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ANTONIO LÓPEZ: LA ALCALDADA

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NAUCHERglobal, Eugenio Ruiz Martínez 03/03/2018

El ayuntamiento de Barcelona retirará mañana la estatua de Antonio López. Será el colofón de la campaña de desprestigio que hace justo dos años, al promover la Ruta de la Esclavitud, el consistorio decidió arreciar contra este insigne naviero cántabro y prohombre de la alta burguesía catalana. No hay nada que hacer contra esta alcaldada de una izquierda falaz, incapaz de aportar una prueba documental o un informe de alguien que demuestre que él fue un negrero o, al menos, un sobresaliente esclavista. Nada.

Me he reunido con los protagonistas de esta gravísima acusación (Comisionado de Programas de Memoria, SOS-Racismo, CC.OO.), lo intenté con UGT; he tenido un cruce de “emeiles”, hasta que él quiso, con quien más ha investigado al naviero, he recabado amparo al Sindic de Grueges de Cataluña. Ni por esas. Todo en vano.

La demagogia tiene barra libre en Barcelona para eliminar del espacio público casi a quien les dé la gana, sea al rey emérito Juan Carlos I (la plaza a su nombre se llama hoy Cinco de Oros), sea el marqués de Comillas. También la tiene para montar mañana un desmedido ceremonial, pues sabe la sonada importancia que tiene el modo en que se retire la estatua. El cómo es tanto o más determinante que el hecho en sí. No solo colmará la denigrante acusación con que durante años le han sobrecargado a dicha estatua; además quedará constancia de que Barcelona es la primera ciudad europea que retira un monumento relacionado con la esclavitud, el colonialismo y el imperialismo. ¿No hay otros en todo el Viejo Continente con muchísimos más galones y merecimientos que el acusado marqués de Comillas tomado de cabeza de turco?

¡Qué puntazo! Lo nunca visto. Campeones en la Champions League de lo políticamente correcto. El mensaje será que las ex metrópolis imperiales y esclavistas deberían seguir el ejemplo, el diktak progre, de la Ciudad Condal. De aquí la importancia de escenificar bien la alcaldada. No, no; todo menos retirar al marqués de Comillas de par de mañana con la única indiscreción del chirriar de la grúa hidráulica al remover la estatua. Al contrario: ¡Luz del mediodía, cámara, acción! Fiesta cívica con Els Comediants, música a todo trapo, talleres infantiles, una actriz, una activista y otros más de comparsa…, discursos, paneles informativos… Que no falte nada. Hay que cebar la bomba del populismo para que acuda suficiente gente porque consiste en trasmitir la impresión de que Toda Barcelona participa en el exorcismo de quitarse de encima a quien el Ayuntamiento ha catalogado de negrero: “La ciudad no puede homenajear a una persona de estas características, tan directamente vinculada al esclavismo” (Gerardo Pisarello, teniente alcalde de Barcelona).

Si tan claro lo tiene el Ayuntamiento por qué no me ha aportado un dato, un simple documento, que justifique su decisión. Eso sí, mucha fiesta cívica; y no sé si también una invitación al incivismo para que quizás algún desalmado agreda la imagen de Antonio López con la violencia gratuita que se conjuró contra el dictador en la infausta exposición “Franco, Victoria, República, Impunidad y paisaje urbano”. Confiemos que al menos se guarden las formas, siquiera para no ocasionar otra esquirla en la imagen de una ciudad golpeada hoy por el terrorismo, la secesión, el conflicto político y la fractura social.

Lo que mañana ocurrirá seguro es la traca final de derribar la estatua de Antonio López con muchos festejos, pero sin ningún informe o documento que lo justifique. Puro vandalismo oficial, una suerte de escrache tan propio de la activista Ada Colau, amenizado por comediantes, títeres y payasos. Termina así una campaña orquestada por el actual Ayuntamiento de Barcelona años después de que los sindicatos mayoritarios y SOS-Racismo acusasen de negrero al marqués de Comillas. ¿Pruebas? Ninguna. Tampoco el Ayuntamiento ha sido capaz de aportarme al menos una. Y mira que lo tenía fácil pedirle un informe a Martín Rodrigo Alharilla, el intelectual más especializado en temas de indianos y esclavistas, muy en especial en Antonio López y los marqueses de Comillas. ¡Pero qué ha pasado para que no exista ni un folio oficial redactado o firmado por Alharilla! No basta con sus pies de página, ni con sus conferencias ni artículos de prensa para lanzar sólidas acusaciones de negrero contra Antonio López, máxime cuando sus fuentes de primera mano no son tan determinantes como pudiera parecer. Por lo que sé, como único o más especializado en la figura del marqués de Comillas, este historiador no se ha pronunciado públicamente a favor de retirar la estatua. ¿Lo considera un atropello? Sus pruebas aportadas no van más allá de constatar que en Cuba Antonio López intermedió en la compraventa de esclavos y durante unos años tuvo plantaciones con fuerza laboral esclava, todo ello acorde a escrituras notariales y a los usos sociales aceptados en su época. Además, el argumentario de Alharilla desmerece porque respalda sus tesis con el infumable libro escrito por el resentido Francisco Bru Lassús contra su cuñado Antonio López.  

La precaria aportación de Rodrigo Alharilla a las acusaciones de negrero contra el marqués de Comillas es evidente porque deja sin firmes asideros a quienes se empecinan en denigrar al naviero cántabro. Cojean demasiado tanto la propaganda auspiciada por el Ayuntamiento (Ruta de la Esclavitud) como los actos y artículos de divulgación de quienes pasean la misma cabra de lo negrero que fue dicho prohombre, sin más pretensiones que hacer un cortaypega del experto en la materia, doctor en Economía por la UB y profesor de Historia en la UPF. Para no ser exhaustivo analizaré sobre todo la Ruta de la Esclavitud y la conferencia “Cataluña, Cuba y la Esclavitud Negra” que dio Àngel Guàrdia Farran en el Centro Cívico Cocheras de Sants (01-02-2018).

Las limitadas pruebas que aporta el mayor especialista en Antonio López tienen su correlato en los magros argumentos de quienes abordan el mismo tema. La ruta Herencia de la Esclavitud en Barcelona, impulsada por el Ayuntamiento en colaboración con la Asociación Conocer la Historia y con el Observatorio Europeo de Memoria (Eurom), adscrito a la Universidad de Barcelona, convocó el 8 de marzo de 2016 a los principales periódicos de Barcelona y Madrid, aparte de otros digitales de menor rango, para dar a conocer el pasado esclavista de la ciudad. Fue con ocasión del Seminario Internacional: Memoria, Arquitectura y Espacio Público y acudieron tantos periodistas que gracias a sus variadas y, en lo esencial, coincidentes crónicas me ahorraron informarme de primera mano de semejante patraña.

En una ciudad con reclamos de rutas turísticas y culturales de toda clase (Modernismo, Picasso…), ¡hasta de tapas!, lo serio e interesante sería crear la ruta de los indianos por la cantidad de ellos que se instalaron aquí, por su singular historia personal, por la exótica belleza de sus mansiones y por su enorme contribución al despegue económico y cultural de Barcelona. Vendría a pelo para explicar también su vinculación con la esclavitud por cuanto, directa o indirectamente, muchos de estos burgueses se enriquecieron, o empezaron a hacerlo, a costa también de los negros esclavos. La ruta de los indianos ofrecería una perspectiva justa, digna y atractiva sobre la herencia dejada por ellos a Barcelona. Por contra, la Ruta de la Esclavitud es un desastre se mire por donde se mire. De rondón intercala apuntes de la esclavitud en la Edad Media, pero el objetivo de esta ruta sería poner el foco en Juan Güell Ferrer para acabar centrándolo a saco en Antonio López.

Resulta patético que el guía admita que de Juan Güell no existen pruebas de que fuera negrero porque sus descendientes se encargaron de destruirlas: “Es muy difícil documentar el tráfico [de esclavos] porque muchos archivos, sobre todo familiares, fueron destruidos”. ¿Qué? Más parece la ligereza de un historiador con licencia para, a falta de pruebas, acusar porque lo exige el guion que justifica su trabajo y el nombre de la Ruta. Pelillos a la mar, porque lo relevante para esta Ruta impulsada por el Ayuntamiento es injuriar a Antonio López. Por algo el guía pertenece a la Asociación Conocer la Historia y es coordinador de Eurom, que con ‘Programas de Memoria’ forman el epicentro del acoso y derribo contra el marqués de Comillas desde que Xavier Doménech se puso al frente de dicho organismo municipal en 2015. ¡Qué casualidad! Los únicos edificios de indianos explicados en la Ruta son los relacionados con la residencia y empresas de Antonio López: Palacio Moja, Tabacos de Filipinas (Hotel 1898) y Banco Hispano Colonial (Bcn Hotel Colonial).

Con dos apellidos de grueso calibre (López y Güell), el guía cumple el expediente de la Herencia de la Esclavitud en Barcelona. Y de ellos solo admite que existen algunas pruebas del pasado negrero de Antonio López. En un recorrido de este tipo no es cuestión de sacar fotocopias de los libros de Rodrigo Alharilla que, sin ser determinantes para acusarlo de negrero, sí apuntan a que estuvo relacionado con la esclavitud. Pero que el guía habla por hablar queda claro cuando recurre al libro de Francisco Bru Lassus para corroborar que hasta su propio cuñado aporta pruebas de lo despiadado negrero que fue Antonio López. No es el único en creer a Francisco Bru. Hay que ser ignorantes para dar validez a su obra “La verdadera vida de Antonio López y López”. Bastaría con que se molestasen en leerlo y releerlo cuanto quieran en la Biblioteca Nacional de Cataluña para no dogmatizar con lo que afirme alguien cargado de odio. No se merecen esta propaganda quienes dedican dos horas y una decena de euros en conocer la herencia de la esclavitud en Barcelona.

El libro de Bru no cuenta la vida del negrero Antonio López. Apenas dedica a ello unas escasas y demenciales páginas, encima no aporta testimonios ni pruebas sobre unos hechos que ni él conoció de primera mano, porque en esos años estaba en la Península, y aún era un muchacho. Por si esto no basta para considerarlo un estercolero de libro, hay que añadir que se publicó cuando Antonio López había muerto y su objetivo era chantajear a su heredero Claudio López Bru. ¡Con qué frivolidad e ignorancia se recurre con harta frecuencia a este libro para afirmar que hasta su propia familia acusaba a de negrero al marqués de Comillas! Dicha obra no tiene nada que ver con la vida novelada “El negrero” (1933) en la cual el cubano Lino Novás Calvo narra, tras un trabajo de investigación, las tropelías del notorio negrero malagueño Pedro Blanco Fernández de Trava, Pedro Blanco el Negrero.

Lo que pasa es que todo vale contra Antonio López con tal ver volver a echarlo abajo. También las afirmaciones de que su estatua era conocida como el Negro Domingo y concitaba la mayor animadversión entre los barceloneses. Claro que, con tanto repetirlo también en la Ruta, al final se propaga el mote por la prensa y así es más fácil que sea conocido por el Negro Domingo y se consolide la posverdad de que fue un connotado y odiado negrero. Es una descarada propaganda porque al final, la principal finalidad del recorrido de la Ruta era retirar mañana la imagen de Antonio López.

La Asociación Conocer la Historia, al igual que la productora Metromuster, entre otras, son formalmente independientes y más o menos sin ánimo de lucro, pero a efectos prácticos dependen de las instituciones de su misma cuerda y por tanto actúan para ellas como cadena de trasmisión de mensajes, en este caso contra Antonio López. Es un proceder al que recurren los poderosos de cualquier color para rebozar de campañas (presuntamente) independientes, de abierta y democrática participación ciudadana, lo que de veras es demagogia y propaganda. Pero este es un tema que me desvía de la Ruta. Sigamos.

Sólo con salvedades se puede relacionar directamente con la esclavitud al Banco Hispano Colonial y a la Cía. General de Tabacos de Filipinas, entes donde el marqués de Comillas podría tener una participación en torno al 15% y sus accionistas eran de diverso tipo y procedencia. Pero en vez de explicar este dato que diluye el esclavismo de la Ruta, se opta por cargar tintas sobre el marqués de Comillas para enmarcarle mejor con el supuesto dinero estrujado a los negros esclavos a finales del siglo XIX. Contra más se exagere, mejor para acusar con más razón a los negreros y esclavistas. Un modo de hacerlo es aumentar incluso en millones el número de negros arrancados de África hacia América. Otro, no contextualizar la realidad de la esclavitud a la época de Antonio López, cuando dicha inhumanidad había pasado sus peores momentos. Por ejemplo, no era igual la mortalidad de los esclavos durante el pasaje en barco en 1850 que un siglo antes. El galeón había dejado paso al clíper (ej. barco negrero ANTONIO, 1860) y las mejoras en la navegación (sextante, cronómetro, cartas…) hacían el pasaje más corto y seguro. Aparte de que los esclavos habían subido tanto de precio que merecía la pena cuidar mucho la mercancía.

El totum revolutum de cifras y años tienden a sobredimensionar la dura tragedia que aún les tocó vivir a los esclavos en las postrimerías de la esclavitud en Cuba. Un caso claro es cuando se explica el comercio de esclavos, como en la Ruta de la Esclavitud de Barcelona, adjuntando, según se ve en una fotografía tomada ante el monumento a Juan Güell, el archiconocido plan de carga del barco negrero BROOKES (1789). Este velero existió, pero el plan de carga no es real, pues se dibujó para despertar las conciencias contra el tráfico negrero en una sociedad que a finales del siglo XVIII seguía mirando indiferente para otro lado. Sirvió con gran éxito para hacer campaña antiesclavista en el Reino Unido. El horror que despertaba visualizar el deshumanizado encajonamiento de personas esclavas resultaba intolerable para quien tuviese un mínimo de sensibilidad. También eran propaganda política abolicionista las conocidas láminas “Injured Humanity” (A. Anderson y Samuel Wood, 1805). Sus dibujos suelen ilustrar los artículos contra Antonio López con grabados de máscaras de hierro, de collares insufribles y de grilletes con pinchos… Resulta efectista una manipulación a la que se recurre, fuera de tiempo y lugar, para vituperar al marqués de Comillas.

Para entender la diferencia entre propaganda y realidad en los cuadros y grabados sobre la esclavitud vale la pena leer “Blind Memory: Visual representations or Slavery in England and America 1780-1865” (Marcus Wood, 2000). No es que la verdad estuviese siempre alejada de la manipulación propagandística, pero al menos hay que avisar y contextualizar lo que se explica o gráficamente se expone. Basta ver la diferencia entre el dibujo del plan de carga del BROOKES, con las láminas a carboncillo y acuarelas que dibujó el lugarteniente de la Armada británica Francis Meynell tras capturar al barco negrero español ALBANOZ en 1846. En su cuaderno de dibujo aparecen varios bocetos, uno de ellos con hacinados esclavos en el entrepuente del barco, sin cadenas a la vista. Vendría a ser un testimonio de primera mano sobre el trasporte marítimo de esclavos en la época de Antonio López. Bastante dramático era aún entonces la esclavitud como para explicarla con la horripilante propaganda del BROOKES cuando contamos con la objetividad del ALBANOZ.

Y en este afán por infamar a Antonio López con cifras y grabados descontextualizados llega al extremo de contraponerle a Clotilde Cerdá Bosch (1861-1926) como si ésta fuese una catalana comprometida con el abolicionismo. A la patraña de acusar al naviero de ser un negrero de manual, se le suma la patraña de enaltecer como antiesclavista a quien no lo fue. Queda perfecto confrontar al villano y a la adalid. ¡Lástima que sea mentira! Clotilde Cerdá merecería capítulo aparte por ser una virtuosa concertista de arpa y, sobre todo, por su modernidad en cuanto a su visión de los problemas sociolaborales, en especial los relacionados con las mujeres. Fue una adelantada a su tiempo que bien merece la plaza/jardín de semi-patio interior que tiene en una manzana del Ensanche de Barcelona ya sólo por romper moldes a favor de la mujer. Pero de antiesclavista, lo justo para no quedarse en una mera veleidad contra los intereses creados por el trabajo esclavo.

En la Ruta de la Esclavitud, y en diversos artículos de prensa, sale ella a colación cuando se refieren a la sonada manifestación contra la esclavitud que hubo en Barcelona en 1872. Lo cierto es que Clotilde Cerdá tenía entonces once años y estaba con su madre en París, pues esta última era dama de honor de la exiliada Isabel II. Supongo que vale la pena extenderme aquí en resaltar a esta fascinante mujer dado que se la suele contraponer a Antonio López.

Se afirma que fue hija ilegítima del ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdá, creador del plan del Ensanche de Barcelona. Lo cierto es que Clotilde era hija de su esposa Clotilde Bosch y de no se sabe qué señor. Cerdá le dio el apellido a la bebé quizá sólo para evitar escándalos, pero al separarse el matrimonio, en 1864, desheredó ipso facto a la niña dejando todo para las tres hijas que sí eran suyas. Salvando este inciso, Clotilde Cerdá mal podía ser una destacada antiesclavista por cuanto fue siempre la niña bonita de la reina Isabel II (ej. afectuoso carteo entre ellas), tuvo por Europa el apoyo de las realezas y salones burgueses; gozó en la España de la Restauración del apoyo de las altas instancias; y en Cuba fue agasajada por el capitán general Joaquín Jovellar y por Arsenio Martínez Campos, quien llevaba, con el apoyo cerrado de los esclavistas, el peso de la guerra contra los independentistas.

Tanto apoyo, unido a sus excepcionales y precoces cualidades para tocar el arpa, explica que se convirtiera en una afamada concertista, con el nombre artístico de Esmeralda Cervantes, no parase de hacer giras de conciertos por Europa y América, y viviese de la música tanto en la corte del Sultán turco (1892-95) como en la república mexicana (1907-15), hasta que en 1916 con su marido fijó su residencia definitiva en la isla de Tenerife.

No le faltaban méritos a esta excepcional señora y arpista, quien además fue pedagoga, filántropa e impulsora/colaboradora de revistas femeninas (La estrella Polar, La Ilustración de la Mujer, El Ángel del Hogar). Pero no destacó como antiesclavista. ¡Qué va! Si uno repasa los 362 documentos que de algún modo recogen su vida en el “Álbum de Esmeralda Cervantes”, en parte transcritos en el libro “Els Viatges de Clotilde Cerdá” (Isabel Segura, 2013), comprobará que la esclavitud está casi ausente y sólo tangencialmente tuvo ella simpatía por los independentistas cubanos. “La causa de la independencia de Cuba tuvo en ella [C. Cerdá] una centinela avanzada” (1877), según Enrique Trujillo, miembro de la Sociedad Literaria Hispano Americana. Pero, los hechos desdicen o rebajan la fuerza de esta cita.

Ostentar el aval de la familia real española siempre le abrió muchas puertas. Tocó su primer concierto en público cuando sólo contaba once años y se consagró como arpista en la Corte de Viena (1874). Y la Restauración de los Borbones le favoreció mucho con actuaciones y galardones. Siendo nombrada profesora de mérito del Liceo de Barcelona tras actuar allí en un concierto benéfico, presidido por Martínez Campos, a favor de los heridos de la guerra de Cuba (febrero, 1875). Su vida se convirtió a partir de entonces en una retahíla de reconocimientos y nombramientos.

Fue una mujer tan benefactora como proclive a pedir recomendaciones aprovechando que tenía hilo directo con la monarquía española y con los políticos de la Restauración (Sagasta, Cánovas, Rius i Taulet...). ¡Cómo para ser una activista a favor de los esclavos! Desde luego, no perteneció a la Sociedad Abolicionista Española ni colaboró en la revista El Abolicionista, foros donde sí figuraban y apoquinaban los antiesclavistas de veras (Labra, Castelar, Moret, Salmerón, Clara Campoamor, Concepción Arenal, Echegaray…). Lo más que se sabe es que llegó a pertenecer a la masonería, haciéndola proclive al pacifismo.

Eso no quita que tantos viajes, en compañía de su madre hasta que ésta murió en 1900, incidiese en que ya adulta se convirtiese en una inconformista de ideas avanzadas, al extremo de que fundó en Barcelona (1885) la Academia de las Ciencias, Artes y Oficios de la Mujer, para que las mujeres entrasen en el mundo laboral con al menos un mínimo de estudios reglados. Dos años después tuvo que cerrarla tras perder 22.000 pesetas en el empeño. Su fracaso se explicaría, al menos algo, en que su proto feminismo desencajaba en la alta burguesía catalana que debía haberla apoyado más, pero cuyos destacados miembros se limitaron a ser un puñado de protectores de la Academia un tanto rácanos, incluso Batlló, Girona, Ferrer Vidal que fueron quienes más aportaron. Tampoco recibió la ayuda esperada por parte de la Corte, pues cuando descorazonada la pidió, le pasaron cuentas por meterse en cuestiones sociolaborales y, en menor medida, por sus velados apoyos al abolicionismo y al independentismo cubano. La respuesta a su solicitud fue un tirón de orejas por parte del conde Guillermo Morphi, secretario de la reina regente María Cristina:

“Por el cambio que vengo notando en su personalidad y en sus aspiraciones desde hace años (…) Un día aparece V. en Cuba como queriendo resolver por su influencia el problema de la esclavitud; presidiendo manifestaciones y juntas que nada tienen que ver con el arte, y ahora le veo a V. erigida en protectora de la clase obrera catalana y de la educación de la mujer, más propios de hombres encanecidos en los arduos problemas de que depende nuestra generación que de jóvenes artistas a quienes tales cuestiones perjudican más bien que benefician desde el punto de vista de su desarrollo intelectual” (1886).

Este párrafo explicita que Clotilde Cerdá tuvo alguna que otra inclinación abolicionista durante sus estadías en Cuba. Aun así, debieron ser testimoniales porque cuando dejó la Isla a principios de 1877 después de unos tres meses de hacer numerosos conciertos benéficos para los heridos de guerra, las autoridades la despidieron concediéndole la medalla de oro y diamantes en “agradecimiento a los filantrópicos sentimientos mostrados a favor de los sostenedores de la integridad de la patria” (Galería de Retratos de Mujeres Notables, La Ilustración de la Mujer, noviembre de 1883).

Años después, en 1893, Clotilde se ofreció a dar conciertos en el Casino Español de La Habana, último reducto que había sido del esclavismo. Se lo agradecieron. E incluso el toque de atención que había recibido del conde Morhpi quedó en poco y este volvió a cartearse con ellas a tono con sus buenas relaciones de siempre: “Su afectuoso amigo (…) Mi distinguida amiga”. Nada serio había pasado. Señal que Clotilde Cerdá nunca destacó como abolicionista por más que ahora en Barcelona la quieran revestir de activista a favor de los esclavos. A cada cual lo suyo. La manipulada imagen de Clotilde Cerdá guarda algún paralelismo con la que ha sufrido Antonio López. Son posverdades. ¡Qué falaces son quienes tergiversan la memoria histórica para que Barcelona tenga un horrendo negrero y una comprometida antiesclavista!

Otro tanto pasa cuando se hincha el perro del tema sobre la esclavitud y Cataluña. Vas a escucharlo y resulta que hay tan poco que casi es nada. Es el caso de la conferencia “Cataluña, Cuba y la Esclavitud negra” que ofreció Àngel Guàrdia Ferran en el Centro Cívico de las Cocheras de Sants (01-02-2018). El acto prometía y me encontré no con el reclamo del título, sino con lo que el conferenciante acabó su larga (dos horas) y amena explicación: “Dar una visión diferente sobre la esclavitud (…) espero que lo haya conseguido”. Él es un ingeniero técnico electrónico, máster en comercio exterior y ahora inmerso en la antropología social y cultural. Vamos, que (supongo), como otros muchos jubilados, tal que yo, no para quieto y está a deseo de contribuir a la sociedad.

Me resultó útil escucharlo para comprobar las limitaciones que tiene el divulgar la relación de Cataluña con la esclavitud en Cuba. Àngel Guàrdia ofreció una visión general de la esclavitud desde los tiempos bíblicos, un repaso de historia de Cuba, unos apuntes sobre el tráfico de negros desde África, claros brochazos de la vida laboral y cotidiana de los esclavos cubanos…, pero sobre Cataluña y la esclavitud se mostró parco. Fue taxativo, sin ninguna prueba, en que Juan Güell y Antonio López fueron negreros; se refirió a algunos otros catalanes y a la participación de los astilleros, navieros y marinos del Maresme y del Garraf en la trata de negros.

Estuvo bien en divulgar su visión de la esclavitud en general, de Cuba en especial, pero no se atuvo al título de la conferencia por cuanto divagó en demasía sobre aspectos de la esclavitud que no tenían que ver con Cataluña. Una cosa es enmarcar el tema contextualizando en la historia general de la esclavitud y de Cuba, y otra enmarcarlo tanto que apenas quede lienzo donde exponer el foco de “Cataluña, Cuba y la Esclavitud Negra”. Es lo que hay. Como en la Ruta de la Esclavitud. De donde no hay no se puede sacar por más que se desee magnificar el tema. Barcelona no es Bahía o Matanzas donde quedan evidencias de su pasado negrero. Aquí no hay barracones, ni picota, ni astilleros; tampoco fondas, muelles relacionados con la esclavitud, sala de remate de venta de esclavos, palenques, incriminatorios legajos de escribanías… Por esto, puestos a tratar el tema se opta por divulgar o disertar sobre la esclavitud en general, pues en Cataluña queda sólo el gran rastro dejado por el dinero ganado en un sistema esclavista. El resto es hablar por hablar. O lo que es lo mismo, retirar la estatua de Antonio López sin más argumentos que una alcaldada.

 

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