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AURELIO MARTÍNEZ RELEVA A RAFAEL AZNAR EN EL PUERTO DE VALENCIA

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DANIEL MOLERO 03/08/2015

Blog: "Viento de Tramontana"

Las elecciones autonómicas de hace pocas semanas y los cambios en varios Gobiernos han traído consigo diversos cambios en los puertos de interés general. Uno de ellos, quizá el más importante, es el de la Autoridad Portuaria de Valencia, por el peso de esta institución en el conjunto de España. Así, el Consell de la Comunitat Valenciana, ahora presidido por el socialista Ximo Puig, nombró el pasado viernes a Aurelio Martínez como nuevo presidente de los tres puertos de Valenciaport (Valencia, Sagunto y Gandía) en sustitución de Rafael Aznar.

Se trata de una noticia lógica y cantada desde el punto de vista político. Aznar, en sus más de diez años al frente de la Autoridad Portuaria de Valencia ha hecho algunas cosas muy bien y demasiadas cosas carentes de explicación –desdeñando los motivos meramente políticos, partidistas y presuntamente fraudulentos-.

Aurelio Martínez deberá dotar al puerto levantino de una personalidad propia, lejos de aquellas tristes palabras de Aznar de que “Valencia es el puerto de Madrid”. Y es que roza el patetismo y la amargura tener que depender de lo que marca la política madrileña para que tu puerto funcione o no lo haga. Máxime teniendo las grandes posibilidades que tiene.

Como, durante estos años, Rafael Aznar se ha plegado a las órdenes directas de la Generalitat Valenciana –siguiendo, claro está, las indicaciones de la sede Popular de la madrileña calle de Génova, primero, y de la Moncloa más tarde- desde el Ejecutivo central lo han compensado de manera muy agradecida.

Así, en los últimos años pudiera haber parecido que Valencia es el principal puerto del Mediterráneo, pero esta imagen es sólo un espejismo adornado con cientos de miles de contenedores vacíos en tránsito (aún a día de hoy se contabilizan así) que han ido a parar a Valencia gracias a unas tarifas a medida que, en todo caso, han reportado ingresos a una Autoridad Portuaria fuertemente endeudada y con un tejido empresarial autóctono sin comercio exterior propio (lejos de las naranjas o de la construcción), al revés de lo que ocurre en los vecinos puertos catalanes, o en el caso de la cornisa cantábrica en Bilbao o Vigo.

Eso, por no hablar de la Fórmula 1 (y su circuito urbano en terreno portuario) o el lastre económico que supuso la Copa América de Vela, dos acontecimientos que han dejado en la capital del Túria infraestructuras innecesarias y, presuntamente, cientos de miles de euros en los bolsillos de los cabecillas, conseguidores y pseudo-políticos de varias de las mayores tramas de corrupción que ha habido en España en los últimos años. En resumen, una burbuja.

Aznar deja una papeleta muy complicada a su sucesor. Si bien, hay cosas buenas en su deficiente gestión. Una de ellas es la Fundación Valenciaport, que ha dotado de visibilidad en el área marítima en formación, proyectos de logística, europeos, de I+D+i… a una comunidad carente de ellos.

Debería el nuevo presidente analizar muy a conciencia la situación real de la Autoridad Portuaria, lejos de los papeles que les puedan dejar sus predecesores… ¿por qué si Rafael Aznar decía aquello de que “es el puerto de mayor movimiento del conjunto de España” no le son acordes los resultados económicos?

Debería reunirse con sus colegas de Algeciras y Barcelona para hacer un frente común que mejore los puertos de interés general del Estado, dentro de una autonomía real, lejos de Puertos del Estado, tal y como pretende la Comisión Europea.

Y deberá hablar seriamente con algunas de las empresas de su comunidad portuaria, sobre todo en el entorno de Valencia (no tanto en Gandía o Sagunto) y hacerles ver que en un contexto de crecimiento económico tras una grave crisis lo fundamental es que crezca todo el conjunto de la población, no únicamente unos pocos. Que dejen las quejas atrás y se avengan a negociar con sus trabajadores, en caso contrario, los ratios de productividad seguirán siendo los que son ahora y jamás mejorarán.

 

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