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EL SINIESTRO DEL ‘COSTA CONCORDIA’, TODAVÍA

  • Seguridad marítima

NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 29/12/2013

Siguen su curso las sesiones de la vista oral del proceso contra el capitán Francesco Schettino, al mando del COSTA CONCORDIA el dia 13 de enero de 2002, cuando encalló en un bajo junto a la isla del Giglio y tras dos horas a la deriva y una extraña maniobra quedo asentado sobre el costado de estribor, a unos cincuenta metros de tierra. Los testigos más relevantes han confirmado que Schettino abandonó el buque cuando aún quedaban a bordo numerosos tripulantes y pasajeros, probando así la acusación más grave contra el capitán del buque.

La última línea de defensa de Schettino, desmentidas una a una sus fantasiosas declaraciones sobre la maniobra de acercamiento a la isla y sobre su caída a un bote salvavidas, se basa en afirmar que la maniobra que llevó al buque a la embarrancada definitiva, tras abrirse el pantoque de babor al chocar contra el bajo a más de 15 nudos de velocidad, fue obra suya. Y esa maniobra, sostiene Schettino, salvó miles de vidas.

El informe de la administración marítima italiana sobre el accidente desmiente plenamente esa tesis. La evolución del buque se debió exclusivamente al efecto del viento y de las corrientes, sin que interviniera fuerza alguna del propio buque, que carecía de potencia al estar la sala de máquinas inundada. El informe desmiente que desde el puente se pusieran en marcha las hélices laterales a fin de forzar la maniobra para acercar el buque a tierra.

Fuera de toda duda que al menos 9 puertas estancas, que debían estar cerradas preceptivamente durante la navegación, estaban abiertas en el momento del accidente. Esa negligencia permitió que el agua inundara por completo la sala de máquinas y varios compartimentos adyacentes.

Sobre el juicio ha planeado la pregunta del papel de la compañía y en concreto de los responsables de seguridad y de la persona designada de acuerdo con el código sobre gestión de la seguridad (ISM, en inglés). Pero ningún directivo de Costa Crociere se sienta en el banquillo de los acusados, de modo que nadie puede responder del fallo de los sistemas y las normas que, sobre el papel, habrían de evitar el desastre por negligencia de los tripulantes.

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