Volver al listado de noticias

EL BNG LLEVÓ AL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS LA DESMEMBRACIÓN DE SASEMAR

  • Salvamento Marítimo
  • Administración marítima

NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 02/11/2014

En la legendaria revista “Triunfo”, allá por el año 1972, concretamente en el número fechado el 4 de marzo, el gran Umberto Eco publicaba un breve ensayo que tituló “Entramos en la Edad Media”. Con una exhibición cultural apabullante, sostenía Umberto Eco, basándose en un libro de Roberto Vacca, que estamos viviendo una vuelta al Medioevo, a los feudos y a las taifas, tras el derrumbe de los sistemas extensos regidos por leyes comunes que caracterizan nuestro tiempo.

Recuerdo a menudo ese texto y la brillante respuesta de Manuel Vázquez Montalbán quince días más tarde, en el número 494 de “Triunfo”, cuando leo o escucho el alud de informaciones que generan las tensiones territoriales en los actuales países europeos. Vuelta a la Edad Media en Gran Bretaña, en España, en Alemania, en Italia e incluso en Francia.

El pasado martes, día 28 de octubre, el Congreso de los Diputados rechazó con los votos del Partido Popular, el Partido Socialista y Unión, Progreso y Democracia la pretensión del Bloque Nacionalista Gallego (BNG, partido de inspiración independentista, cualquiera sea el significado que le demos a la palabra independentista), de transferir al Gobierno de la Xunta las competencias y los medios humanos y materiales de salvamento marítimo que gestiona la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar).

Que yo sepa, antes que el BNG lo intentó el Gobierno vasco y lo lleva tiempo estudiando la Generalitat de Cataluña. Trocear el salvamento marítimo español con argumentos cuya simpleza roza la pura obviedad. Se trataría de hacer frente a los “problemas específicos”, a la “idiosincrasia marítima” de cada cual, y de contentar el afán de poder local esgrimiendo supuestas “particularidades”.

Muchas, demasiadas personas creen en esas abstracciones, fantasías que no aguantarían ni un minuto de reflexión lógica. Pensemos un instante la situación. Un salvamento marítimo en Valencia, otro en Murcia, otro en Cantabria, otro en Euzkadi, otro en Baleares, otro en Cataluña, etcétera, etcétera, pues los argumentos expuestos valen para todos, Ceuta, Melilla y las Canarias incluidos. Todos con historia, todos con afán de poder y todos con problemas específicos. Faltaría más.

La descoordinación previsible nos conduciría a la ineficacia. Los costes de gestión política y administrativa se dispararían en detrimento de las inversiones en medios técnicos sobre el terreno. Al cabo de un tiempo de caos, pensaríamos en la necesidad de un órgano de coordinación y de normas comunes de actuación. Nos costaría un esfuerzo de años recomponer la situación, pues la fragmentación de Sasemar habría creado una red de intereses personales que no dudarían en atrincherarse tras una bandera cargada de “derechos históricos”, “singularidades propias” y “problemas específicos”, conceptos campanudos a los que muchas personas siguen por pereza mental. 

Escribía en NAUCHERglobal el experto en salvamento marítimo Manuel Capeans que el sentido común exigiría establecer en nuestro país el procedimiento conocido como SOSREP ya implantado y funcionando con éxito en otros países, en particular el Reino Unido de la Gran Bretaña, donde se observó que las decisiones sobre asistencias marítimas tomadas por comisiones y comités eran poco efectivas e ineficientes, y concluyeron que lo que se necesita en estos casos es una única voz con autoridad para imponer sus decisiones en nombre del Gobierno y en defensa del interés público general, priorizando éste a cualquier otra consideración o interés (ver artículo).

La misma opinión sostenía el maestro José María Ruiz Soroa, en un artículo memorable publicado en El País en marzo de 2007, a través de una metáfora luminosa: El sistema SOSREP [representante especial del Secretary of State] es una variante de lo que los politólogos denominan "estrategia de Ulises". Es decir, la de adoptar una decisión política previa y general: en caso de amenaza de catástrofe marítima, será un cargo técnico de confianza quien decida él solo (atarse al palo mayor), y ese cargo no podrá siquiera escuchar a los intereses burocráticos, localistas y electoralistas que claman histéricos en estos casos (taparse los oídos para no oír las sirenas). No se trata de que la política abdique de sus decisiones (una especie de gobierno de los técnicos), sino que decida con carácter general y previo cómo hay que decidir en ciertos casos delicados y sensibles que tienden a emborronarse por su repercusión política inmediata. Lo mismo, en definitiva, que se hace al confiar la política monetaria a un Banco Central autónomo y blindado contra las presiones externas. Cuando hay un incendio, la actuación de los bomberos no puede estar sujeta a la reunión y discusión de los concejales, los medios, el público y los votos futuros.

A raíz del accidente del ERIKA, diciembre de 1999, los países europeos pusieron en marcha los estudios previos para la creación de una agencia de seguridad marítima europea ante la evidencia de que los problemas de seguridad marítima y de lucha contra la contaminación requerían un tratamiento a escala europea. Pocos años después, tras el desastre del PRESTIGE, en noviembre de 2002, se aceleraron los trabajos que culminaron un año después con la creación de EMSA (European Maritime Safety Agency), una agencia europea con sede en Lisboa.

¿Es sensato pretender “salvamentos marítimos propios y específicos” cuando la razón nos ha llevado, en el ámbito marítimo, a crear órganos internacionales para mejor resolver los problemas? ¿Alguien puede creer de verdad que doce organizaciones de salvamento marítimo, obligadas a distinguirse de los vecinos para justificar su existencia, resultarían más eficaces que la actual organización a nivel español y europeo? La experiencia reiterada una y otra vez nos muestra que los problemas de incompetencia, desorden y corrupción no sólo no se resuelven sino que se agravan cuando atomizamos los organismos de gestión pública.

Las deficiencias y los problemas que pueda tener el salvamento marítimo español no se resolverán creando organizaciones separadas en cada territorio. Esa es una ensoñación de la que deberíamos despertar. Incluso en los Estados federales más descentralizados, la seguridad marítima y el salvamento marítimo son gestionados desde un órgano central, lo que no quiere decir que ese órgano haya de tener la dirección en la capital federal. Fue un error, a mi juicio, instalar los servicios centrales de Sasemar en Madrid (y lo mismo diría de la Ciaim), cuando lo conveniente y razonable hubiera sido poner la sede en Galicia, o en Euzkadi, o en cualquier zona costera con graves riesgos marítimos. La zona del Estrecho de Gibraltar, por ejemplo. El centralismo sólo sirve para alimentar el resentimiento periférico y para crear una ciudad monstruosa.

La ocurrencia del BNG de llevar al Congreso de los Diputados una iniciativa que había sido rechazada por el Parlamento de Galicia en 2010 se saldó con el fracaso previsible. El partido gobernante opuso las actuales leyes como argumento disuasorio casi único. Menos mal que otros partidos políticos añadieron razones más comprensibles y si me apuran más sólidas que la simple mención de la legalidad, mudable por principio. A favor del despiece de Sasemar, los partidos nacionalistas abonados al “todo vale”; e Izquierda Unida, cuyo papel de acompañante en esas aventuras resulta muy difícil de comprender.

 

 

 

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda