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EL SEGURO NÁUTICO Y LA LEY DE NAVEGACIÓN MARÍTIMA

  • Derecho marítimo
  • Náutica de recreo

YAMANDÚ R. CAORSI 28/11/2016

Blog: "Avería Gruesa"

En este artículo analizamos el contrato de seguro a la vista de la aprobación de la Ley de Navegación Marítima. Como veremos en el seguro marítimos rige la libertar de pactos y consideramos extremadamente conveniente que el armador lea detenidamente la póliza, por cierto muy diferentes, antes de contratar. Son largas, confusas y es necesario leerlas más de una vez para sacar alguna conclusión. Hasta le fecha, las pólizas que hemos visto no se han adaptado a la LNM

Introducción       

La Ley 14/2014, de 25 de julio, de Navegación Marítima, que entro en vigor el 25 de septiembre de 2014, regula el contrato de seguro marítimo. Considerados los seguros marítimos como seguros de grandes riesgos, la regulación tiene un marcado carácter dispositivo, es decir, se aplica en el caso de que no se haya pactado otra cosa entre las partes. En otras ramas del seguro, el asegurador se encuentra obligado por la Ley del Contrato de Seguro, muchos de cuyos preceptos son indisponibles y tienen como objeto proteger al asegurado.

Esto es así debido a que el seguro marítimo se cataloga como seguro de grandes riegos en que asegurador y asegurado negocian la cobertura de igual a igual. Sin duda esto no pasa en la náutica sin embargo el legislador, entiendo sin razón, ha optado por privar, sin importar la eslora del barco, de la protección de la ley del Contrato de Seguro.

Dicha situación ya se producía antes de la entrada en vigor de la LNM al aplicarse el Código de Comercio, que regulaba también el seguro marítimo, también a los seguros de embarcaciones de recreo ya fueran comerciales o privadas. Dicho ello podemos decir que las condiciones de la cobertura que se contrate son las que se encuentran especificadas en la póliza siendo la ley aplicable con carácter supletorio.

Sin embargo, hay principios del seguro marítimo y aspectos la ley que debemos destacar ya que nos determinan el alcance del mismo y que analizaremos en este artículo. Por otra parte, podemos decir que la LNM se aproxima mucho en sus preceptos a los postulados de los contratos de seguro más habituales con lo que probablemente no existirán conflictos entre Ley y contratos.

Principios del seguro marítimo y la LNM

La Ley define como seguro marítimo aquel que tiene como objeto indemnizar los daños producidos por la navegación marítima. En contra de lo que sucede con otros ramos de seguro, en que se enumeran los riesgos asegurados, en el seguro marítimo rige el principio de universalidad de riesgo. Ello significa que, si en la póliza no se dice otra cosa, todo siniestro que tenga como causa un incidente de navegación tendrá cobertura.

Por ejemplo, salvo pacto en contra, las velas estarán cubiertas ante cualquier rotura. Lo que el seguro marítimo no cubre son los perjuicios derivados del siniestro, como ser gastos por paralizaciones del yate, lucro cesante y cualquier otro gasto indirecto. Es recomendable, sobre todo para empresa de alquiler, contratar un seguro que cubra estas contingencias.

Un aspecto muy importante a destacar de la nueva regulación es que se presume que el valor declarado en la póliza es vinculante para las partes. Hasta la actualidad, aun cuando en la póliza se estableciera un valor del barco para determinar la prima, en caso de pérdida total las aseguradoras aplicaban las reglas de depreciación pagando al asegurado por lo general una suma menor. Esta práctica resultaría prohibida con la nueva regla. En cuanto al periodo de cobertura, es importante notar que el cambio de propiedad deja el yate sin cobertura si no se comunica tal circunstancia a la aseguradora y esta acepta al nuevo asegurado por escrito.

Como actuar en caso de siniestro

En la LNM se estable la actuación a seguir por el asegurado en caso de siniestro, protocolo similar al que generalmente aparece reflejado en la póliza propuesta por el asegurador. Se exige al asegurado realizar las acciones necesarias para mitigar el siniestro, que correrán a cargo del asegurador, cuando impliquen un gasto, aunque no se logre el objetivo deseado. Se establece  un plazo de comunicación a la compañía se seguro que suele ser de siete días que es lo que marca la Ley.

El incumplimiento de dicho plazo no significa que el asegurado quede sin cobertura pero se puede deducir de la indemnización el perjuicio que pueda haber ocasionado este retraso. El parte que se dé a la compañía aseguradora resulta fundamental para determinar si el siniestro se encuentra cubierto o no por la póliza. El asegurador tiene un plazo de un mes para comunicar al asegurado si acepta el siniestro o lo rechaza a no ser que el procedimiento pericial lleva un plazo mayor

Si la aseguradora considera que el siniestro no está cubierto la única opción que queda al asegurado es reclamar judicialmente o acudir a arbitraje en el caso de que se hubiera pactado. Es importante hacer notar que el asegurador no está obligado a indemnizar en el caso de que haya concurrido culpa grave o dolo del asegurado en el acaecimiento del siniestro.

Acción de avería o abandono

Aceptado el siniestro por parte de la compañía aseguradora la liquidación del mismo se realizar por medio de la acción de avería o abandono. La liquidación del siniestro se realizará en un plazo de un mes desde que el asegurado aportó la prueba del daño o se acepta el abandono. El asegurado tendrá derecho a la acción de abandono cuando se produce la pérdida total del yate, queda inhabilitado para navegar o por falta de noticias por un periodo de más de noventa días. El asegurado tiene un plazo de noventa días para notificar el abandono al asegurador quien podrá rechazarlo en un plazo de un mes. Aceptado el abandono el asegurador deberá pagar la suma asegurada.  Si lo rechaza el asegurado debe acudir a la vía judicial para la ratificación.

En el caso de la acción de avería puede darse la circunstancia que el asegurado no acepte la liquidación por considerar que la indemnización no cubre el costo de las reparaciones. En esta circunstancia el asegurador debe pagar en plazo de quince días la indemnización propuesta lo que no obsta para que el asegurado pueda reclamar judicialmente. También pueden las partes nombrar de mutuo acuerdo un liquidador de avería para que determine el costo de las mismas. En la práctica lo que suele suceder es que el presupuesto de reparación del asegurado no es aceptado por el asegurador, que propone uno de inferior coste con lo cual se debe acudir al liquidador o a juicio. La Ley del Contrato de Seguro establece un sistema de resolución de controversias pericial de carácter obligatorio para estos casos para evitar su judicialización. 

Rechazo del siniestro por culpa grave

La LNM ha introducido como causa para que la aseguradora rechace el siniestro la culpa grave o el dolo. Las partes pueden pactar que se pague la indemnización en caso de culpa grave pero no en caso de dolo. Existe dolo cuando el siniestro se produce de manera intencionada por el asegurado. Existe culpa grave cuando el asegurado no actúa como hubiera actuado una persona medianamente diligente y ello causa el siniestro.

Por ilustrar con un ejemplo, imaginemos que un patrón omite observar la carta náutica navegando por aguas someras causando con ello la varada del yate y la avería. En nuestra opinión, la compañía aseguradora podría rechazar el siniestro en este caso ya que existe culpa grave del patrón. 

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