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ACERCA DE YATES Y OTRAS HISTORIAS

  • Náutica de recreo

EDUARD BOADA 30/10/2012

Blog: "Viento relativo"

Es cierto que los escasos, pero imponentes, mega yates que atracan en la Marina Port Tarraco, en Tarragona, suelen acaparar todas las miradas. En el año 2008 fueron el ATHENA, propiedad del fundador de Netscape, James H. Clark, y sobre todo el DILBAR del uzbeco Alisher Usmanov.

Desde entonces, con cierta cadencia, lujosos yates han ido ocupando algunos de los 115 amarres de Marina Port Tarraco. Pero sin duda, el yate más espectacular en lo que a coste y lujo se refiere es el KATARA, propiedad de la familia real qatarí, que recala en Tarragona desde 2010, el mismo año de su botadura.

A día de hoy, a falta del KATARA, son muchas las pupilas que se fijan en el VAVA II, que le costó al suizo Ernesto Bertarelli la friolera de 115 millones de Euros, unos 135 millones de Euros más barato que el yate real qatarí, cuyo valor ronda los 250 millones.

De hecho, en la última edición del Salón Náutico de Barcelona se habló mucho de la crisis que afecta al sector, pero esto parece que no va con fortunas como las de Qatar. Fue una empresa de este país, Qatari Diar, la que en julio de 2011 adquirió la Marina Port Tarraco a los herederos de Luis García Cereceda por 64 millones de euros, no sin algún percance previo, como la orden judicial, finalmente sin efecto, de derruir los modernos edificios construidos para albergar oficinas y comercios. Unos edificios que se supone algún día darán mayor vida a un espacio hoy demasiado tranquilo…

En octubre del año pasado se esperaba que tras el KATARA llegara una flotilla de una trentena de yates de lujo que nunca amarró en Tarragona. Cosas que pasan.

Pero si en esta ocasión hablo de yates y de Marina Tarraco es para aclarar una cosa. Como en cuestión de gustos dicen que no hay nada escrito, quiero mostrar mi predilección por un yate que sinceramente me atrae más que todos estos que acabo de citar, y que de nuevo vuelve a estar atracado en Tarragona: el NAHLIN. Desde hace tres años, el NAHLIN se ha vuelto una embarcación habitual en el Port de Taragona, al menos durante algunos periodos, contados, en los cuales este histórico yate con chimenea y dos palos aprovecha para llevar a cabo la siempre necesaria puesta a punto. Por cierto, que el NAHLIN ostenta un original  mascarón de proa que representa a un caudillo indio/americano ataviado para la guerra con las correspondientes plumas; y es que la palabra nahlin significa "barco bandera" en uno de los idiomas de las naciones originarias de Norteamérica.

El NAHLIN inicialmente fue propiedad de Annie Henrietta Yule, considerada una de las mujeres más ricas del Reino Unido. Anne Henrietta lo hizo construir en 1929 y fue botado en 1930. Por sus dimensiones, en la época era uno de los yates de crucero más espectaculares y uno de los tres últimos grandes barcos a vapor construidos en el Reino Unido. En 1936 el rey británico Eduardo VIII alquiló el NAHLIN y vivió a bordo la historia de amor con quien más tarde fue duquesa de Windsord, Wallis Simpson. Eduardo VIII abdicó a raíz de la crisis que motivó su relación con Wallis Simpson, y justamente después emprendió un crucero romántico a bordo de este barco por las islas griegas.

En 1937 la familia real rumana lo compró y pasó a llamarse LUCEAFÂRUL, que significa estrella. En 1938, el entonces LUCEAFÂRUL alojó un encuentro entre el rey Carol II de Rumanía y los ministros polaco y rumano de asuntos extranjeros.

Finiquitada la monarquía en Rumanía el barco pasó a manos del Ministerio de Cultura rumano con el nombre de LIBERTATEA y fue la sede de un museo en torno a la construcción de los yates de vela para posteriormente convertirse en un restaurante flotante sobre el Danubio.

En 1988 William Collier y Nicholas Edmiston emprenden la tarea de rescatar el emblemático NAHLIN, que se encontraba en mal estado de conservación. Debido al colapso del régimen comunista, el yate fue privatizado, recuperando su origen. Fue rebautizado con su nombre original y registrado en el puerto de Glasgow. En 2005 se comenzó el proceso de restauración, que duraría cinco años. Y a partir de aquí lo dicho… que desde hace tres años en Tarragona podemos saborearlo mientras damos un paseo por el Moll de Costa… si tenemos suerte y coincidimos durante uno de los periodos en los que el NAHLIN recala en la ciudad dónde, como dijo el emperador Adriano, la primavera es eterna.

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