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ÁNGELES EN LA CONSOLA

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NAUCHERglobal, Miguel Aceytuno 03/03/2018

Si no fuera por lo importante de la disciplina de radio, le diría que hiciera la prueba de que en la noche de Navidad, o a punto de las uvas de Año Nuevo, transmitiera por el canal 16: “Paz en la mar a los hombres de buena voluntad”. Le doy mi palabra de que, en lo más profundo de la noche fría, en el bochorno de una tarde de verano, en el mismo momento en que lee estas líneas, su mensaje no se perderá. Siempre será escuchado al menos por un receptor: Salvamento Marítimo.

Hablamos hoy de unos marinos invisibles, de los que nunca querríamos acordarnos. Cruzo los dedos a Neptuno para que nunca los conozca usted en su vida. Eso sí, cuando vienen mal dadas, cuando por una imprudencia o descuido nos hemos puesto en peligro a nosotros y a toda la tripulación –la mar no da medalla de plata– ahí están, aunque caigan chuzos de punta y el barómetro baje a los infiernos.

En lo alto de la torre de control de Barcelona, en el Centro de Coordinación de Salvamento, situada en la Zona Franca, nos recibe la capitán o capitana Lali Pujol Valls, jefa del centro. La vista del puerto es admirable, pero los operadores tampoco tienen demasiado tiempo para disfrutar de ella. Un ojo en el AIS, otro en el radar, otro en la pantalla donde se despachan las incidencias que llegan; una oreja en el VHF –canal 16, por supuesto, y en Barcelona 10–, otra en un teléfono donde va a parar todo accidente relacionado con la mar, otra despachando lo recibido sabiendo que los recursos son preciosos. Sobre una mesa, bien a la vista, está la carta en papel. No hay nervios, puesto que solo entorpecerían el trabajo, pero sí la conciencia de que hay vidas que penden de cada una de las teclas que tocas.

Pregunta. Muchísimas gracias, capitana Pujol, por recibir a NAUCHERglobal. Por favor, háblenos de sus funciones.

Respuesta. Salvamento Marítimo depende del Ministerio de Fomento. Básicamente son tres nuestros objetivos: primero y principal, por supuesto, cuidar de las vidas humanas; segundo, luchar contra la contaminación; tercero, la gestión del tráfico marítimo. Nos contactan por radio todos los buques que se aproximan a Barcelona una hora antes de su llegada. Nos informamos de cuánta gente llevan a bordo, si cargan mercancías peligrosas… A dos millas, los pasamos a Control de prácticos. Por supuesto recibimos cualquier aviso relacionado con una incidencia en la mar por radio o teléfono, y movilizamos los medios de salvamento.

Cuando entré en la torre de control solo teníamos el radar y la radio para comunicar con los barcos. Era difícil a veces ponerles nombre. Hoy en día, con avances como el AIS o las comunicaciones nos es mucho más fácil tener una visión global de la situación. Antes solo tenías un punto en la pantalla del radar. Ahora, si el barco tiene buena electrónica, tienes toda la información para situar su posición y rumbo, lo que favorece mucho el rescate. En el Centro de Coordinación de Salvamento de Barcelona, el trabajo es por turnos, y en temporada alta puedo asegurar que más te vale venir bien comido de casa, que no vas a levantar la vista de la pantalla en toda la guardia. Recibimos llamadas por radio, pero también por teléfono, bien en el 900 202 202 –que en un futuro será retirado– o por el 112 de emergencias. También en determinados casos puede contactarnos la policía portuaria. En fin, si tiene relación con la mar por aquí pasará.

P. ¿Con qué medios cuentan para dar respuesta a esas llamadas?

R. En Catalunya tenemos el remolcador de altura PUNTA MAYOR, y desplegadas embarcaciones Salvamar en Barcelona, Vilanova, Tarragona, San Carles de la Rápita, Port de la Selva, Rosas y Palamós. Como medios aéreos tenemos un helicóptero con base en Reus, y de ser necesario, por ejemplo, para una búsqueda sobre una gran área, un avión despegaría desde Valencia. Es una flota moderna, en la que se invirtió mucho tras el desastre del PRESTIGE

Debe tenerse en cuenta que nuestra responsabilidad es de rescate y no médica. Nuestros medios no están medicalizados, aunque nuestro personal está formado en primeros auxilios.

P. ¿Son bastantes estos medios?

R. Bueno –sonríe la capitán– siempre hay que pedir más. De todas formas, quienes nos llamen tienen que comprender que a veces es necesario priorizar los servicios. Si hay que atender una evacuación médica o el remolque de un barco al que la corriente está a punto de lanzar sobre las rocas, otro remolque de una embarcación bien provista de agua, sin menores ni enfermos y en situación estable, tendrá que esperar. En los meses de verano el número de incidencias se multiplica por el gran número de embarcaciones de recreo que salen a navegar.

P. ¿Algún consejo en especial para estos últimos?

R. Una buena puesta a punto. Parece mentira cuántas intervenciones se generan por falta de mantenimiento, por no haber revisado el barco que ha estado todo el invierno atracado. Y, por favor, aunque no sea obligatoria, ¡llevad radiobaliza! De acuerdo que es un dinero, pero también se puede alquilar para ese viaje de verano, y cambia completamente las posibilidades de ser rescatado. ¡Radiobaliza siempre! Y hay que mirar la Meteo. Nosotros la distribuimos a los clubs náuticos, pero hay montones de aplicaciones para el móvil o páginas web. Luego cambia el viento y pilla por sorpresa.

P. Una pregunta que quizás no deberíamos hacer, pero que desafortunadamente aún se plantea: ¿Cómo influye ser mujer al dedicarse a la profesión de marino?

R. El hecho de que se pueda plantear esta pregunta ya nos indica que aún queda por hacer. De todas maneras, legalmente, hoy en día una mujer no tiene mayor problema. Recuerdo mi primer embarque, veinte años atrás, recién salida de la facultad... Mi primer capitán no quería mujeres a bordo y ahora me felicita todos los cumpleaños y las Navidades. Hay que comprender que aún haya personas de generaciones en las que chocaban las mujeres a bordo. A mí lo que me preocupa es encontrar gente joven a la que aún le parezca extraño.

P. Tiene que haber momentos preciosos, pero otros muy duros…

R. Sí, pero tienes que hacer el esfuerzo y superarlo antes de volver a casa con los tuyos. Si eliges este trabajo ya sabes las cosas que vas a ver. Te vas curtiendo con los años. De todas maneras, yo no navego con mi familia, y he dejado de bucear. Piensas en todas las cosas que pueden salir mal, y te afecta, pero también hay momentos divertidos. Una vez, un barco que iba de Francia a las Baleares desapareció durante unos días. La madre del patrón nos llamaba angustiada. Finalmente llegó a puerto sin novedad. Cuando la llamamos para confirmarle que su hijo estaba bien, nos dijo agradecida: “Mi hijo es cirujano. Si necesitan cualquier operación de corazón se la hará gratis”. Otra vez nos reportaron la caída de un globo aerostático al mar. Podía ser un peligro para la navegación. Cuando llegó la embarcación de Salvamento resultó ser un enorme montón de globitos de propaganda. Los llevamos a puerto, y todo niño que pasaba por nuestro lado se llevó uno.

Unos números rápidos para que nuestros lectores se hagan idea del volumen de trabajo: En 2016 hablamos de 5.693 actuaciones, que involucraron a 17.921 personas a bordo de 4.018 embarcaciones. Y estas estadísticas no hacen más que subir cada año. Imagine usted como sería la mar… si al otro lado del canal 16 solo hubiera silencio.

Termina la entrevista, y salgo de la torre de control pensando en todas las tonterías que he hecho sobre la mar, ya sea por mi poco conocimiento o imprudencia. La capitán Pujol me ha dado una lista de verificación. Sí, esa que a todos nos parece tan trivial. La leo despacio. Algo tan tonto como no haber comprobado el combustible puede convertir un agradable paseo en una pesadilla en cuestión de minutos. Sí, los ángeles existen y se van a jugar el pellejo por salvar el tuyo de tonto. Vuelvo a leer la lista de verificación. La siguiente vez que salga a la mar me la miraré de otra manera.

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