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CINCUENTENARIO DE LA MUERTE DE ERNESTO ANASTASIO PASCUAL

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JUAN ZAMORA 07/01/2019

Blog: "El barógrafo"

El día 6 de enero de 1969, hace exactamente 50 años, murió en su casa de Madrid Ernesto Anastasio Pascual. Nacido el 4 de mayo de 1880, en el seno de una humilde familia que vivía en el Canyamelar, uno de los barrios que conforman hoy el distrito marítimo de Valencia, Anastasio llegó a ser uno de los empresarios más importantes de España, sino el mayor, y desde luego, con gran diferencia, el marino más relevante, el práctico que más hizo por la profesión y el naviero más culto e influyente de España. Alcanzó esas metas partiendo de la nada, con inteligencia, esfuerzo y tesón.

Con 12 años, su familia se trasladó a Barcelona en busca de un mejor horizonte vital. El niño acabó el bachillerato y, matriculado como oyente en la Escuela Náutica de Barcelona, consiguió en seis meses el nombramiento de alumno de náutica. Su padre se dedicaba al cabotaje en un pequeño velero, donde Ernesto Anastasio hizo sus primeras prácticas profesionales: un viaje de Barcelona a Canarias transportando melazas. El resto de las prácticas de alumno y de los días de embarque como piloto, necesarios para presentarse a los exámenes de capitán, los hizo en la ASUNCIÓN, una bricbarca construida con madera y refuerzos de hierro, por William Pile & Co., de Sunderland, al nordeste de Inglaterra, en 1869, bautizada en origen como MIAKO, comprada en 1894 por un consorcio de comerciantes de Barcelona. La ASUNCIÓN estaba dedicada a la ruta del tasajo, Peninsula-Caribe-Sudámerica-Caribe-Península. En octubre de 1901 desembarcó para examinarse capitán, título que consiguió en Cartagena el día 2 de enero de 1902.

Como todos los marinos de la época, su ilusión era mandar un vapor, un hermoso vapor liberado de la tiranía de los vientos, pero no tuvo suerte. Tras un año en Barcelona, Ernesto Anastasio tomó el mando del bergantín redondo SOBERANO, de 330 toneladas, con el que empezó a navegar en mayo de 1903. En realidad, el tiempo de espera y el embarque en un velero de cabotaje, con largas estadías en el puerto de armamento, Barcelona, permitieron a Ernesto Anastasio desplegar su talento organizativo y político. Fundó junto a otros compañeros la Asociación Náutica Española (ANE), dedicada a la defensa de los marinos y de la marina mercante; creó y dirigió la revista de la Asociación, Boletín Náutico; y en septiembre de 1902 fue elegido presidente de la ANE. Lejos de conformarse, Anastasio utilizó la presidencia de la ANE para impulsar la federación de asociaciones de marinos, imprescindible para que las vindicaciones de los marinos tuvieran alguna posibilidad de éxito. A pesar de todas las trabas y de la negativa de los náuticos de Bilbao a incorporarse (sí lo hicieron los maquinistas), Ernesto Anastasio creó la Federación de Asociaciones Náuticas en enero de 1905. En ese punto, con 24 años, Ernesto Anastasio, ve la necesidad de formar una familia y ayudar a su padre, con 63 años, que seguía navegando en condiciones muy duras, y acaricia la idea de presentarse a los exámenes de práctico, donde en el puerto de Barcelona ganaría un salario seis veces superior al que percibía como capitán del SOBERANO. La oportunidad se le presentó en 1906, cuando en los círculos marítimos circuló la noticia de que pronto se convocarían dos plazas de práctico. Ganó la primera, en marzo de 1907, con la mejor nota de los 17 candidatos que optaron a la plaza. Tenía 26 años, el práctico más joven de España.

Lo que para otros representa la culminación profesional y la tranquilidad de una economía muy saneada, para Ernesto Anastasio supuso sólo un paso más. Volvió a dirigir la Asociación Náutica Española, bregó para que el resto de asociaciones desperdigadas por España entendieran la necesidad de la federación, y en los ratos que tenía libres, de guardia en la casilla de prácticos, se puso a estudiar Derecho, título que consiguió en tres años, siempre como alumno libre, obteniendo en junio de 1912 el título de Abogado con la calificación de sobresaliente. Además, con tan sólo un año de experiencia como práctico, logró convocar en mayo de 1908 una magna asamblea de prácticos, que aprobaron la creación de la Federación de Prácticos de España y le eligieron como presidente. Dejó la Corporación de Prácticos de Barcelona en 1918, tras diez años de ejercicio profesional, pues ya no le era posible compaginar el practicaje con la dirección de Trasmediterránea. Un año antes había dejado de dar clases en la Escuela de Náutica de Barcelona, a la que accedió en 1913.

En 1914 se produce el que después se reveló como hecho crucial en la vida de Ernesto Anastasio: su encuentro con José Juan Dómine, para hallar una solución a los problemas que la huelga general de marinos presentaba en los barcos de la Valenciana de Navegación que suministraban las plazas de soberanía del norte de África. Entre Dómine y Anastasio surgió una admiración mutua, convertida en amistad y alianza, que les llevó a las cotas más altas. Juntos crearon Trasmediterránea, la gran naviera que Dómine presidió desde 1917 hasta su muerte, en 1931, y que Anastasio presidió desde 1932 a 1957. Juntos crearon Unión Naval del Levante (1924). Juntos participaron en la creación del Banco de Crédito Local (1924), del que Anastasio fue subgobernador durante muchos años. Y juntos, al servicio de los designios del Gobierno de Alfonso XII, crearon y organizaron la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos (1927). Ya sin su gran amigo, José Juan Dómine, Ernesto Anastasio experimentó la vida de un partido político, el Republicano Conservador de Miguel Maura; llegó a presidir la sección española de Paneuropa, un movimiento que propugnaba la unión europea, y de la mano del presidente de Banesto, Pablo Garnica, llegó a la presidencia de La Unión y El Fénix, aseguradora que Anastasio convirtió en la mayor de España, con fuerte presencia en el extranjero. Contribuyó a fundar la Asociación Española de Derecho Marítimo, de la que fue el primer presidente. Y llegó a presidir la Asociación de Navieros Españoles, entonces llamada Oficema.

No les voy a cansar con la retahíla de empresas relevantes que Ernesto Anastasio Pascual presidió; ni les voy a contar los muchos artículos, exposiciones y conferencias, que escribió y pronunció hasta poco antes de su muerte (un caudal de extraordinaria importancia que algún día alguien transformará en una tesis doctoral); ni, por supuesto, les voy a hablar de los muchos homenajes, medallas y condecoraciones que recibió. Me limitaré a subrayar dos aspectos de su vida que mantuvo incólumes hasta el día 6 de enero de 1969: siempre se consideró, ante todo, un marino, un hombre amante del mar y de los barcos; y siempre alardeó de su valencianismo, de su tierra natal, de la ciudad que en 1951 le concedió la medalla de oro.  

 

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