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EL ENLACE FERROVIARIO DEL PUERTO DE TARRAGONA: UNA HISTORIA PARA NO DORMIR

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NAUCHERglobal. Joan Cortada 03/05/2019

Desde hace muchos años, el puerto de Tarragona y la industria química de su entorno han venido reivindicando un enlace ferroviario de ancho europeo como herramienta indispensable para atraer nuevos tráficos y nuevas inversiones. La llegada de las vías del AVE de la línea Madrid-Barcelona-Francia al Camp de Tarragona, a pocos kilómetros del puerto y del polígono industrial, hizo concebir esperanzas de una favorable solución del problema.

Sobre el papel –o sobre los planos- la misma parecía fácil: entre Reus y Roda de Barà existe una línea férrea en desuso desde muchos lustros atrás, con lo que sólo faltaba unir el puerto y la zona industrial a dicha infraestructura, una vez ésta fuese rehabilitada en la parte necesaria para acceder a la plataforma del AVE.

Pero, como tantas veces sucede cuando hay que tratar con administraciones públicas, éstas se empeñan en complicar y embrollar hasta las cuestiones más simples. Con la excusa de la llegada de la crisis, el ministerio de Fomento dictaminó que la opción que –repetimos-, sobre el plano parecía más sencilla, resultaba demasiado cara y ofreció otra alternativa.

En espera de tiempos mejores, se brindó la posibilidad de añadir provisionalmente –y esto, la provisionalidad, es lo más importante- un tercer carril a la vía férrea ya existente, entre Tarragona y Roda de Barà, de modo que por la misma pudiesen circular tanto trenes de ancho ibérico como de ancho europeo lo antes posible. Estamos hablando de 2012, con Ana Pastor como ministra de Fomento. Los dirigentes del puerto, de las industrias petroquímicas, las autoridades y casi todos los partidos políticos con predicamento en Tarragona, pensando que esto era mejor que nada, dieron su conformidad a la propuesta de la ministra.

Han pasado siete años y la solución provisional y urgente todavía no se ha convertido en realidad. Pero la cuestión ha salido de nuevo a la luz cuando, a lo largo de la vía férrea que bordea la costa entre Tarragona y Sant Vicenç de Calders, han aparecido las nuevas traviesas que anuncian un próximo inicio de las obras del tercer carril. Y con ello, se ha despertado la curiosidad pública y “se ha descubierto el pastel”.

El pastel es que, desde 2012, ha llovido mucho y los planes del ministerio de Fomento y del Adif han evolucionado en un sentido muy distinto al que, con buena o mala fe, se vendió entonces a la sociedad civil tarraconense. Que lo que entonces se vendió como solución provisional tiene todas las trazas de convertirse en una solución, no sólo tardía, sino que definitiva y plagada de agravantes.

Trataremos de explicarlo de la forma más sucinta posible: lo que los responsables de las infraestructuras ferroviarias pretenden es matar varios pájaros de un tiro. Por una parte, se está construyendo el tan traído y llevado corredor Mediterráneo, el cual tiene dos pretensiones: transporte de pasajeros en alta velocidad y transporte de mercancías, ambos en ancho europeo. Sin embargo, en la medida de lo que esos responsables creen posible, se pretende aprovechar parte de la infraestructura ya existente. Por ello, entre Valencia y Castellón ya se ha instalado el ‘tercer carril’, lo cual –dicho sea de paso- no ha tardado en revelarse un fiasco técnico de alta consideración.

En las comarcas de Tarragona hasta la localidad de Vilaseca, el tendido de nuevo cuño del Corredor es capaz de soportar el tráfico tanto de trenes de pasajeros como de trenes de mercancías de hasta 750 metros de longitud, pero a partir de ese punto y hasta la estación del Camp de Tarragona sólo permite el paso de trenes ligeros de pasajeros, como el AVE. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: porque el tráfico de mercancías se desviará en Vilaseca hacia el puerto y la ciudad de Tarragona y de ahí, por la costa, hasta Roda de Barà o L’Arbós. Es precisamente por ello que todo hace presumir que lo que en 2012 era una solución provisional, transitoria, en la actualidad se ha convertido en permanente.

Este pasado 2 de mayo ha tenido lugar en la antigua sede del Pòsit de Pescadors de Tarragona una mesa redonda propiciada por la recién creada plataforma ciudadana “Mercaderies per l’Interior” en la que han participado portavoces de todos los partidos con representación municipal en el ayuntamiento. El rechazo a la amenaza que para la ciudad y la comarca representan los planes de Fomento parece ser unánime, aunque existan pequeñas diferencias de matiz en cuanto a las alternativas de futuro, en especial en  la cuestión de la viabilidad o no de la rehabilitación de la antigua línea Reus-Roda.

En cuanto a exigir un compromiso de la administración central en que la solución ‘tercer carril’ siga siendo provisional y de duración acotada, el consenso es total.

Argumentos para esta firme posición de la sociedad civil tarraconense no faltan: actualmente, se calcula que circulan por la vía férrea convencional que cruza la Costa Dorada más de 1.500 trenes de mercancías mensualmente, un tráfico que hay que hacer compatible con los servicios regionales o cercanías de pasajeros. La entrada en servicio del Corredor Mediterráneo significará un más que notable incremento del tráfico de mercancías, en convoyes mucho más largos y pesados. Mercancías que, en una proporción que ningún ente o administración dice conocer ni por asomo, se compone también de mercancías peligrosas.

Si el paso de estos largos convoyes de mercancías, día y noche, por núcleos urbanos como son los de la propia Tarragona, Altafulla, Torredembarra o Comarruga fuese poco, el problema no termina ahí. La más que probable saturación de la actual línea de la costa con ese tráfico, se completa –en los planes del ministerio de Fomento y del Adif- con otra agresión, si cabe, aún mayor: trasladar el tráfico de pasajeros de regionales y cercanías (esos trenes tan despreciados por esos organismos gubernamentales) a la infrautilizada estación de Camp de Tarragona, ¡a 12 kilómetros de la ciudad!

A quien le parezca que esto es imposible o demencial, le puedo responder que si lo han hecho en otros lugares de España –Burgos, por ejemplo-, ¿quién o qué les impide hacerlo en Tarragona? Son cosas que suceden cuando se gobierna a espaldas de las necesidades reales de la gente.

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