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EL PIADOSO FINAL DEL ALEGATO DEL SEÑOR FISCAL

  • Prestige

NAUCHERglobal, Juan Zamora 20/06/2013

En algún lugar leí, o quizás me contaron, que el camello desconoce la piedad. Es sufrido, trabajador, aunque algo autista, abnegado y resistente, pero carece de piedad. De modo que si alguna vez parece que mira con misericordia, hemos de pensar de inmediato en el cocodrilo, el peligroso animal cuyas lágrimas nada tienen que ver con el sentimiento. Me vino a la mente esa curiosidad zoológica cuando oía el alegato final del fiscal García ante el tribunal de La Coruña que juzga a los tripulantes del PRESTIGE.

Tras un discurso no exento de fluidez, muy poco jurídico pero resultón para una tertulia de, pongamos, Tele 5, el fiscal García, ese leal servidor que mantuvo firme el pulso cuando pidió al tribunal que condenara a Apostolos Mangouras, capitán del PRESTIGE, a 12 años de prisión, miró al tendido, tomó aire y declamó:

-      ¡No deseo que el capitán Mangouras pase ni un solo día en prisión!

El tendido se removió aliviado. Los miembros del tribunal, incluida la sonrisa otoñal del presidente, los letrados de las partes, con la duda del abogado Sabín, los acusados, los traductores, informáticos y demás trabajadores al servicio del tribunal y, desde luego, el público asistente, esbozaron una sonrisa de corazón. Nadie duda de la excelencia profesional de Mangouras, de su encomiable personalidad y de la paciencia bíblica que ha demostrado soportando un juicio inútil, sin sentido e injusto. El fiscal Garcia era consciente de que, al fin, había acertado.

Antes de llegar a ese momento, el fiscal se despachó con un parlamento ensimismado –el muchacho se ha pasado el juicio abstraído en vaya usted a saber qué honduras y frivolidades- que bien pudiera tener escrito el primer día de la vista, allá por octubre de 2012. Un discurso inasequible a la realidad, incluso a la que ha quedado bien probada durante el juicio, irrespetuoso con la verdad, ignorante de cuanto se declaró y probó durante el proceso: el petrolero era una carroña flotante, una basura, bien certificado, es cierto, pero todo mentira, papel mojado a cuenta de la malvada sociedad ABS; la reparación de Cantón se hizo muy mal, los documentos dicen otra cosa, pero ya se sabe, chinos y griegos son; el costado, los tanques de lastre, estaban para el arrastre, por eso se repararon en Cantón, porque estaban mal; durante la inspección de Dubai, Mangouras engañó al inspector de ABS y por eso no fueron inspeccionados los tanques de lastre 2 y 3; el capitán Kostazos, ese gran hombre, ya avisó a Mangouras, no salgas a la mar que esto no aguanta, yo-añadió el fiscal- me fío de Kostazos porque estuvo a bordo, no como otros que hablan mucho pero no estuvieron a bordo; el mal estado del PRESTIGE quedó claro cuando, navegando por el dispositivo de separación de tráfico de Finisterre, fue superado por un portacontenedores, el FLAMINIA; el remolque de emergencia del PRESTIGE no estaba en condiciones, o no quisieron utilizarlo y se excusaron con eso de que la popa estaba imposible, llena de fuel, pero no es verdad, la popa del petrolero estaba en perfectas condiciones; Mangouras se negó a coger el remolque que le exigían las autoridades españolas y esa negativa tuvo unas consecuencias catastróficas; nunca sabremos si la decisión de López Sors de alejar el buque fue buena o mala, yo creo –recalcó el fiscal- que fue buena, en todo caso, el ex director general hizo lo que creyó mejor; y desde luego, la administración marítima tenía todo el derecho del mundo a inspeccionar el pecio del petrolero sin dar cuenta a nadie, ni al Juzgado ni a los abogados de los acusados…

Para finalizar, antes de exhibir su piedad de camello, el fiscal Garcia se sacó de la manga una soflama a lo Robespierre con toques del Fraga más ratonil:

-      Señores, aquí se contrapone lo público, los servidores públicos, personas leales, excelentes, que miran exclusivamente por el interés general y el bien común; y quienes sirven a los intereses  privados, ciegos de codicia, temerosos sólo del mercado y del índice Dow Jones, unos malvados que, por así decir, son enemigos del bien común…

Obviando ahora la perorata final, el alegato del fiscal supone una demostración cabal de la inutilidad de este proceso penal. El fiscal no se ha enterado de la lección magistral que impartió el profesor Al Osborne sobre olas excepcionales (rogue waves); ni se ha enterado de las contundentes declaraciones de los expertos de Smit Salvage sobre las condiciones del buque y su salvamento de haberlo llevado a un lugar de refugio; pasa por alto la magnífica intervención del profesor Louzán sobre el accidente; e ignora las pruebas abrumadoras sobre el origen de la vía de agua que sufrió el PRESTIGE y las indiscutibles explicaciones que numerosos peritos y prestigiosos profesionales ofrecieron al tribunal sobre los certificados, las inspecciones y las reparaciones a que fue sometido el buque. Por supuesto, el fiscal desdeña una mínima relación de causalidad entre los males que exhibe del buque y la eventual responsabilidad de Mangouras. No parece importarle, al ilustre jurista, la primera lección que recibe un penalista: si en el juicio se habla de un clavo es porque de él colgó el cadáver el asesino. El va a lo suyo: condenar a Mangouras a 12 años sin ninguna razón y que no pase una sola noche en la trena. Coherencia extrema, llaman a eso los irónicos; estupidez supina, le llaman los demás

El fiscal Garcia no quiere saber qué tiene que ver Mangouras con la decisión de hundir el buque y contaminar el medio marino; y le importa un comino la relación del capitán con el estado estructural de la nave. Él  prefiere quedarse con el cachalote, Kostazos, un energúmeno imitador del Marx (Groucho), más hilarante: señores tengo estos principios, pero si no les gustan tengo otros. A ese personaje sin crédito y sin luces le presta el señor fiscal su apoyo incondicional.

Escribí hace un tiempo que este muchacho tiene mal remedio. Me equivoqué. Sencillamente, no tiene remedio. Que Dios le perdone y a los demás nos coja confesados.

 

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