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EL 'FRONT SERENADE' REPARÓ SU AVERÍA Y SIGUIÓ RUMBO A RÓTTERDAM

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 03/01/2016

Ayer por la noche, sobre las 19.30 horas, el petrolero de crudo FRONT SERENADE, de 330 metros de eslora y 60,4 de manga, bandera de Liberia, construido en 2002, de 299.158 toneladas de peso muerto y GT 156916, tuvo un percance con su ancla de estribor mientras navegaba con rumbo norte frente a la costa de Galicia. Por causas desconocidas, rompió el estopor y salieron unos 180 metros de cadena, quedando el ancla a la pendura.

El capitán del petrolero pidió autorización a las autoridades marítimas españolas para acercarse hasta el veril de 150 metros a fin de descansar el ancla y recuperarla. Tras el análisis de la situación (el buque presenta un historial inmaculado de inspecciones MOU), el capitán marítimo de Villagarcía, en contacto con el director general de Marina Mercante, decidió autorizar al buque, obligándole a mantener a su lado al remolcador de Sasemar DON INDA por razones de seguridad.

El FRONT SERENADE tardó unas 2,5 horas en recomponer su sistema de fondeo, tras lo cual reanudó su viaje hacia el puerto holandés de Rotterdam, destino de su carga.

Hasta aquí la noticia, que viene a confirmar que las autoridades marítimas españolas han aprendido a actuar con prudencia y rigor. La decisión tomada es la que hubieran tomado las autoridades inglesas, australianas u holandesas, por ejemplo.

Ahora bien, como la noticia no puede ser que un perro muerda a un hombre, sino que ha de ser que el hombre muerda al perro, a las pocas horas la noticia saltaba por los aires con tintes de escándalo. Destacaban radios y periódicos que el buque había estado a la deriva, información falsa, y que se había acercado a la costa poniendo en grave riesgo a la comunidad gallega, otra falsedad. El riesgo es inherente a la navegación y no aumentó por autorizar al buque a resolver un problema a catorce millas de Corrubedo.

En fin, lo dicho. Las autoridades marítimas españolas han actuado en los últimos años con prudencia y tino, haciendo oídos sordos al sensacionalismo de una prensa ignorante de los asuntos marítimos.

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