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ASAMBLEA ANUAL DE ANAVE: A BRUSELAS DANDO Y A MADRID ROGANDO

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NAUCHERglobal, Juan Zamora 25/06/2014

Ayer se celebró en Madrid la asamblea anual de miembros de la Asociación de Navieros Españoles (Anave), con la tradicional comida tras la asamblea en la que participaron la secretaria general de Transportes del Ministerio de Fomento, Carmen Librero; el director general de Marina Mercante, Rafael Rodríguez Valero; algunos diputados y senadores, y un numeroso grupo de invitados (abogados maritimistas, asociaciones del sector, y personalidades vinculadas al sector marítimo).

La comida, patrocinada por las empresas Carus y Lloyd’s Register, tenía este año un doble atractivo. Por una parte conceder al director general de Marina Mercante el premio Carus Excellence 2014, concedido por la prestigiosa firma finlandesa vinculada a la innovación en tecnologías de la información y la comunicación; y por otra parte, atender los discursos previstos del o de la representante del Ministerio de Fomento (estaba prevista la presencia de la ministra Ana Pastor, quien no pudo finalmente asistir), y del presidente de Anave, Adolfo Utor, accionista principal, presidente y consejero delegado de la naviera Balearia.

La entrega del premio al profesor Rodríguez Valero se llevó a cabo con la sencillez y elegancia que caracteriza al actual director general de Marina Mercante y a la empresa que otorga el premio, Carus, cuyo presidente vino expresamente a Madrid para asistir al acto.

Los discursos

El primer discurso, de Adolfo Utor, tuvo  dos partes bien diferenciadas: en la primera parte, el presidente de Anave se deshizo en elogios y parabienes a la Declaración de Atenas, aprobada el pasado 7 de junio por el Consejo de Ministros de Transportes de la Unión Europea (ver noticia relacionada), “el documento programático más positivo que ha emanado de la Unión Europea en los últimos 30 años”. Entre los elogios se deslizaban algunos toques de atención y algunas peticiones para convertir las palabras en hechos, pues no bastan las buenas intenciones para que el sector marítimo europeo cumpla sus objetivos de servicio y calidad compitiendo con las navieras del gigante chino y de países emergentes, cuyos costes de explotación resultan sensiblemente menores que los que soportan en general las empresas de países de la Unión.

La segunda parte del discurso de Adolfo Utor miraba claramente a la Administración española. Hubo alegrías, como por ejemplo el reconocimiento de la labor del Ministerio de Fomento en la redacción final de la Ley General de Navegación Marítima, en la fase final de su tramitación parlamentaria; y hubo caras serias cuando el presidente de Anave pedía al Gobierno que acabe de abaratar el Registro Canario, permitiendo la libre contratación de personal extracomunitario; o cuando mencionaba la imprescindible acción pública para la instalación en los puertos de servicios que permitan el uso del gas natural licuado (GNL), como combustible para los buques, o la mejora de la financiación de las empresas y de los servicios marítimos (entre paréntesis: el presidente de Anave pidió públicamente que cundiera el ejemplo de la Autoridad Portuaria de Barcelona de bonificar a los buques con buenas prestaciones medioambientales).

El discurso que cerró el acto lo pronunció la señora Carmen Librero, secretaria general de Transportes, un discurso de aliño, bien leído, cargado de buenas palabras, difusas intenciones y la mejor disposición para atender las justas peticiones del esforzado y estratégico sector naviero español. Quedó claro, sin embargo, que el Ministerio pide a las empresas calidad y competitividad. Un discurso quedabien, ya digo, pleno de abstracciones y generalidades que a nada comprometen y de muy poco sirven. 

Después de los discursos sirvieron la comida. Y después, los presentes levantaron el vuelo y se fueron a gestionar y negociar sus problemas reales y sus deudas abrumadoras.

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