Volver al listado de noticias

DEMAGOGIA CONTRA LOS BUQUES DE CRUCERO

  • Puertos
  • Entorno marítimo

NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 25/06/2016

Esa Oficina Antifraude de Cataluña que ahora ocupa las portadas de todos los medios de comunicación de España, cuyas revelaciones sobre la ciénaga pestilente en que había convertido su trabajo pone los pelos de punta, es la misma que enarbolaban de forma espuria quienes se arrogaban la defensa del Port Vell de Barcelona para desacreditar el proyecto de reforma acometido por la concesionaria que sustituyó a Fomento de Construcciones y Contratas (FCC).

Recordemos. Hubo un tiempo, todavía reciente, en que los/las abonados/as a la política de la protesta inútil derramaron en los medios de comunicación la insidia de que la tal Oficina estaba investigando el origen de los fondos invertidos en el Port Vell. Daban por sentado que esos fondos procedían de “paraísos fiscales” y “redes mafiosas”. Una vez llegados y llegadas a la Alcaldía de la ciudad, el supuesto escándalo se deshizo a la misma velocidad que los intoxicadores pasaron a ocupar los despachos y los coches oficiales del Ayuntamiento. La campaña orquestada había sido un mero peldaño en su ascenso al poder. Un chapoteo en el fango.

Más o menos los mismos y las mismas que alborotaban contra el Port Vell a base de conjeturas por debajo del nivel de Belén Esteban se han unido ahora al carro de la protesta contra los cruceros que tocan el puerto de Barcelona. Las razones que esgrimen invitan a la risa: la contaminación y que otras ciudades “también protestan contra los cruceros”. Dicen que la contaminación es evidente. ¿Alguien ha visto, preguntan, un camión de la basura junto a uno de esos buques? Nadie lo ha visto, concluyen, porque tiran sus residuos a las aguas del puerto (y a las del mar, supongo). Que semejante necedad sea capaz de movilizar a unos cuantos activistas en contra del puerto muestra el penoso nivel de esas personas.

Como curiosidad, consignemos que se refieren a esos buques como megacruceros, una categoría que estaría justificada si hablaran de los problemas de seguridad marítima que comporta el transporte de varios miles de pasajeros, pero que resulta irrelevante en su discurso. De todas formas, utilizar el prefijo mega añade un plus de dramatismo, como si con ello hablaran de un megaproblema.

Igual de irrisorio resulta el otro argumento supuestamente legitimador de la protesta contra los cruceros. Otras ciudades también protestan, afirman. Mienten a sabiendas e ignoran sin vergüenza. En Venecia, por razones de estricta seguridad, las autoridades valoraron en su momento que era arriesgado que los cruceros atracaran en el muelle de Santa Croce, de modo que los desplazaron a los muelles de Mestre. Ninguna protesta contra los cruceros. Al contrario. Venecia y sus autoridades pelean con dureza por cada línea y por cada buque que aparece por el horizonte. El crucerista es un visitante apreciado desde todos los puntos de vista. Las únicas protestas que conozco contra el tráfico de cruceros en otros puertos procede de los empresarios relacionados con la actividad portuaria, que se quejan de las autoridades que no son capaces de atraer más cruceros a sus muelles. No descarto, faltaría más, a los/las freakis ajenos a la realidad, que se divierten tirando contra todo lo que mueva sin su permiso o aquiescencia, el turismo sin ir más lejos, esa molesta actividad que tanto perturba a quienes quisieran que la historia fuera una foto fija.

Fatigado por tan inanes protestas me pregunto si algo escapa a mi comprensión. ¿Qué sentido tiene apuntar contra una actividad económica de enorme provecho para los ciudadanos? ¿De verdad son tan ignorantes como para creerse el cuento de la contaminación, cuando es público y notorio que el transporte marítimo es el modo de transporte menos contaminante? ¿Son capaces de creer que Ámsterdam, Londres, Hamburgo o Atenas rechazan una entrada del mejor turismo? ¿Ya no les preocupa el paro, los recortes en la sanidad pública, la degradación de la administración de justicia o la corrupción de los partidos políticos? ¿A qué intereses obedecen esas absurdas protestas?

En cualquier caso, esos tiros errados, ese retozar en el estercolero de las insinuaciones, ese criticar con grandísima ignorancia sirve para ocultar los problemas reales. La contaminación causada por los cruceros constituye un problema menor; el riesgo está en las dificultades para gestionar una emergencia con más de 1.000 pasajeros a bordo y una tripulación escasa y mal formada. Mientras nos escandalizamos con los rumores de café que el director de la OAC le regala o le vende al ministro Fernández, olvidamos, por ejemplo, la política depredadora de personal que ha impuesto la nueva dirección de la Marina Port Vell. Por supuesto resulta mucho más cómodo y fácil apuntar al lujo, así en abstracto, o a los megacruceros supercontaminantes, pura demagogia.

 

NOTICIAS RELACIONADAS

La reforma del Port Vell, castigada por noticias falaces

El gobierno municipal de Ada Colau y su iconica concejal Gala Pin

Las obsesiones del grupo Colau

Buscador

Introduzca los términos de búsqueda