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A CIEN DIAS DEL SINIESTRO DEL PESQUERO RUSO 'OLEG NAYDENOV'

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JUAN ZAMORA 19/07/2015

Blog: "El barógrafo"

Han transcurrido (casi) 100 días desde que el 13 de abril se hundiera al sur de Gran Canaria el pesquero factoría ruso OLEG NAYDENOV a causa de la escora y los daños estructurales sufridos por el incendio que se desató en la sala de máquinas, hacía el mediodía del 11 de abril, atracado en el puerto de Las Palmas y presto para salir a faenar. Aunque el accidente ha merecido un amplio tratamiento en NAUCHERglobal, considero pertinente insistir en algunos extremos del siniestro y aumentar la luz sobre otros que no están del todo aclarados o sobre los que existe todavía una sombra que oscurece su comprensión.

El siniestro del OLEG NAYDENOV tiene dos partes bien diferenciadas. La primera comprende el incendio en la sala de máquinas, cuyo origen está aún por determinar, y las medidas que se tomaron para sofocarlo y para gestionar los riesgos que suponía para la población, para otros buques y para el propio puerto. Algunas opiniones autorizadas (Louzán, Herrero y Larrea, por ejemplo) han dejado escrito que no fue adecuado el ataque al fuego, que debió realizarse con espumógeno y no con agua, y que la decisión de sacar el barco de puerto no fue la mejor posible. Sobre esas opiniones, voces menos autorizadas o directamente insensatas han salpicado los medios de comunicación y las redes sociales con opiniones disparatadas, grotescas o delirantes. Que si hemos repetido lo del PRESTIGE, que si las autoridades marítimas han querido hundir el barco, que si el alcalde de la ciudad fue en última instancia quien manejó el siniestro atendiendo a sus intereses electorales... Opiniones sin lógica, cargadas de ignorancia y desinformación.

Las decisiones para gestionar un accidente marítimo son siempre discutibles, pues los profesionales han de actuar con los medios disponibles y valorando los múltiples riesgos en presencia. No siempre se cuenta con los materiales, las personas o los medios idóneos. Y el análisis de los riesgos y de las eventuales consecuencias de cada decisión que pudiera tomarse exige una experiencia y una preparación sólo posible en un equipo de técnicos con diversas especialidades. Aún así, los criterios de valoración siempre podrán ser discutibles a posteriori. Lo que le pedimos a los profesionales encargados de gestionar una emergencia marítima es que actúen con fundamento, utilizando todos los medios a su alcance y decidiendo la opción razonablemente menos mala, a priori, por supuesto.

A mi juicio, lo reitero una vez más, las decisiones de los profesionales de la Capitanía Marítima de Las Palmas y de la Dirección General de la Marina Mercante cumplieron con creces esas exigencias. Optaron por sacar el buque de puerto tras valorar todos los riesgos y todas las alternativas. Tan sencillo como alejar de las personas y los bienes la fuente de peligro, como se hace cuando hay una amenaza de bomba o un incendio forestal. Y Decidieron llevar el buque con unos rumbos determinados, los más adecuados, sin duda, a tenor de la meteorología, la oceanografía y los riesgos que el OLEG NAYDENOV portaba a causa del incendio.

¿Pudo una tripulación bien preparada atajar el incendio en origen? Tal vez sí. ¿Debió utilizarse espumógeno? Seguramente, aunque no sabemos si estaba disponible. ¿Debió dejarse el buque en puerto hasta que el incendio se consumiera? Rotundamente no. Demasiados riesgos y demasiado costosos: explosión, humo tóxico, contaminación masiva de las aguas portuarias, suspensión de la actividad del puerto, etc.

Naufragado el pesquero factoría en un zona con sondas de 2.600-2.700 metros, vientos dominantes y corrientes que apuntan hacia el oeste sudoeste, es decir hacia la inmensidad del Atlántico, lo razonable y sensato hubiera sido montar un sencillo operativo de vigilancia para controlar la eventual contaminación que pudiera aflorar y dejar que la naturaleza hiciera el resto. Así es como se ha actuado siempre y como siguen actuando los países más avanzados. Rescatar el buque o descontaminarlo supondría un coste económico tan desproporcionado que está fuera de razón siquiera plantearlo.

Pero aquí somos diferentes. La segunda parte del siniestro constituye un monumento a la prevaricación, a la estupidez y a la estulticia. Vamos a gastar entre 80 y 120 millones de euros, un fortunón, para recoger, si llega, unos 1.000 kilos de fuel y tratar una docena de aves y cuatro tortugas marinas como si fueran jeques árabes. Consta que a una tortuga se le practicó de inmediato una fastuosa colonoscopia cuando a cualquier ciudadano le hacen esperar meses y meses para operarle. Los medios aéreos, los barcos y embarcaciones movilizados para hacer bulto, eficacia prácticamente cero, ya han contaminado mucho más que el malhahado pesquero factoría ruso.

¿A quien se le ha ocurrido montar ese circo? Que sepamos, la atrocidad de extraer el fuel almacenado en los tanques del OLEG NAYDENOV se debe a la voluntad y el capricho de la ministra de Fomento, Ana Pastor, espoleada al parecer por los cruzados del ecologismo ramplón, unos talibanes que auguran cada día el caos planetario para obtener de ese miedo dinero abundante para sus chiringuitos. La voluntad de la ministra pudiera estar basada en un pensamiento alicorto y vil: en las próximas elecciones podré sacar pecho arrojando sobre mis enemigos políticos la historia de mi admirable intervención en el accidente del pesquero ruso, pues yo, señorías, me fajo con los problemas del país, ¡yo me fajo! y todo eso, y bla bla.

Ningún profesional decente avalaría la necedad de la ministra, como ningún profesional decente avaló el aeropuerto peatonal de Castellón, capricho de un abuelo delincuente, hoy en prisión, o el despilfarro del AVE.

Lo más triste y paradójico del caso es que la Fiscalía ha actuado contra la autoridad marítima, que se ha visto obligada a redactar varios informes y contestar diversos requerimientos judiciales, como si el fortunón dilapidado por la ministra pudiera ser imputado a la gestión del accidente marítimo. En esa iniquidad tiene el colegio profesional que dice representar a los marinos una oportunidad para demostrar su valor, presentando una denuncia contra la ministra por malversación de caudales públicos, quizás prevaricación y, sin duda, mal uso de su autoridad al ordenar un gasto inútil cuando el país se desangra por los recortes.

Y lo mismo podríamos decir de la Ciaim, la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos, a la que supongo investigando el siniestro. ¿Se quedarán en la historia de la actuación de la autoridad marítima, hasta que el buque naufraga, o investigarán el total del siniestro, es decir la gestión del incendio y la delictiva voluntad de la ministra tirando a la basura el dinero público? Preguntas retóricas, pues de la Ciaim actual lo único que cabe esperar es una mezquina colleja a quienes con profesionalidad y acierto gestionaron el caso del incendio y posterior naufragio del OLEG NAYDENOV.

 

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