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EL GRANELERO 'CHESHIRE' ABANDONA EL PUERTO DE MOTRIL

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 24/04/2018

Hace unos días, el granelero CHESHIRE, matriculado en la isla de Man, 189 metros de eslora, construido en 2012, clasificado por el Lloyd’s, propiedad de Bibby Transport Limited, abandonó el puerto de Motril para dirigirse remolcado al cementerio de barcos y fábrica de desguaces conocido como puerto de Aliaga, en Turquía. Los avezados lectores de NAUCHERglobal recordarán sin duda la triste historia del CHESHIRE. Para los lectores desmemoriados o que se hayan incorporados a este medio de comunicación después de septiembre del pasado año, unas breves notas para situarlos.

El CHESHIRE se dirigía desde Noruega a Tailandia con 42.600 toneladas de fertilizante -abono NPK para usos agrícolas- cuando el 12 de agosto de 2017, sábado, navegando hacia el sur y próximo a las islas Canarias, informó a las autoridades marítimas españolas de que tenía un incendio en las bodegas cuatro y cinco, de donde salía un humo blanco y caliente, irritante y probablemente tóxico, fruto de la carga que había entrado en estado de auto-combustión, tal vez debido a un aumento de la temperatura a popa de la bodega cuatro y a proa de la bodega cinco, separadas ambas por un mamparo corrugado (NAUCHERglobal, 15 de agosto).

La Capitanía de Las Palmas (Mederos, Pastor y demás), se fajaron con el problema y tomaron sucesivas decisiones profesionales, todas justas y acertadas, con el consejo y el apoyo directo del director general de Marina Mercante. Tras algunas peripecias, inspecciones, remolques y la desabrida -y desconsiderada- intervención de la consejera del Gobierno de Canarias Nieves Lady Barreto y otros políticos, el buque fue autorizado a entrar en el puerto de Motril, a donde había llegado desde Canarias remolcado y bajo el control de la empresa de salvamento contratada por el armador para tratar la emergencia, la norteamericana Resolve (NAUCHERglobal, 26 de septiembre).

El CHESHIRE ha permanecido en Motril casi siete meses. En ese tiempo ha descargado el fertilizante que no se había quemado; ha contratado multitud de servicios de estiba, técnico-náuticos y otros servidos por la comunidad portuaria y la ciudad de Motril; ha abonado las tasas y demás cargas presentadas por la Autoridad Portuaria; ha consumido suministros de todo tipo relacionados con el buque y con su dotación; ha precisado generadores, grúas y maquinaria diversa para garantizar la seguridad del buque en puerto; y, en fin, está generando ahora actividad portuaria por los barcos que transportan la carga del CHESHIRE de vuelta a Holanda y Bélgica. Es decir, el buque ha dejado en Motril y su hinterland industrial no menos de nueve millones de euros, una fortuna. Una bendición.

El CHESHIRE constituye un caso similar al que se dio en el puerto de Bilbao con el siniestro del car carrrier MODERN EXPRESS, cuya gestión mereció parabienes y homenajes de satisfacción de la comunidad marítima vizcaína. Ambos casos suponen golpes muy serios a los alarmistas que hacen de su ignorancia una bola de miedo. Lo grave es que entre esos miedosos y alarmistas se encuentran muchas veces responsables políticos, centrales y autonómicos, capaces, como hicieron con el PRESTIGE, de convertir un accidente en una catástrofe. Como dijimos en NAUCHERglobal el 26 de septiembre: Ante las emergencias marítimas, las autoridades, salvo excepciones, son proclives a dejarse llevar por el miedo que provoca la ignorancia. Los ecologistas se manipulan en los minutos que dura una taza de café. Y a los partidos que se mueven en el alambre de la protesta permanente, con Podemos a la cabeza, les falta tiempo para apuntarse al catastrofismo que les permite respirar en los medios de comunicación. No saben de qué hablan, pero arman un estruendo considerable.Cualquier indocumentado se cree con derecho a meter baza en la solución del accidente o el incidente que pueda afectar a un buque o a una embarcación.

El éxito del CHESHIRE, al que mucho han contribuido los técnicos de la Capitanía Marítima de Motril y el director de la Autoridad Portuaria, demuestra una vez más la conveniencia, la necesidad, de dejar a los profesionales que actúen y resuelvan el problema de seguridad y medioambiental asociado a un buque averiado. Los políticos elegidos, con votos o a dedo, han de demostrar su valor confiando en ellos, los profesionales, sin interferir ni molestar. Dejarse llevar por la psicosis que produce la ignorancia es un mal negocio. Salvar los buques con profesionalidad representa, por el contrario, un abanico de oportunidades. ¿Queda claro ministros y ministras, secretarios y secretarias de estado, secretarias y secretarios generales, consejeras, consejeros, alcaldes, alcaldesas y otras autoridades?

 

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