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ABANDONO DE BUQUE REAL A BORDO DEL 'JJ SISTER", DE LA COMPAÑÍA TRASMEDITERRÁNEA

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NAUCHERglobal, Ricardo Enebros 16/10/2017

Todo el mundo interesado sabe que los planes de evacuación de un buque de pasaje con más de mil pasajeros están redactados con un encadenado de ficciones cuyo resultado final es mentira. No hay forma de evacuar el buque con seguridad en los 30 minutos que exige el Convenio para la Seguridad de la Vida Humana en la Mar (conocido por las siglas inglesas SOLAS). Y sin embargo, todos los buques de pasaje, incluidos esos grandes cruceros capaces de albergar a tres, cuatro, cinco o seis mil cruceristas, llevan a bordo un certificado firmado y sellado que garantiza que ante una emergencia el buque puede ser evacuado en treinta minutos. Una ficción.

Digamos que hasta mil pasajeros -el número puede oscilar arriba o abajo en función de la experiencia de la tripulación y la calidad de los medios a bordo- no es imposible organizar el abandono del buque en treinta minutos. Los certificados que garantizan que los buques de crucero disponen de un cuadro orgánico que permite la evacuación segura de varios miles de personas en media hora han sido redactados partiendo de algoritmos teóricos construidos con ingredientes irreales. Las navieras se cuidan muy bien de intentar realizar un simulacro real aun con la mitad o un tercio de los cruceristas que el buque puede transportar.

Tampoco los buques de pasaje, más modestos, suelen realizar ejercicios reales para demostrar la veracidad de los certificados. No por temor a que el ejercicio demostrara la imposibilidad real de mover a quinientas o mil personas por el laberinto de cubiertas y pasillos que constituyen un buque de pasaje, sino por la simple dificultad de reunir a tantas personas. Pensar en un ejercicio con los pasajeros reales a bordo resulta literalmente imposible.

Sin embargo, la compañía Trasmediterránea, la centenaria empresa que todos los puertos de España conocen, ha tenido el coraje de realizar un ejercicio de abandono de buque real. Ha sido en Barcelona, a bordo del buque J J SISTER, 151 metros de eslora, 26 de manga, matriculado en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria. A través de la Facultad de Náutica, se anunció en toda la Universidad Politécnica de Cataluña la invitación a profesores y alumnos para participar como voluntarios en el ejercicio de abandono de buque. Se apuntaron algo más de 800, aunque en verdad, a la hora convenida, se presentaron 483 personas. Los tripulantes distribuyeron esos casi quinientos pasajeros en diferentes camarotes y salas de butacas. Y a las 11 de la mañana del 16 de octubre de 2017, con la presencia del capitán marítimo de Barcelona y cuatro inspectores marítimos (tres ingenieros navales y un capitán de la marina mercante) se puso en marcha el ejercicio. Sonaron las alarmas. El capitán del J J SISTER, Francisco Campoy, advirtió por megafonía a pasajeros y tripulantes que debido a una emergencia había que abandonar el buque. Cada pasajero debía acudir con su chaleco salvavidas puesto al lugar de reunión indicado en el camarote o atender las indicaciones de la tripulación. Los pasajeros en butaca disponían de chalecos en los lugares de reunión. Había cinco lugares de reunión, numerados con letras de la A a la E; y seis puestos de embarque, cuatro de ellos con bote salvavidas y dos con grupos de balsas.

Sólo era un ejercicio y con personas voluntarias, de modo que todo salió tal como estaba previsto, para satisfacción de la dotación del buque y de los funcionarios de la Administración marítima. En menos de media hora todos los pasajeros, con los tripulantes correspondientes, se hallaban en su lugar de embarque con los chalecos salvavidas. Fin del ejercicio.

Pero aún en estas condiciones, todas favorables, los presentes en el ejercicio pudimos comprobar la enorme dificultad de gestionar el movimiento de tantas personas. Unas se despistaban en el camino; otras se entretenían haciendo fotos con el móvil o hablando con alguien. Unas tenían dificultades para caminar con presteza; otras no habían entendido bien las órdenes impartidas por los altavoces y se presentaban sin el chaleco salvavidas.

Imaginemos lo que es una evacuación real. Recordemos, por ejemplo, el naufragio del COSTA CONCORDIA. Miles de personas que hablan una multitud de idiomas y que apenas entienden el inglés, lengua franca de la mar; algunas personas de edad muy avanzada, o criaturas de corta edad, con serias deficiencias auditivas o/y de movilidad; personas con pocos escrúpulos que bloquean las escalas haciendo fotos o filmando el pánico del momento. Y no hablemos de la tripulación, la mayoría personal “hotelero” con escasa experiencia marinera, algunos de ellos tan asustados o más que los propios pasajeros… En fin.  

En el caso del JJ SISTER, de la Compañía Trasmediterránea, la tripulación dio pruebas de estar bien entrenada para resolver satisfactoriamente los problemas que iban surgiendo. Y con toda seguridad, todos ellos estarán mejor preparados si alguna vez han de enfrentarse con una emergencia real. Al menos una parte de las situaciones que han de resolver ya sabrán como afrontarlas. A eso se le llama mejorar la seguridad, de verdad, aunque el esfuerzo que ha tenido que hacer la naviera ha sido más que considerable.

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