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ASÍ ES COMO CRECE LA DESIGUALDAD

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  • Entorno marítimo

NAUCHERglobal, Juan Zamora 26/08/2016

Todas las estadísticas confirman el dato. España es el país de la Unión Europea donde más han aumentado las desigualdades sociales; los que más tienen, cada vez tienen más, mientras las clases medias y bajas disminuyen su nivel de renta. En ese viaje al desastre -ya Platón advertía contra la desigualdad como factor determinante de la explosión del Estado- nos acompañan Letonia, Lituania y Chipre, compañías que probablemente nunca hubiéramos escogido.

¿Qué caminos conducen a ese indeseable y peligroso resultado? Probablemente varios: los sueldos tremendos de los jeques y mandarines de algunos sectores, como por ejemplo el financiero, y de las compañías de suministros básicos, electricidad, agua, internet, etc.; la presión a la baja de los salarios modestos debida a la globalización desregulada; una normativa fiscal con graves errores técnicos y conceptuales; etcétera. En ese etcétera entra el ejemplo que a continuación les relato. No hay nombres concretos, no son necesarios. Al contrario, los nombres llevarían la atención a un caso limitado cuando la intención es que el lector comprenda el mecanismo -sólo un ejemplo menor, aunque nada anecdótico- que conduce a un aumento de las desigualdades.

Un organismo público -podría ser una Autoridad Portuaria, un Ayuntamiento costero o cualquier otro ente u organismo más o menos público- saca a concurso el contrato de gestión náutica de una embarcación que utiliza, entre otros usos, para pasear visitantes. Se presentan dos candidatos: la empresa que gestionaba la embarcación desde hacía años, pues había ganado los correspondientes concursos; y una empresa nueva. Ésta última propone un precio inferior, digamos cinco por ciento menos que el precio ofertado por la empresa que venía gestionando la embarcación. Así que la mesa de contratación, mirando los números por encima de todo, decide otorgar el concurso a la nueva empresa.

Esta nueva empresa, antes incluso de asumir la gestión que le han otorgado, llama a los tripulantes y al patrón de la embarcación y les anuncia una rebaja del sueldo en un porcentaje más que considerable, entre el 30 y el 40  por ciento: o lo aceptan, o se van a la calle. De propina les anuncia recortes varios en sus condiciones de trabajo, es decir más horas y menos medios para desarrollar su labor. Para dejar clara su determinación y amilanar a los trabajadores, despide a uno de ellos.

Puesto que el monto de los salarios de la dotación son la parte más importante del contrato de gestión, el resultado final es el siguiente: la nueva empresa ganará mucho más dinero del que podía obtener como beneficio la empresa antigua; el organismo público pagará, en principio, algo menos por el contrato (ya veremos si luego no salen los clásicos descosidos que causan las empresas depredadoras); y los trabajadores perderán una parte significativa de sus salarios, es decir se empobrecerán de forma notable. ¿Queda claro?

¿Qué hacen las autoridades que supervisan y regulan? Hasta ahora, que se sepa, nada; pero no debemos descartar que algún día despierten y comprendan que por ese camino vamos al desastre. Que aumenten las desigualdades es una garantía de que el futuro será mucho peor para todos.

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