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EL MAR Y EL TIEMPO

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CARLOS ESCRIBANO MUÑOZ 23/11/2016

Blog: "A mi aire"

Fernando Fernán Gómez fue un gran escritor. Su fama como tal fue eclipsada por sus facetas en el escenario en las que brilló como actor y director, pero no hay que olvidar que fue un gran escritor, un gran narrador de situaciones y de sentimientos. Una de sus novelas, luego llevada al cine con notable éxito, lleva por título “El Mar y el Tiempo”.

Su argumento, en síntesis, es el regreso, en 1968, de un exiliado en Argentina de cuando la Guerra Civil para reencontrarse con su familia y con la propia España. La narración dramática nos cuenta todas sus sensaciones porque la familia que dejó y el país que dejó habían cambiado sustancialmente. El tiempo y el espacio. El tiempo y la Mar.

Decía Emmanuel Kant que el espacio es la forma a priori de la sensibilidad externa y el tiempo, la forma a priori de la sensibilidad interna. El apriorismo de la realidad y de la secuencia con que se produce. La vieja lengua española tiene un sustantivo que une ambos apriorismos: trocha, que es distancia tanto en el espacio como en el tiempo.

Desde las páginas de NAUCHERglobal se va narrando, artículo a artículo, la trepidante marcha de la actualidad marítima. Algo tan eterno como la Mar es testigo de una transformación tan rápida como inalcanzable. La compañías navieras, otrora forjadoras de fortunas, declaran pérdidas y se fusionan para alcanzar otras escalas en que optimizar sus recursos, como planeando para no capotar, a la espera de otros vientos u otros bríos.  Quizá la Mar, en su eterna inmensidad ya lo ha visto muchas veces. Por sus aguas navegaron todos los imperios y regresaron todos los héroes enfermos y malheridos contemplando el horizonte con un cigarro de picadura entre los dedos de tintes yodados.

Que todo cambia y nada permanece, salvo el cambio mismo, es algo que ya sabemos gracias a Heráclito de Éfeso, pero lo que no sabíamos es la velocidad en que se produce. La novedad es, precisamente, esa velocidad del cambio que hace la trocha del ayer a hoy, de un lugar a otro en un mundo cada vez más cercano, sea cada vez más grande. Inmensa, diríase.

La economía globalizada que nació en los acuerdos de Bretton Woods (1944), que se desarrolló en la economía de la Escuela de Chicago y se afianzó en el Consenso de Washington (1989, desarrollado por Ronald Reagan y George Bush) está virando 180 grados bajo el mandato aún in péctore de Donald Trump, con la definición de una política energética y comercial nacionalista. Es decir: un comercio mundial lentificado soportará un nuevo freno. Tres presidentes de una misma nación y de un mismo partido marcan rumbos distintos, incluso contradictorios. Acaso sean los rumbos que les impone el estado de la mar.

El Mar y el Tiempo. Todo cambia, nada permanece. Planear para no capotar a la espera de otros vientos u otros bríos… Sólo con otros vientos no se puede remontar vuelo. ¿Son los bríos nacionalistas los que harán remontar el vuelo?

A todo esto, los acuerdos de Casablanca, sobre los acuerdos de París, sobre los acuerdos de Kioto en materia de cambio climático han cambiado de clima para entrar directamente en el congelador.

El Mar y el Tiempo. Todo cambia, nada permanece.

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