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EL MODERN EXPRESS RUMBO A SU DESTINO

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 21/09/2016

Ayer al mediodía, en medio de una gran expectación, el buque de transporte de vehículos MODERN EXPRESS abandonó su atraque en el puerto de Bilbao para dirigirse al puerto turco de Aliaga arrastrado por el remolcador del grupo Boluda BV HISPANIA. El MODERN EXPRESS entró el 3 de febrero en el puerto de Bilbao con una escora permanente de 43 grados a estribor, en una fatigosa y complicada maniobra que dirigieron los prácticos de Bilbao coordinados por el práctico mayor de la corporación, José Ramón Marín.

La maniobra de salida contó con 3 prácticos, uno embarcado en el BV HISPANIA, otro en la lancha de prácticos y el tercero, Marín, coordinando la operación desde el muelle. Fueron necesarios 3 remolcadores de puerto y un remolcador de altura, todos de la empresa Ibaizábal, para desatracar el carcarrier y conducirlo con seguridad a la salida del superpuerto de Bilbao. Una vez en franquía, los remolcadores de Ibaizabal le pasaron el buque al BV HISPANIA.

Desde el muelle presenciaron la exitosa maniobra el director general de Marina Mercante, Rafael Rodríguez Valero, acompañado del asesor de la DGMM y jefe de gabinete del director general, Benito Núñez, del capitán marítimo de Bilbao, Carlos García Buendía y del jefe del Centro de Coordinación de Salvamento de Bilbao; el director de operaciones, comercial y logística de la Autoridad Portuaria de Bilbao, Luis Ignacio Gabiola; el director general de Ibaizábal, Francisco Garaygordóbil; el director general de Amarradores Puerto de Bilbao, José Ángel Arrillaga; directivos de Wilhemsen Ships Service, que durante la estancia del buque en Bilbao han actuado como agentes del armador; directivos de Segemar; amarradores, electricistas, policía portuaria, guardia civil de Aduanas y Fronteras y diversos representantes de Cido, la armadora del MODERN EXPRESS. Todos ellos siguieron, armados de cámaras fotográficas y de los inevitables móviles, el lento movimiento del carcarrier abriéndose del muelle, su cansino navegar hasta la bocana dirigido con precisión por los remolcadores de Ibaizábal (uno de ellos, el IBAIZÁBAL 11, es uno de los remolcadores más potentes de Europa con propulsión cicloidal Voith Schneider), y finalmente el largado de los remolcadores de puerto y el inicio del remolque por el BV HISPANIA con el tren de remolque aprobado por la autoridad marítima.

 

EL SINIESTRO DEL ‘MODERN EXPRESS’

El carcarrier lanzó el 26 de enero del presente año un mayday solicitando ayuda inmediata pues el buque había escorado a estribor más de 30 grados y era imposible adrizarlo con los medios y el personal de a bordo, un capitán y 21 tripulantes, todos filipinos. Navegaba con rumbo nordeste entre Finisterre y Land’s End, aguas que en materia de salvamento corresponden a Gran Bretaña, en un  viaje iniciado en Port Gentil, Gabón, con destino a Le Havre, Francia. Como quedaba más cerca la costa española que la costa francesa, los británicos solicitaron al Salvamento Marítimo español que se hiciera cargo de la evacuación del buque siniestrado. Sasemar aceptó el encargo y lo cumplió con el éxito ya habitual en todas sus actuaciones. Ni un solo tripulante resultó herido.

El MODERN EXPRESS quedó a la deriva y sin tripulación. El armador, coreano, contrató a la holandesa Smit Salvage, la misma del PRESTIGE, una de las mejores empresas de salvamento del mundo, para que se encargara de salvar el buque, cargado con diversos vehículos y una carga declarada de madera tropical de algo más de tres mil toneladas. Los servicios de guardacostas británicos y Smit Salvage enviaron medios y personal a las inmediaciones del buque, pero la fuerte escora, que ponía al buque en peligro inminente de naufragio, y el temporal reinante en la zona impedían cualquier actuación eficaz para controlar la deriva del buque, de modo que éste fue desplazándose hacia el Este y entró en aguas de responsabilidad francesa. La administración francesa, perfectamente cumplidora de lo que establece el convenio de búsqueda y salvamento marítimo, Hamburgo 1979, se hizo cargo del siniestro y mandó medios de remolque y un buque de la armada para controlar lo que entonces parecía inevitable: que el buque, ahora con una escora permanente de 40 grados, acabara hundiéndose. Pero el MODERN EXPRESS, como en su día el PRESTIGE, demostró los avances de la ingeniería naval en materia de estabilidad y se mantuvo a flote, acostado sobre el mar, intacto.

Smit Salvage pidió entonces a Francia que le facilitara un puerto de refugio para que el MODERN EXPRESS pudiera descargar y reparar. Como en otras ocasiones, recordemos sin ir más lejos el accidente del MSC NAPOLI en el Canal de la Mancha, las autoridades francesas se manifestaron incapaces de tomar una decisión. Smit llamó entonces a las autoridades marítimas españolas. El actual director general de Marina Mercante, Rafael Rodríguez Valero, es un jefe de máquinas con amplia experiencia en inspección y reparación de buques, profesor en la Escuela Superior de Náutica y Máquinas de La Coruña, escogido por la ministra de Fomento, Ana Pastor, por su sabiduría en el tratamiento de emergencias marítimas, alguien capaz de no repetir la triste y dolorosa historia del PRESTIGE. Alguien que ha demostrado personalidad de sobras para fajarse con los problemas más arduos, que no son los que le vienen del accidentado sector marítimo, sino los que le plantean las autoridades portuarias centralistas, es decir Puertos del Estado, y los políticos del propio ministerio ignorantes del mundo de la mar y con soberbia sobrada para actuar como si el cargo otorgara algún tipo de conocimiento. Una vieja historia, ésta de los conflictos entre los técnicos que saben y los políticos que mandan a los barcos al quinto pino para sacarse de encima el problema.

Rodríguez Valero se puso a trabajar, consultó con los prácticos de Bilbao y Santander, reunió a los técnicos de la Dirección General, habló con la Autoridad Portuaria de Bilbao, cuya actitud fue excepcionalmente positiva, y con las empresas de amarradores y de remolcadores y concluyó que España podía ofrecer refugio al MODERN EXPRESS en el puerto de Bilbao con unas cuantas condiciones financieras y operativas lógicas y razonables. Así se le transmitió por escrito, el dia 1 de febrero, al armador del MODERN EXPRESS y a Smit Salvage, quienes aceptaron el trato y durante el día 2 cumplieron todas las exigencias impuestas. El día 3 de febrero, por la mañana, el MODERN EXPRESS entraba en el abra de Bilbao a remolque de un barco de Smit que traspasó, no sin problemas, el control del buque a los prácticos y remolcadores de Bilbao que se encargaron de llevarlo hasta el muelle y amarrarlo con exquisita pulcritud. España acababa de recuperar una parte del prestigio internacional que tiramos a la basura con la desastrosa gestión del accidente del petrolero PRESTIGE.

 

UNA ESTANCIA LARGA Y AZAROSA

El MODERN EXPRESS, una vez atracado inició las tareas de adrizamiento, condición previa a cualquier otra actuación. Los técnicos de Smit Salvage tuvieron durante un par de semanas el buque en sus manos y fueron ellos quienes se encargaron de atender a los investigadores panameños que aterrizaron en Bilbao con la misión e recoger datos para la elaboración del informe sobre el accidente: cómo ocurrió, por qué, qué cambios sería necesario proponer para evitar en el futuro un siniestro similar, en fin, todo eso. El buen hacer de los empleados de Smit quedó, sin embargo, muy dañado por la estúpida arrogancia de que hicieron gala en sus tratos con prácticos y autoridades, tal vez recordando la penosa experiencia de tener que dialogar con personas de alarmante incultura y autoritarismo bananero, como les sucedió con el delegado del Gobierno en Galicia en los días del PRESTIGE, el señor Arsenio Fernández.

Una vez el buque perfectamente derecho, se inició la descarga. Vinieron autoridades de Gabón, jueces belgas y abogados de cargadores y empresas de seguros con la misión de velar por sus respectivos intereses y/o recabar información sobre el estado de la carga y la condición del buque. Y saltó la sorpresa: el MODERN EXPRESS llevaba a bordo más de mil toneladas de madera tropical por encima de lo declarado en la documentación oficial. Las autoridades españolas decidieron que ese problema, que abre numerosos interrogantes sobre la actividad del buque, sobre el comercio de maderas nobles desde Gabón y sobre la influencia de esa carga extra en el accidente, no les incumbía, de modo que finalmente se pusieron de perfil y cerraron los ojos: el buque es extranjero y no hay intereses españoles en juego.

Han transcurrido ocho meses desde que el buque atracó en Bilbao. La decisión de acogerlo, un acierto, ha permitido a numerosas empresas de Euzkadi facturar las cuantiosas demandas y pedidos (electricidad e instalaciones en general, mano de obra, suministros de todo tipo) que el buque ha necesitado.  El puerto y los servicios portuarios, prácticos, amarradores, remolcadores, estibadores, recogida de residuos, han aumentado su actividad y probablemente sus beneficios. ¿A qué coste? A coste prácticamente cero. La cualificación técnica y profesional de nuestros prácticos, remolcadores y amarradores, y por supuesto de la mayor parte de la administración marítima, hacían poco probable algún percance en las maniobras de meter y mover el buque en el puerto. Los riesgos eran escasos y perfectamente asumibles. Los beneficios, económicos y de prestigio internacional, enormes.

Ayer, con el MODERN EXPRESS ya en franquía, dirigiéndose hacia el puerto de Aliaga para desguazar (hay quien sostiene que el buque, joven y en perfecto estado, no será desguazado), alguien, quizás un empleado de Wilhemsen o de Electromecánicas Pasaia, no paraba de exclamar: ¡Mi casa, mi casa! Se estaba yendo una fuente de trabajo bien remunerado, un buque en su día accidentado que ha recuperado para España buena parte del buen nombre que en su día manchamos con la desastrosa gestión del accidente del PRESTIGE, el petrolero que debió entrar en La Coruña o refugiarse en la Ría de Corcubión, pero que el paquete de autoridades que entonces mandaban en Galicia y en el Ministerio de Fomento, los Álvarez Cascos, López Sors, Fraga, Fernández y demás, ordenaron que se hundiera en la mar. 

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