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CRÓNICA DE UNA DIMISIÓN ANUNCIADA

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JUAN ZAMORA 15/01/2019

Blog: "El barógrafo"

Esta mañana, Rafael Rodríguez Valero ha presentado su dimisión, al presidente de la ciudad autónoma, con efectos 1 de febrero, como presidente de la Autoridad Portuaria de Ceuta. Finalmente, la presión de un entorno de corrupción asfixiante ha superado la capacidad de resistencia de un hombre honrado y decente que llegó a Ceuta ligero de equipaje, pero con un prestigio monumental y una maleta cargada de ilusiones. Desarrollar el puerto de Ceuta, un reto profesional al alcance de los conocimientos y la cultura de trabajo de Rafael Rodríguez Valero. Dragar el puerto para operar buques de mayor capacidad; construir un espigón de 340 metros, para cruceros; una dársena para puerto base de megayates; impulsar el puerto pesquero...

Proyectos malogrados por ese cáncer económico que representa la corrupción política, el abuso de poder y la impunidad que otorga el miedo silencioso de la sociedad.

Aunque la carta de dimisión al presidente Vivas Lara silencie las causas, es de esperar que tanto la ciudad como Puertos del Estado utilicen el sacrificio de Rodríguez Valero para sanear el puerto. Todo el mundo en Ceuta conoce la miserable corrupción que rodeaba la vida de Pepe Torrado, el simpático incompetente; y la insania del director del puerto, veleidoso en los gastos, imprudente en las decisiones y arbitrario hasta la iniquidad con el personal a sus órdenes. Todo el mundo confiaba en la fuerza de voluntad de Rodríguez Valero para acabar con esa situación. Las autoridades políticas -y la Administración judicial- no pueden ahora mirar a otro lado. Ceuta no debe seguir soportando los desmanes de unos malhechores que destruyen bienes y personas.

Siete meses ha aguantado Rodríguez Valero el cargo de presidente del puerto de Ceuta, siete meses de sobresaltos, de preocupaciones crecientes al darse cuenta de hasta qué punto el tumor corrupto había infectado la Autoridad Portuaria, siete meses de soledad y angustia.

En estos casos, el cronista suele consolarse con el pensamiento de que en realidad, como dirían los mejores estrategas, se trata de dar un paso atrás para avanzar dos pasos adelante.

 

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