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EL PUERTO OLÍMPICO ENTRA EN ESCENA ANTE LA COMUNIDAD NÁUTICA DE BARCELONA

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NAUCHERglobal, Daniel Molero 16/03/2018

Adolf Romagosa, quien fuera director de la Gerencia Urbanística Port 2000 (hoy Gerencia Urbanística Port Vell) organizaba ya en su día una serie de desayunos sectorializados para atender las postulaciones de la numerosa comunidad náutica de Barcelona y cercanías. En la actualidad, mediante un numeroso grupo de participantes, sigue celebrando estos encuentros esporádicos, bien estructurados y organizados, en las instalaciones de la Fundación para la Navegación Oceánica de Barcelona (FNOB), y concretamente esta mañana ha tenido lugar uno de estos encuentros en los que han entrado a debate las instalaciones del Port Olímpic.

Con una muy numerosa presencia de responsables del sector náutico en Barcelona, el actual director de Pobasa (la empresa gestora del puerto deportivo), Joan Guitart; y Jose Maria Rius, por parte del ayuntamiento de la ciudad; han explicado a los presentes los planes municipales para desarrollar el recinto, una vez finalice en el año 2020, la concesión administrativa actual. Señalar como primer punto la importancia del acuerdo entre Generalitat de Catalunya y ayuntamiento para el traspaso de la titularidad del puerto desde la Comunidad Autónoma a la ciudad: un acuerdo único en el que el Ejecutivo catalán cede al ayuntamiento dicha titularidad reservándose la Generalitat elementos inalienables como seguridad, régimen sancionador o las inspecciones.

Hace ya unas semanas, NAUCHERglobal publicaba los planes del ayuntamiento respecto al recinto, que tenía el ayuntamiento en concesión (leer noticia relacionada). Rius en su intervención ha explicado que “la relación del Port Olímpic con la ciudad debe ser mejorable, así como sus actividades”; suprimiendo, por ejemplo, el molesto ocio nocturno de la zona, que poco o nada tiene que ver con los usos de un puerto marítimo y se trata de una reivindicación histórica tanto de los vecinos como de las propias empresas dedicadas al sector náutico. “El Port Olímpic no es un añadido de la ciudad sino que forma parte de su propia esencia”, ha explicado Rius, que ha añadido que desde el consistorio dedicarán una de las empresas municipales al ámbito de la nueva gestión sobre el recinto, dejando –eso sí- que sean los expertos que ya forman parte del mismo los que lleven el día a día de la instalación, mediante la subrogación de contratos que puedan tener, por ejemplo, los actuales trabajadores de Pobasa, empresa que ha llevado la administración del puerto durante los últimos 25 años.

“El puerto ha funcionado bien, pero está obsoleto”, ha explicado Rius. El planteamiento municipal pasa por abrirlo a la ciudadanía, retirando el ocio nocturno, resituando la restauración, y dando importancia que merece al sector náutico, mediante la creación de un espacio que desde el Consistorio denominan de “Economía Azul”, con locales comerciales dedicados a la náutica (hecho que ha generado una leve polémica sobre la definición de estos espacios y qué tipología de empresas podrán acceder). Además el proyecto, que pretende unir las playas del litoral barcelonés para el trasiego libre de los visitantes, contará con un centro divulgador del mar, y un nuevo centro municipal de deportes náuticos que se adecúe a la demanda y manteniendo el actual centro municipal de vela… y, lógicamente –se trata de un puerto al fin y al cabo- la zona de amarres.

Así, el ayuntamiento plantea su actuación de abrir el puerto a la ciudad bajo cuatro pilares: la náutica, los usos vecinales y ciudadanos, la divulgación y la gastronomía de proximidad y vinculada al mar. Para ello se plantean una serie de reformas ya no sólo a nivel jurídico de la propia gestión, sino más importante, la mejora de la conectividad y la accesibilidad al propio recinto. El objetivo pasa por crear una serie de sinergias que sirvan para generar empleos cualificados para el segmento náutico y marítimo y, al mismo tiempo, enriquecer la zona que en la actualidad sufre una afectación de turismo poco sostenible y que desea evitarse en un futuro.

Joan Guitart ha hablado de lo que más conoce: el puerto en sí: “se debe abrir a la náutica popular, pero sin dejar de lado las tendencias de futuro, que nos marcan la importancia del negocio del alquiler náutico (chartering) y redefiniendo conceptos como –el anteriormente citado- de la economía azul”. El futuro plan director del puerto, que para ir bien debería estar definido este mismo año, deberá redefinir los espacios destinados a los amarres del recinto, “pero se debe tener en cuenta que no todos los usos náuticos son adecuados –singularmente a nivel de seguridad- para un recinto como el puerto olímpico”.

Así, el plan de Pobasa, que sigue colaborando con su trabajo con el ayuntamiento, por mucho que en 2020 le retiren la gestión, pasa por ampliar la zona de amarre de los 28.000 metros cuadrados actuales a los 32.500 metros, pero pasando al mismo tiempo de 740 amarres que hay en la actualidad a 705; es decir, con una redefinición estructural que debe resultar positiva y atractiva para las personas que apuesten por el recinto, que son, al fin y al cabo, quienes sufragarán las obras a realizar.

A diferencia de etapas anteriores, Guitart prevé que el espacio dedicado al alquiler de embarcaciones pueda suponer el 60% del global de la superficie dedicada a embarcaciones y yates. Se trata, sin embargo de ideas preliminares que deben ser estudiadas en profundidad (es decir, por expertos no vinculados a los sufragios en las elecciones municipales ni por políticos que vengan a figurar). Apuntar en este sentido, por ejemplo, que el ayuntamiento no es partidario que el puerto sea base de motos de agua o que los submarinistas puedan disponer de un espacio de prácticas de inmersión alejado de un recinto donde el movimiento de embarcaciones es continuo.

Tras las intervenciones de ambos ponentes se ha generado un intenso debate de las propuestas lanzadas y explicadas, con opiniones lógicamente a favor y en contra. El resumen es que queda todo por hacer, pero cualquier movimiento debe ser pensado en el beneficio de un sector –el náutico- en crecimiento y falto de iniciativas políticas que le den soporte. La apertura a la ciudadanía es relevante, pero si el recinto que se quiere reformular no reúne las condiciones para el que está construido será un fracaso... y debe evitarse en lo posible.

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