habían grupos de cristianos anglicanos dedicados a atender a los marinos en los puertos. El Apostolado del Mar católico nació en Glasgow hacia el mil novecientos veinte, organizado e instituido por un escocés y un grupo de laicos. Su misión era ofrecer asistencia al marino, ya fuera ésta humanitaria, social, o de cualquier otra índole personal.

Su prioridad era tratar al marino como a ser humano. Es decir, no importaba su procedencia, su religión ni su fe, únicamente que era un navegante alejado de sus seres queridos, con pocos recursos y sin protección.

En el año mil novecientos veintisiete P. Brugada, un jesuita conocedor del movimiento británico y de los problemas de los marinos en el puerto de Barcelona, creó  el Apostolado del Mar barcelonés. Su gran finalidad era (y es) el apoyo humano, en todas sus vertientes, a los marinos de todo el mundo que por uno u otro motivo, paraban, (paran y pararán) en el puerto catalán.  

P. ¿Han cambiado sus servicios desde que se fundó la institución?

R. Hoy en día, las circunstancias del marino no son las mismas que a principios del siglo XX. En esa época los barcos permanecían en puerto días e incluso semanas. Los tripulantes pasaban a veces más de un año a bordo y en frecuentemente no en las mejores condiciones de higiene e intimidad.

Ahora los barcos no suelen estar más de un día en puerto, aunque los barcos reúnen unas condiciones de habitabilidad mucho mejores y la duración de los contratos puede oscilar entre los cuatro y los diez meses para tripulantes de países del Tercer Mundo.

El problema del marino actual son las cortas estancias en puerto y la dificultad para poder llegar a tierra, pues los puertos van creciendo y con ello las distancias a la ciudad.

Nosotros intentamos adaptarnos a sus circunstancias para ofrecer servicios acordes a sus necesidades.

Nuestro centro es uno de los pocos del mundo que aún conserva una residencia. Disponemos de 32 camas. Este servicio ya no es de primera necesidad, pero aquí en Barcelona la residencia se ha convertido en una tradición. Ahora más que alojar a los marinos que esperan en puerto para embarcar, alojamos a marinos que vienen a la ciudad a hacer algún curso o alguna formación, a las esposas que esperan la llegada de sus maridos en buques de carga con destino Barcelona, pescadores que no tienen familia, tripulantes de embarcaciones portuarias o incluso marinos extranjeros que se alojan aquí durante sus vacaciones.

P. ¿Cuál es su misión, objetivo y función?

R. El objetivo del Stella Maris es dar apoyo a la gente de mar. Y este apoyo lo proporcionamos de dos modos;

El primero es de forma directa: estamos en contacto con ellos para saber qué necesitan e intentamos proporcionárselo. Todas las mañanas subimos a los buques de carga anunciándonos, haciendo que la tripulación sepa que existimos y dónde pueden encontrarnos. 

Entre nuestros servicios, uno de los más importantes y de mayor necesidad para los marinos, es la comunicación con sus seres queridos. Les ofrecemos en nuestro club ordenadores y red wifi para que puedan contactar con sus familiares. Además, para los tripulantes internacionales disponemos de unas tarjetas de voz y datos móviles que ponemos a su alcance. 

Otros servicio muy demandado es el transporte que les facilitamos gratuitamente mediante una furgoneta todas las tardes.

También les brindamos asesoramiento jurídico. Si cualquier marino tiene problemas legales de cualquier índole, nuestro servicio jurídico le espera con los brazos abiertos para atenderlo y ayudarlo en todo lo que haga falta.

No descuidamos la asistencia espiritual. Nosotros somos católicos, pero como nuestra misión es atender al marino como persona, les ofrecemos cualquier tipo de asistencia religiosa, sea de la religión que sea. Tenemos buena relación con la comunidad musulmana de la ciudad, con la judía, y estamos en contacto directo con pastores de diversas confesiones cristianas.

El mayor problema que tenemos es poder atender a los tripulantes de los grandes cruceros. No podemos subir a bordo de éstos libremente, pues se debe solicitar un permiso especial y tiene que haber una razón de peso para que lo concedan. Nuestra solución, gracias al apoyo de la Autoridad Portuaria, fue instalar una oficina especial en el Moll Adossat para estos tripulantes. Ahí disponen de ordenadores, teléfonos y siempre de alguien dispuesto a ayudar en lo que precisen. Les organizamos incluso partidos de básquet y fútbol, cosa que aprecian mucho.

El segundo modo de apoyar a los marinos que tenemos es de forma indirecta, luchando por sus derechos. Somos los portavoces de los tripulantes en los puertos. Nos encargamos de recordarles a todas las organizaciones concernientes que los tripulantes están ahí y que sin ellos no habría negocio marítimo alguno.

En Barcelona existe un Comité de Bienestar, siguiendo la recomendación de la OIT, cuya razón de ser es involucrar a toda la comunidad portuaria en la preocupación por el bienestar de los marinos en nuestro puerto. Fue creado en 1997. Juan Zamora y yo, junto con representantes de las diversas entidades públicas y privadas del puerto, fuimos miembros fundadores.

También estamos presentes en el grupo de trabajo de responsabilidad social del puerto, en donde Stella Maris representa la voz de los tripulantes.

P. Cómo se financia y se llevan a cabo los proyectos de esta organización que usted preside?

R. La Autoridad Portuaria nos brinda un importante apoyo económico, además de proporcionarnos espacios. El edificio en el que nos encontramos es propiedad suya. Nos sentimos muy arropados por su parte. Nosotros les devolvemos ese gran respaldo ayudando en todo lo que podemos.

Tenemos también subvenciones de la Generalitat y el Ayuntamiento y cobramos unas pequeñas cuotas de los barcos que entran en puerto a través de los consignatarios. Además tenemos ciertos benefactores particulares que se identifican con nuestra causa y nos hacen donaciones. Algunas terminales, que valoran nuestra labor, colaboran también.

Somos un grupo de cuarenta personas trabajando en el Apostolado del Mar, y únicamente tenemos tres empleados. Los demás son todo voluntarios. 

P. ¿Cómo ve la actual situación laboral de los trabajadores de los buques en el mundo marítimo? ¿Cómo son sus salarios, horarios y jornadas laborales?

R. Este es un tema complicado. Esta gran industria crea muchísimos puestos de trabajo, ese es su gran valor. Los salarios que pagan son en general tercermundistas, pero los tripulantes de países menos ricos, por decirlo así, desean que les llamen viaje tras viaje. En nuestro país quizás el sueldo es bajo, pero para esta gente es mucho.

El primer problema en los barcos de crucero aparece con las jornadas de trabajo, pues generalmente el ratio es de un tripulante por cada tres pasajeros, con lo que la naviera tiene que apurar al máximo la capacidad de trabajo de cada persona, cosa que se traduce en jornadas muy largas.

El otro problema es que, así como en los buques de carga cada tripulante dispone de su propio camarote, en los cruceros deben compartir habitación con dos o incluso cuatro personas. Con lo que la intimidad es prácticamente inexistente.

Los buques de crucero, por otra parte, juntan tripulaciones de ochocientos o más tripulantes, que suelen pertenecer a treinta o más nacionalidades distintas. Se necesita una disciplina férrea, cosa que supone una pirámide jerárquica. Por mucho que esta jerarquía intente ser justa y objetiva, es muy fácil que haya favoritismos, tratos injustos y de más hechos que provoquen en el tripulante una gran presión. La vida ahí es complicada.

A veces se dan situaciones de trato indebido o de soluciones injustas ante problemas en la tripulación. Hoy día ciertas compañías suelen tener un protocolo de quejas y reclamaciones que, si funcionan bien, dan un valor añadido al cuidado del tripulante como persona.

Realmente, a las navieras no les interesan estos conflictos, pues afectan a su reputación y prestigio entre los pasajeros. Si la tripulación no está bien atendida, se nota en el trato con el público. Por lo que generalmente, cuando en un grupo humano no hay un buen ambiente, la cosa termina mal, y eso no favorece a nadie.

Hay un programa del Apostolado del Mar para el embarque de sacerdotes a bordo de estos barcos.  Su presencia a bordo suele ser muy positiva para la tripulación.

En cuanto a los salarios que cobran los tripulantes, están sujetos a convenios, que dependen de los niveles profesionales y también de los países de procedencia. 

P. ¿Cuáles son las nacionalidades que cuentan con mayor inserción laboral en este sector? ¿Hay alguna iniciativa por parte de algún organismo internacional para mejorar y/o regular el tema?

R. En general el mayor número de tripulantes a nivel mundial procede de las Filipinas. El personal de asistencia directa al pasaje suele ser asiático, pues son personas muy serviciales. Por ejemplo, los camareros frecuentemente son indonesios. En cambio para la sala de máquinas y el departamento de seguridad, generalmente se busca gente de Europa del Este.

Hoy en día las compañías de cruceros en general valoran también la incorporación de tripulantes de Europa Occidental, especialmente para cargos que demandan una buena cualificación académica. Esto no quiere decir que los aspirantes de países del tercer mundo estén mal cualificados, sino que en algunos países el nivel de formación es irregular.

En Barcelona hay una oficina de colocación que a finales del año pasado contemplaba la promoción de gente nacional. Buscaban camareros, personal de servicios y otros puestos similares en las escuelas de hostelería de la región. Querían ese nivel de calidad en la formación de los aspirantes. No se rechazaba a la gente que era de otros países, pero la oficina se encargaba de que se les enseñara el oficio y la manera de hacer que la compañía deseaba y/o necesitaba para el puesto. 

Hay compañías de cruceros, como Costa italiana, que tienen mucha tripulación nacional. Esto demuestra el apoyo que estas empresas dan a su gente.

Aquí en España deberíamos tener un proteccionismo similar al que tienen muchas navieras italianas, pero no es fácil, no tenemos esa cultura, o esa tradición. Nuestra marina mercante es hoy día muy pequeña. Hay pocos marinos españoles, y los pocos que hay tienen dificultades para embarcar. También hay pocos marinos franceses y alemanes. En cambio hay mucho marino italiano e inglés.

Antaño teníamos una gran flota mercante en España, pero se descuidó su mantenimiento y promoción, con lo que actualmente no es gran cosa. Falta gente que se quiera dedicar a este sector de los negocios marítimos.

P. ¿Cuál ha sido su peor experiencia en el Stella Maris en relación con los marinos que acoge?¿Y la mejor?

R. Las situaciones más angustiosas las hemos vivido a causa de abandonos de tripulaciones. Este hecho, que sinceramente parece increíble, lo hemos vivido en incontables ocasiones. Al llegar a puerto, el armador no puede hacer frente a los pagos y se desentiende de todo, dejando a la tripulación en el buque, sin salario ni alimentos, sin nada de nada, con un futuro incierto de uno o dos años. En estos casos sufrimos bastante.

Recuerdo un caso concreto, en el que un tripulante no quería abandonar el barco, pues para ellos es una deshonra, un fracaso, llegar de nuevo a su hogar después de estar una eternidad fuera, sin nada que ofrecer a sus familias. Aguantan todo el tiempo que pueden a bordo, esperando que el armador regrese con sus sueldos y sus esperanzas. Pero pocas veces sucede, por no decir que nunca.

Volviendo al caso que contaba, había un tripulante que llevaba ya más de un año en uno de estos buques abandonados, cuando se enteró de que su familia había sufrido un mal percance y él no podía ayudarles, pues no disponía ni de dinero ni de ningún medio para realizarlo. Nos contó el caso, y en Stella Maris pudimos reunir el dinero que necesitaba para solucionar su situación familiar.

Después de un cierto tiempo, volvió a Barcelona para devolvernos el dinero y agradecernos lo que habíamos hecho por él. Esos son los mejores momentos que vivimos aquí, cuando vemos que realmente hemos podido ayudar de corazón a alguno de estos marinos desprotegidos. Por eso es por lo que luchamos aquí, en el Apostolado del Mar, por ayudar a en lo que podemos a cualquier marino que está sufriendo. Y cuando lo logramos, es una satisfacción incomparable.

P. ¿Qué le ha parecido el reciente premio que ha obtenido el Stella Maris de Barcelona por parte de la ISWAN?

R. Recibir un premio, es siempre una gran satisfacción, en especial cuando, como en este caso, ha sido otorgado en base a la votación entre los propios marinos, que a lo largo del año han ido dando su voto a aquellos centros en los que se han sentido bien acogidos. Hay que pensar que entre los finalistas había centros de USA, Australia y Corea. Es también un estímulo para intentar siempre mejorar.

P. Como conclusión, ¿le gustaría hacernos alguna reflexión a nosotros y a los grandes magnates internacionales del mar?

R. Simplemente me gustaría que pensaran en el lema que tuvimos hace unos dos o tres años en el Stella Maris;

SIN MARINOS NO HAY BARCOS, Y SIN BARCOS NO HAY PUERTOS.

Piensen en esa frase, porque realmente la tripulación es la que hace que el negocio marítimo ruede, funcione, y si se descuida su bienestar, todo el mundo marino sale perjudicado. 

 

 

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