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DIOS DA DIENTES AL QUE NO TIENE PAN

  • Gente del mar
  • Internacional

MIGUEL ACEYTUNO 10/09/2018

Blog: "El grumete de la cofa"

O eso, o, dicho de otra forma, que si nos creó con la sangre y las lágrimas saladas por algo sería. Venga, leñe, no se me ponga ahora de perfil. Piense en usted mismo de niño leyendo a Salagari, a Verne; presentando después, de mozo, los papeles para el ingreso en la Facultad de Náutica mientras su madre escondía una lágrima tras una sonrisa, que mal hijo y buen marino mueren lejos. No estaba usted simplemente eligiendo una profesión ni un oficio; la mar le estaba eligiendo a usted.

¿Conoce la leyenda de las sirenas? ¿Macizas buenorras marinas que cuando te llaman estás perdido, que nada te queda hacer sino lanzarte a las olas? Pues en eso mismo radica la enseñanza escondida en ese cuento. La mar le llamó a usted, y su alma y su vida quedaron marcadas para siempre, que ya se sabe que hay dos tipos de locos: los de atar y los de la mar. Y ahora míreme a los ojos y dígame que no tengo razón.

Pues eso. Es por ese motivo por el que los capitanes viejos tienen esa mirada especial. Cuando te miran a la cara te traspasan con la vista, como si estuvieran mirando siempre a través del sextante, o sin verte, recordando el olor de la piel de una mujer muchos años atrás, en un puerto lejano. Es normal.

No lo miran a usted; miran al horizonte, allá donde la mar besa al cielo, ese cielo a donde van los marinos buenos que nunca se durmieron en la guardia. Aunque estén en el asilo o en un parque con arbolillos miran siempre al horizonte, que es el jardín de la casa del marino, allá de donde vienen las tormentas o donde despacio aparece otro barco tan solo como tú en esos caminos que no existen en la mar.

Y ahora dígame, ¿qué hubiera hecho usted si la mar no existiera?

Siéntese, siéntese, leñe, respire, que era una pregunta retórica. Descanse un momento, ya se le pasa el pipiritaje, y no se ponga así. ¿Qué hubiera hecho de no haber mar? ¡Pues inventar una!

Núremberg, una preciosa ciudad alemana… Bueno, no; realmente pertenece a Baviera, donde no quieren saber nada de los prusianos del norte. Bueno, tampoco; en verdad es la capital Franken, zona que tampoco quiere saber nada de los de la Oktoberfest. Total, que quieren la reindependencia. Lo cierto es, bromas aparte, que es famosa por el humor, simpatía y amabilidad de sus vecinos.

Quien suscribe, aunque marino de tercera, lleva como todos ustedes el corazón en el petate y solo le une a tierra un nombre de mujer. O dos, pero, bueno, vamos a centrarnos en el tema, que hoy ando disperso. Se pueden contar con los dedos de la mano los sitios del mundo que he llamado casa y donde he colgado a gusto mi sombrero, y uno es entre estas maravillosas gentes.

Aunque su humor y afición a la cerveza pueda llevar a engaño, son tipos industriosos y sensatos. Nosotros invertimos montones de pasta en edificios inteligentes que regulan la luz y la temperatura de forma autónoma. Ellos, mucho más avanzados, han inventado una cosa que llaman ventanas y funciona mucho mejor. El mar les queda a unos seiscientos kilómetros. ¿Qué hubiera hecho usted en su lugar?

Pues está claro: un puerto.

Núremberg quiere decir ‘la piedra sobre la montaña’. Bueno, debo decirle que lo que llaman montaña miraría de abajo a arriba al Turó Blau. Y la piedra…. En fin, sí, se puede decir que es de piedra. Centroeuropa es una gran llanura, y eso genera ríos amplios y de cauce lento, sin la fuerza o el pedregal de las torrenteras de nuestras montañas. O sea, que lo de echarse a navegar no resultaba tan descabellada idea, así que, desde tiempo inmemorial, los hombres de aquí han hecho lo que les pedía la sangre. Como dice el viejo refrán, "de perdidos, al rio".

El canal Rin-Meno-Danubio es una formidable obra que une dos de las más grandes vías fluviales en explotación. Permite el paso de barcos de sus buenas trescientas cincuenta toneladas (ya empezamos a entendernos). Inaugurado en 1992, completa una red que mueve al año del orden de 150 millones de toneladas y que descarga un 40% de las mercancías que pasan por Rotterdam. Sus 170 kilómetros unen ríos que permiten llegar del mar del Norte al mar Negro. ¿Una revolución? ¡De toda la vida!

Complementa el transporte tradicional por otras miríadas de vías de agua (recordemos que la ciudad con más canales de Europa no es Venecia, sino Berlín) que desde el año de la tos permiten el intercambio de riquezas y cultura. Si hablamos del concepto de Europa, hablamos de estos caminos. Vea usted un par de fotos de la terminal de contenedores del puerto de Núremberg. Apreciará la vía de ferrocarril y la autopista que conectan con ella. Bueno, de acuerdo, quizás no sea comparable con la de Barcelona, pero basta y sobra para que estos chavales con esos pantaloncitos de cuero tan graciosos y los quintos de a litro puedan decidir ser marineros, aunque sea sin poder ver unirse la mar y el cielo.

Le pongo como modelo esta ciudad, pero, como le decía, este tipo de tráfico circula por toda Europa. Otro ejemplo de película se encuentra en las proximidades de Magdeburgo, donde tuve ocasión de admirar la solución que encontraron los ingenieros alemanes para que dos canales se cruzaran sin estorbarse: ¡un puente sobre el que navegan los barcos! El canal se eleva sobre el otro, levantando miles de toneladas. Lo que le digo: Allá donde hay voluntad hay un camino, pero el pusilánime solo ve problemas; el marino, soluciones.

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