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CONVOCADA HUELGA DE REMOLCADORES PARA EL 16 DE FEBRERO, LUNES

  • Gente del mar
  • Puertos
  • Navieras

NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 07/02/2015

Pues va a ser que sí, que habrá huelga de los remolcadores en toda España el próximo 16 de febrero. Así lo han decidido los barandas sindicales de la Confederación General del Trabajo (CGT), sector mar, escoltados por un letrado en nombre de la Unión Sindical Obrera, sector naftalina, podríamos decir; un par de viajeros del Sindicato de Actividades Marítimas del Estado Español (sic), sector “pequeños, pero poderosos”; y un enviado de la Organización de Trabajadores de Empresas Portuarias (OTEP), sector “nosotros también”.

A esta tropa convocante se ha adherido la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO (FSC-CCOO), sector mar, dicen, con el objetivo de mantener el espíritu unitario y de lucha del colectivo, un objetivo que desborda inteligencia y clarividencia y muy apropiado para resolver los problemas de los trabajadores, intensamente preocupados por el espíritu unitario de los sedicentes directivos sindicales, hasta el punto de perder el sueño y las ganas de comer ante tamaña desgracia. Por su parte, la Unión General de Trabajadores, Servicios de Movilidad y Consumo, facción marítima, ha decidido quitarse de en medio y observar los toros desde la barrera.

Escriben los convocantes que los motivos de la huelga son: 1. Respetar la legislación vigente en cuanto a la jornada, la prevención y la seguridad; 2. Vulneración de la buena fe de la negociación. Literal, no es broma.

Motivos que causan asombro y admiración, pues si alguien no respeta la legislación vigente lo que hay que hacer es ir al Juzgado de guardia, no a una huelga; y lo de la vulneración de la buena fe sólo es comprensible, como motivo de una decisión que puede paralizar la actividad portuaria, por las mentes excepcionales que han tenido la ocurrencia de añadir ese disparate en el escrito de convocatoria.

Que las empresas de remolcadores están preocupadas ante la posibilidad de que la liberalización de los servicios portuarios introduzca una competencia inasumible constituye una realidad indudable. Que las empresas, en general, están respondiendo a ese reto de futuro recortando gastos y prestaciones, y proponiendo a sus trabajadores recortes en sus condiciones de trabajo, es un hecho constatable. Como también lo es que esos recortes pueden incrementar la inseguridad laboral y dar lugar a carencias de personal y repuestos materiales que rebajen las condiciones de vida y trabajo a bordo de los remolcadores.

Nadie debería ignorar que la Historia no es una foto fija. Los cambios se suceden de forma inevitable. Caen determinados privilegios y nacen otros nuevos; desaparecen unas religiones y aparecen otras. Etcétera. La adaptación a esos cambios para que todo siga igual, como afirmaba el cinismo del príncipe de Salina, il Gatopardo, o para que el futuro reparta un mayor progreso social, constituye uno de los signos más claros de inteligencia objetiva. Y viceversa, la resistencia a los cambios suele traer desagradables consecuencias y supone a la postre un ejercicio inútil de valor o de heroísmo.

Volvamos a la convocatoria de huelga. Más allá de los motivos explícitos, ya comentados, ¿cuales son los objetivos de esta huelga? ¿Una defensa del status quo ante la próxima liberalización de los servicios portuarios, piérdase el mundo, pero que me salve yo, liberalización para los demás trabajadores, pero a nosotros que no nos toquen? ¿Una exhibición de fuerza para acoquinar a las empresas, que se enteren quien manda? ¿Un pulso intersindical promovido por la CGT para demostrar su pedigree irredimible y combativo?

La mejor doctrina sindical contiene el principio de que no se puede hacer una huelga en vano y que utilizar ese derecho democrático, última ratio de los conflictos laborales, por motivos espurios o poco claros, conduce a un callejón sin salida y a una dolorosa derrota con devastadores efectos para el futuro de los trabajadores. Alguien debería preguntarles a quién beneficia esa huelga. Y la respuesta cierta no apunta a los tripulantes y empleados de las empresas de remolcadores, ni, en mi opinión, a la tropa convocante de la aventura. Si no encuentran una respuesta convincente, piensen que con toda seguridad perderá la sociedad y perderemos casi todos.

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