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EL PRESIDENTE DE PUERTOS DEL ESTADO EN EL PROPELLER CLUB DE BARCELONA

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  • Entorno marítimo

NAUCHERglobal, Juan Zamora 11/02/2015

El Propeller Club de Barcelona organizó ayer una comida especial. El invitado era el presidente de Puertos del Estado, José (o Josep) Llorca, que asistió acompañado de la directora de comunicación del ente, Eva Miquel. La presencia de Llorca propició que el presidente de la APB, Sixte Cambra, acudiera al almuerzo. Además, como es habitual en todos los encuentros de asociados al Propeller, se dió la bienvenida a dos nuevos socios, uno de ellos, Agustín Oleaga, capitán de la marina mercante, socio de primera hora que ha vivido un paréntesis durante los cuatro años que ha residido en Lisboa como responsable de DHL para la península Ibérica.

En las reuniones del Propeller Club es costumbre que, en su caso, la personalidad que acude como invitado dirija unas palabras a los socios. Suelen pronunciar un parlamento protocolario, compuesto de frases hechas, adecuadas al lugar y al momento, con los agradecimiento de rigor, una breve explicación de la responsabilidad y el cargo, y la manifestación de alegría por compartir mesa y mantel con la comunidad empresarial marítima del puerto de Barcelona. Tras los aplausos a que obliga la amabilidad se abre un turno de preguntas que discurre con suavidad florentina. Civilización de alto nivel.

José Llorca, cada día más y mejor político, se saltó el guión habitual y durante veinte minutos desgranó con rigor y seriedad la situación y los problemas del sistema portuario español. Reveló que los puertos españoles disponen de una liquidez de 1.300 millones de euros, una fortuna que debería invertirse en mejorar los accesos viarios y ferroviarios a los enclaves con el doble objetivo de mejorar la competitividad y crear empleo, una imperiosa necesidad social. Sostuvo que esa cantidad en caja, habida cuenta de que Puertos del Estado no tiene potestad para obligar a las autoridades portuarias a invertir, había sido la razón principal de la creación del polémico fondo de accesibilidad, tan combatido desde Barcelona, hasta el punto que hubieron de intervenir la ministra Ana Pastor y el conseller Santi Vila para calmar los ánimos y pactar una solución.

Habló Llorca de los excelentes números del año 2014 en el sistema portuario español, que próximamente se harán publicos, anunciando que nos hemos quedado a un suspiro de recuperar las cifras de 2007, el mejor año. Y añadio que las perspectivas para 2015 se presentan aún más halagüeñas.

Por supuesto se refirió sin tapujos a los servicios portuarios, a los que exigió, sin referirse a ningún servicio en concreto, que contengan sus beneficios a un nivel razonable. Confirmó que la política del Gobierno, en línea con las directrices de la Unión Europea, pretende alcanzar el mayor grado posible de liberalización de los servicios de amarre, remolque, estiba y, con matices esenciales, del practicaje, una forma real de conseguir unos costes y unos precios competitivos.

Algo más se extendió, sobre todo en respuesta a una pregunta, acerca de la situación del servicio de estiba, cuyo modelo vigente en España ha sido declarado ilegal por el Tribunal de las Comunidades Europeas. La partida de la estiba la juegan cuatro interesados: el Gobierno, la patronal, los sindicatos y la Comisión Europea. Un juego complicado. El Gobierno, anunció el presidente de Puertos del Estado, ha elaborado un proyecto de decreto ley para dar cumplimiento a la sentencia comunitaria, que espera presentar y consensuar en las próximas semanas con las autoridades de la Comisión. Una vez consensuado con Bruselas, se trataría de negociar con patronal y sindicatos el texto definitivo. Un camino. Había otro, que pasaba por invertir el orden: primero negociar con partronal y sindicatos y después, con el texto acordado y el aval del Gobierno, ir a Bruselas a convencerles de la solución. Para no pocos empresarios ésta habría sido la vía más razonable, pues el texto que negocie el Gobierno con la Comisión, según la ruta decidida por el Gobierno español, será mujy difícil, sino imposible que pueda cambiar, de modo que podría convertirse en un trágala para los agentes sociales. Veremos como se desarrolla y como acaba la partida.

La densa intervención de José Llorca fue seguida con atención por Sixte Cambra, presidente de la Autoridad Portuaria de Barcelona, cuyo rostro, de natural amable y comedido, ofrecía en algunos pasajes signos claros de preocupación.

Acabado el acto, con los reunidos en pié bebiendo whisky de malta y gin-tonics transparentes, Llorca y Cambra sostuvieron un largo aparte que por momentos pareció acalorado; intenso, en cualquier caso. ¿Quien dijo que ejercer de político era fácil y sencillo?

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