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CEREMONIA DE ALTO BORDO PARA ENTREGAR EL 'XXI PREMIO LITERARIO NOSTROMO, LA AVENTURA MARÍTIMA'

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 26/10/2017

A mediados de 1996 un marino visionario cargado de idealismo, Cecilio Pineda, se propuso crear un premio literario sobre la narrativa que hablara del mar, de los barcos y de sus gentes. Qué locura. A su lado intentaron disuadirle de semejante proyecto quienes sentían por Cecilio afecto y cariño. Un premio literario no se organiza tomándose un café o montando una tertulia de amigos y compañeros. Organizar un premio literario exige un trabajo ímprobo, sólo al alcance de las empresas e instituciones dedicadas a ello, digamos las editoriales y la Administración pública. El proyecto del capitán Pineda pasaba únicamente por la sociedad civil, una asociación creada ad hoc, con colegas, amigos y gente que pasaba por allí. Amigos de Nostromo.

Bien es verdad que Cecilio Pineda guardaba un as en la manga. Desde el Café Nostromo había contactado con el director de Editorial Juventud, Luis Zendrera, asiduo del local, un tipo inteligente, afable y con suficiente corazón como para escuchar con algo más que la atención que exige la cortesía la propuesta descabellada del capitán Pineda. También fueron arrastrados a trabajar en el proyecto algunos marinos habituados a participar en los empeños más duros e ilusorios. Fue mi caso.

Ese año de gracia, 1996, tuvo lugar el I “Premio Literario Nostromo. La aventura marítima”, naturalmente dedicado a Joseph Conrad, autor de la novela que da título al Café creado en 1990 por unos cuantos soñadores encabezados por Cecilio Pineda, y al concurso literario. Y Ayer, en el Museo Marítimo de Barcelona, en una ceremonia dispuesta con mimo por los responsables de la institución, Roger Marcet y Elvira Mata, se entregó el XXI premio Nostromo, tal vez el mayor acontecimiento cultural de la alicaída vida marítima española.  Dedicado a una escritora de aliento profundo, Carme Riera, mallorquina, que escribe en un catalán primoroso.

De los parlamentos que se ofrecieron desde la mesa que presidía el acto hay que destacar, en primerísimo lugar, las palabras del presidente actual de amigos de Nostromo, Agustín Montori, capitán de la marina mercante, miembro desde el origen del grupo de fantásticos soñadores que desde 1974 han protagonizados las obras más interesantes de la marina civil, desde el SLMM hasta el universo Nostromo y la empresa Naucher. Dijo Montori que la cultura es convivencia y todos entendimos que en la situación actual de Cataluña esa frase no era una obviedad, sino un deseo de calma y sentido común. Por su parte, Roger Marcet anunció su despedida del Museo Marítimo por jubilación.

Finalmente, tras escuchar una versión de “La balanguera”, el himno de Mallorca, interpretada por un violinista y una guitarra, excelentes, se dio lectura a los ganadores de los premios Nostromo de este año, la XXI edición. El premio infantil fue para Xavier Coll, siendo finalista Ona Mestre, que recibieron sus galardones de manos del Manuel Roca, el empresario de las míticas “Golondrinas” del puerto de Barcelona, otro soñador de la cultura.

El premio grande, el Nostromo de 2017, fue para Fernando de Cea Velasco, por una novela que cuenta la historia de dos viajes, uno en 1973, la goleta PITCAIRN, y otro actual del velero TRES FORCAS. Ambas historias componen un thriller trepidante cuya final no quiso el autor hurtar a los futuros lectores.

El acto acabó con tapeo a bordo de una “golondrina” paseando por las aguas tranquilas y oscuras del puerto de Barcelona. 

 

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