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EL MMB NECESITA UN/A DIRECTOR/A COMPETENTE, NO UN PARACAIDISTA SECTARIO

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 16/02/2019

Los políticos con escasa cultura, falta de lecturas y nulo sentido democrático, una pena, intentan convencernos, con la complicidad irresponsable de los medios de comunicación, de que las decisiones que toman están siempre amparadas por el carácter político que les es propio. Una gran falacia. Las decisiones políticas están sujetas a cumplir el deber esencial que marcan las leyes: han de ser idóneas para conseguir el fin de todas las resoluciones y acuerdos de los poderes públicos, el bien común. Constituye un delito construir un aeropuerto inútil, crear una comisión o una empresa innecesaria y, sin ir más lejos, nombrar para un cargo público al amiguete o al compinche manifiestamente incompetente. La política no ampara el sectarismo ni la arbitrariedad.

Seamos claros una vez más. El ministro Ábalos delinquió y tal vez prevaricó nombrando al licenciado López Cano para dirigir la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima, una persona sin conocimientos, y según todas las evidencias sin mérito ni capacidad para ocupar ese puesto.

Hablemos de otro ejemplo. El pasado mes de julio, hace más de siete meses, se jubiló el director gerente del Museo Marítimo de Barcelona. El nombramiento del sustituto depende del presidente de la Diputación, ese organismo duplicado y mantenido para aumentar los pesebres donde colocar a los afines. La obligación del presidente de la Diputación, Marc Castells, nombrado el pasado 28 de junio, es escoger una persona conocedora del mundo cultural marítimo, a ser posible con un proyecto museístico bien diseñado, y que pueda mejorar la eficiencia del mayor equipamiento cultural marítimo de Catalunya. Pero el señor Castells, del PDeCAT, no encuentra a nadie de su cuerda sectaria (no puede ser candidato alguien de ERC, la CUP o los comunes; todos los demás están descartados) con un mínimo de las habilidades imprescindibles para dirigir el MMB, así que la plaza sigue vacante. Todos sus intentos (alguno ha habido) para imponer un piernas o un inútil paracaidista afín han chocado con el rechazo cauto y sigiloso, la situación no da para más, de los funcionarios y algunas fuerzas vivas del sector marítimo.

La sociedad civil de las actividades marítimas de Cataluña ha demostrado poseer una cierta fortaleza, hasta ahora no utilizada, quizás por un exceso de prudencia, para promover una mejora del funcionamiento institucional de los poderes públicos. Con respeto escrupuloso al principio de que las asociaciones y corporaciones civiles han de mantenerse en el más estricto apartidismo, que no hay que confundir con el apoliticismo, tal vez ha llegado la hora de levantar la voz por el bien de las instituciones públicas, por el bien común. Ahora, por el Museo Marítimo de Barcelona, para que quien haya de dirigirlo posea, de principio, las mejores cualidades técnicas y directivas. Y para que quede claro que un nombramiento discrecional no puede ser una decisión arbitraria exclusivamente partidista.

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